Spotify, una lucha de poder


Spotify

Después de muchos años recurriendo a la descarga de música en formato mp3, generalmente a través de redes P2P, llegó lo que pronto se convertiría en toda una revolución dentro de la red, tanto que incluso está cambiando la forma de consumir música por parte de los internautas, está claro que hablo de Spotify.

Supongo que a todos nos entusiasmó la idea de poder escuchar de forma gratuita un inmenso catálogo musical, sin vernos además obligados a almacenar toda esa música en el disco duro. Spotify es realmente cómodo, busco lo que quiero escuchar y ya está, no tengo que esperar a que se descargue, no tengo que almacenarlo en mi disco duro…

Y aunque creo que Spotify seguramente se convierta en un sistema cada vez más difundido, por lo práctico que es, supone que perdemos en gran medida el poder sobre la música. Mientras las luchas contra el DRM han hecho que iTunes finalmente venda canciones sin este mecanismos, y por tanto el comprador realmente pueda hacer con el producto “lo que le plazca”, el sistema Spotify nos expone totalmente a los deseos de las discográficas.

Casos como el reciente borrado de algunas obras compradas por algunos poseedores del Kindle, muestran que con sistemas de este tipo estamos expuestos y perdemos el poder frente a los tiranos actuales.

Spotify además supone, al menos de momento, el mantenimiento de regulaciones tan absurdas en un mundo interconectado como las limitaciones regionales, además de que genera una dependencia de un único sistema. Ya que el otro día hablamos de los sistemas distribuidos, queda patente la problemática que deriva de ello. Es cierto que Spotify utiliza el sistema P2P para agilizar la escucha de la música y evitar así una sobrecarga a sus servidores, pero si deciden borrar una canción o disco, ya no lo podremos escuchar.

De momento, y digo de momento porque las cosas siempre pueden cambiar, pero actualmente me parece que Spotify es la victoria de las discográficas, las cuales recuperan el poder y se ocultan tras un sistema que todos alabamos, sobre el cual arrojamos elogios, obviando el hecho de que es un lobo disfrazado con una piel de cordero.

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3 pensamientos en “Spotify, una lucha de poder

  1. Yo la verdad es que solicité una cuenta de Spotify hace meses y me la concedieron, pero no he llegado a entrar nunca. Llámame tradicionalista, pero prefiero seguir bajándome la música (vía Emule principalmente), y después, si vale la pena, me paso los discos a formato físico (el típico CD, vamos).

    He probado otros métodos, pero mi cabeza se niega a reconocer algo como “música” hasta que no lo tengo grabado y puedo ver los títulos y la duración de las canciones.

    Ah, y prefiero escuchar 10 veces un buen disco a escuchar sólo una vez 10 buenos discos. Al fin y al cabo la música está para emocionarnos, y no para que corramos como posesos tras de ella, intentando acumular o escuchar el máximo posible, ¿no?

  2. Genial el post Andrej, se me había colado si leerlo. Hay gente que ya habla de estas cosas hace tiempo. Dice el viejo axioma ciberpunk: “Bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder”.

    Y eso queda claro bajo el modelo Spotify como tu mismo lo comentas. Hay un proveedor de contenidos que nos permite escuchar lo que el considera en base a unos criterios que él determina. No hay libertad en ese modelo, como no lo suele haber en los modelos centralizados o como la hay de manera muy limitada en los modelos descentralizados.

    El éxito de la red está en ser un sistema distribuido. Todos somos emisores y receptores, nadie tiene por qué filtrar los contenidos que recibimos ni determinar los criterios en base a los que los recibimos. Eso se aplica así hablemos de música, de noticias o de cualquier otro tipo de información. Esta idea tan sencilla es en base a la que se está jugando el futuro de la libertad en la Red y por extensión, de las personas.

  3. Gracias Sergio, me ha gustado también mucho tu comentario, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, y considero que es una cuestión bastante importante precisamente porque es el terreno en el que se disputa el futuro de la libertad.

    Por cierto, me gusta mucho el axioma ciberpunk, es una gran verdad.

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