Un paso atrás en la marcha


Slow down

Vivimos en tiempos que se suceden a una velocidad vertiginosa. Grandes superficies, rapidez y consumo. Sobre todo consumo. Bombardeo de ingentes cantidades de información, encapsuladas en pequeños titulares fácilmente digeribles para evitar que nos explote la cabeza. Inmediatez carente de reflexión, usar y tirar o en este caso leer y olvidar.

Mientras el periodismo parece condenado a desaparecer, es precisamente su decadencia la que lo reaviva. En un mundo de mensajes cortos y titulares ansiamos de nuevo la reflexión sosegada, la contextualización, el análisis. Corremos por las calles de nuestras ciudades mientras dejamos de ver lo que les da vida.

Comida rápida engullida sin apenas masticar. Podríamos sustituir las hamburguesas por pastillas y no nos daríamos cuenta siquiera. En la era de la información, con tantos medios para ver el mundo, nos olvidamos de él. Perdidos, con la mirada clavada en las pantallas, empeñados en consumir el mundo sin vivirlo, presenciarlo…, sentirlo.

Es en este mundo, en el que no dejamos de ganar peso a pesar de correr sin parar, en el que algunos hacemos precisamente esto último. Nos paramos. Abrimos los ojos en un deseo por volver a ver todo aquello que nos hemos estado perdiendo. Y en ese mundo el periodismo, el de calidad, es importante, tiene sentido y es necesario.

También tiene sentido la cocina elaborada, aunque tengamos que esperar por el plato, el pequeño comercio, la tienda del barrio y el mercado, la investigación seria, la reflexión serena, la huída de los titulares sensacionalistas y el acercamiento a los contenidos de calidad. En definitiva, tomarse el tiempo que requiere experimentar la vida.

Las máquinas cada vez trabajan a mayor velocidad, pero las personas no debemos aspirar a ser máquinas, porque perderíamos precisamente la humanidad.

Foto | Vitadelia

El futuro de la industria del entretenimiento


Piratas

Con el revuelo generado por la Ley Sinde, últimamente se ha hablado mucho de las descargas de contenido audiovisual a través de internet y de la problemática que se genera a causa de las descargas por vías alternativas a las deseadas por las grandes compañías del entretenimiento.

Hay muchos artículos, algunos muy interesantes (estos dos por fin cuentan con el análisis de sociólogos), sobre el porqué de las descargas. Frecuentemente los defensores de estas acusan a las discográficas, cadenas de televisión y a la industria filmográfica de retrógrados, de querer mantener un sistema obsoleto y de que deben buscar un nuevo modelo de negocio. Pero, en la mayoría de los casos que me he encontrado, nadie da una idea de cómo debería ser el nuevo paradigma de la industria del entretenimiento. Por eso expondré un modelo en el que he estado pensando algún tiempo, no será perfecto, no agradará a todos, pero por lo menos estaré dando ideas acerca de lo que se podría hacer y quizá pueda servir para generar un debate acerca de esta cuestión.

Streaming y descargas

No es una gran revelación afirmar que el consumo de material audiovisual a través de la red crece exponencialmente. Música, series, películas, libros, todo se está consumiendo de manera digital a través de internet. Unas cosas más que otras, pero parece evidente que el futuro va por esta vía. Dar la espalda al streaming y a las descargas supondrá cavarse su propia tumba. No significa que no haya personas que aún disfruten consumiendo cultura en formatos físicos, pero la tendencia parece estar clara, además es una manera de abaratar los costes de una manera considerable. No es igual de costoso imprimir y grabar libros, cds, dvds, blu-rays, etc., distribuirlos por todo el mundo y esperar que tengan éxito en el mercado; que distribuirlos digitalmente por internet, donde el público potencial es mucho mayor, el coste de hacerles llegar la mercancía es mucho más bajo y se hacen innecesarios los soportes físicos.

El streaming y las descargas deben coexistir. No siempre podremos acceder a la red y por tanto al streaming, de ahí la necesidad de que sea posible descargar, con el fin de poder disfrutar de  nuestras películas, series, libros, etc., en cualquier momento y lugar.

Universalidad

Una razón importante por la que muchas personas recurren a las descargas es por las limitaciones geográficas. En la era de internet y la globalización no tiene ningún sentido que una serie rodada en un país determinado llegue al resto con meses de retraso, si es que llega. Tampoco tiene sentido que si la compañía distribuidora de dicha serie la pone a disposición de los consumidores en la red en su web oficial restrinja el acceso a todos aquellos que se encuentren fuera de determinada frontera. Series, películas, libros, música debe ser accesible en todo el mundo y a la misma vez. Una vez más, es una ventaja, los potenciales consumidores se multiplican de manera impresionante.

Precios razonables

Tal y como expuse antes, lo que no puede ser, dado el abaratamiento de la producción y distribución es que pretendan que paguemos el mismo precio, o incluso superior, por los productos distribuídos digitalmente que por los físicos. No puede costar lo mismo un libro digital que uno impreso, ni puede ser más barato alquilar películas en el videoclub que hacerlo en iTunes, el precio claramente debe ser más bajo.

El modelo Spotify parece una manera interesante de abordar el consumo musical, e incluso podría aplicarse al vídeo. En cierta manera no sería otra cosa que la televisión de pago no esté haciendo ya. Por unos veinte euros al mes podemos contar con un montón de canales de televisión que emiten un sinfín de series y películas, se podría hacer lo mismo con el contenido audiovisual por internet. Pagar una cuota mediante la cual tengas acceso a una gran biblioteca audiovisual, de películas, series, etc.

También se puede hacer uso del modelo de cuentas premium, con lo que el material esté disponible para cualquiera con restricciones, las cuales quedan anuladas para los que paguen por ello.

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Escépticos, televisión de calidad


Escépticos

Televisión de calidad en la actualidad parece un oxímoron, sobre todo cuando uno sintoniza Telecinco y al resto de hijos bastardos de Paolo Vasile. La televisión, ese medio rebosante de colorido y malas formas en que se ha convertido (quizá siempre lo fue, menos por el color) es también la niñera de muchos seres que desde una tierna edad ya saben más sobre Belén Esteban que sobre cualquier descubrimiento o hallazgo científico.

Por eso sorprende, cuando no debería ser una sorpresa, cuando alguna cadena se “atreve” a emitir un programa que se salga de la dinámica de mostrar a personas mal habladas, incultas y manifiestamente idiotas gritarse e insultarse en lo que converge en un crescendo de lo absurdo.

Por eso, más que nunca, es una alegría poder ver un programa que además de entretener, cosa que hace muy bien, nos ofrece información interesante y la transmite de una manera divertida. Además, da a conocer a esas personas que en la actualidad parecen haber quedado relegados a un puesto de parias sociales, de “comeorejas“, esas personas que intentan explicar el mundo a una masa que parece no tener ningún interés por conocerlo. Quizá, pueda ser un paso (junto a otras escasas propuestas) para que en un futuro tengamos un panorama televisivo diferente.

http://blip.tv/play/AYKY8kAC

Vía | Mi mesa cojea

Punset y la Ley Sinde


No hace falta que digamos nada de la “Ley Sinde“. Se ha hablado de ella hasta la saciedad, no por criticar en exceso sino por lo lamentable que se hace tener siquiera que hablar de esta propuesta tan descabellada.

Desgraciadamente a quienes detentan el poder, incluso en países que se enorgullecen de considerarse democráticos, la libertad no les hace demasiada gracia. La libertad conlleva una pérdida de control y esto no gusta a los primeros, pues sienten que pierden una parte del mismo.

Internet es ese bastión que todos ansían controlar desesperadamente. Y mientras Ángeles González-Sinde hace malabarismos retóricos para dar a luz a un aborto, Eduard Punset pone las cartas sobre la mesa y expone una petición coherente y sensata entre tanta incoherencia.

«Estas ansias de impulsarla [la publicidad y otros servicios en la red] creará en algunos de nosotros la tentación de controlarla. Y hemos intentado controlar primero a las mujeres, luego a los hijos, […], y nos pasa lo mismo con los animales. Yo espero que no nos pase lo mismo con internet.»
– Eduard Punset, enseñando a Sinde a pensar en el bien general en menos de 3 minutos.

«Estas ansias de impulsarla [la publicidad y otros servicios en la red] creará en algunos de nosotros la tentación de controlarla. Y hemos intentado controlar primero a las mujeres, luego a los hijos, […], y nos pasa lo mismo con los animales. Yo espero que no nos pase lo mismo con internet.»

Eduard Punset, enseñando a Sinde a pensar en el bien general en menos de 3 minutos.

Nostalgia


Es curioso el tipo que cosas que disparan en nosotros un sentimiento de nostalgia. Hoy mientras zapeaba me topé con Space Jam, la película en la que se funden Michael Jordan y los Looney Tunes y con ella me han invadido los recuerdos.

Con solo veintiséis años y ya hablo de personas irrelevantes para muchos que son más jóvenes que yo. Hay gente que nunca ha visto volar a Jordan o que no se interesan por el extraterrestre moonwalker de Michael Jackson, por poner unos pocos ejemplos. Y es normal, el tiempo corre a toda prisa y las cosas cambian.

Sin embargo me doy cuenta de que se hace raro darse cuenta de que mientras yo trasnochaba para ver jugar a uno de los jugadores más grandes de la historia, hoy ya hay personas que no les interesa lo más mínimo. Me doy cuenta de lo efímera que es la historia y a su vez de la importancia que tiene.

Hay quienes al pensar en Michael Jackson solo recuerdan excentricidades, no conocieron su grandeza musical, no reconocen el papel de su genio y excelencia para toda la música y lo que la rodea tal y como la conocemos hoy en día.

Somos como las anillas de un árbol, como el hielo de los polos, todos y cada uno de nosotros contamos tanto de la historia, todos hemos sido testigos desde ángulos tan diversos y en momentos diferentes. Por ello me apena que se pierdan tantas historias cuando la gente muere. Se pierden tantos matices, tantas realidades diferentes. Aunque se conserva mucho, hoy en día podemos conocer mucho del pasado, y en el futuro habrá muchas pruebas de nuestros tiempos, siempre  faltará tanto por conocer.

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Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet


Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

Ingratitud


Hacía ya bastante que no escribía nada de poesía, sin embargo el otro día fluyeron las palabras y este es el resultado:

Suelo defecar sobre las tumbas de lo sagrado,
letrado para el desagrado de los ineptos,
invierto conceptos dando significado al conjunto.

Alzo la voz con una rabia innata,
maldigo lo establecido por incoherente,
se me colará alguna errata,
pero se que es ingrata la actitud a lo diferente.

Vivimos entre sollozos,
esbozos de la ingratitud,
porque no valoramos lo que tenemos
hasta que lo perdemos.

Añoro la propia esencia de la perfección,
aunque la siento demasiado inaccesible
pues aprendo la lección sobre la marcha,
mientras se derrite la escarcha que cubría mi corazón.

Doy gracias por los pequeños detalles
mientras camino por calles mudas
desnudas de significado
ignorado por falta de consideración.

Nunca tendré toda la razón,
maniatado por mi propia ignorancia,
pero con perseverancia se asegura el aprendizaje.