Un paso atrás en la marcha


Slow down

Vivimos en tiempos que se suceden a una velocidad vertiginosa. Grandes superficies, rapidez y consumo. Sobre todo consumo. Bombardeo de ingentes cantidades de información, encapsuladas en pequeños titulares fácilmente digeribles para evitar que nos explote la cabeza. Inmediatez carente de reflexión, usar y tirar o en este caso leer y olvidar.

Mientras el periodismo parece condenado a desaparecer, es precisamente su decadencia la que lo reaviva. En un mundo de mensajes cortos y titulares ansiamos de nuevo la reflexión sosegada, la contextualización, el análisis. Corremos por las calles de nuestras ciudades mientras dejamos de ver lo que les da vida.

Comida rápida engullida sin apenas masticar. Podríamos sustituir las hamburguesas por pastillas y no nos daríamos cuenta siquiera. En la era de la información, con tantos medios para ver el mundo, nos olvidamos de él. Perdidos, con la mirada clavada en las pantallas, empeñados en consumir el mundo sin vivirlo, presenciarlo…, sentirlo.

Es en este mundo, en el que no dejamos de ganar peso a pesar de correr sin parar, en el que algunos hacemos precisamente esto último. Nos paramos. Abrimos los ojos en un deseo por volver a ver todo aquello que nos hemos estado perdiendo. Y en ese mundo el periodismo, el de calidad, es importante, tiene sentido y es necesario.

También tiene sentido la cocina elaborada, aunque tengamos que esperar por el plato, el pequeño comercio, la tienda del barrio y el mercado, la investigación seria, la reflexión serena, la huída de los titulares sensacionalistas y el acercamiento a los contenidos de calidad. En definitiva, tomarse el tiempo que requiere experimentar la vida.

Las máquinas cada vez trabajan a mayor velocidad, pero las personas no debemos aspirar a ser máquinas, porque perderíamos precisamente la humanidad.

Foto | Vitadelia

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El nuevo periodismo en iCities


La mesa redonda sobre Periodismo 2.0 en el iCities fue particularmente polémica y se generó bastante debate en torno a ella. Una cosa quedó clara, y es que el modelo actual de periodismo está en declive y atraviesa una crisis profunda. Esto no es una novedad, ya hemos sido testigos del cierre de varios periódicos, pero algunas de las aportaciones de los ponentes fueron muy interesantes puesto que expusieron datos que evidenciaban lo dura que es esta crisis y el efecto que está teniendo en los medios de comunicación. Aunque solo algunos medios se han visto obligados a cerrar sus puertas y a imprimir sus últimos artículos, muchos han recurrido a los despidos. Aquí en Tenerife tenemos un ejemplo de esto último, ya que trece personas perdieron su empleo cuando el periódico El Día decidió despedirles.

Sin lugar a dudas internet es un medio que brinda grandes oportunidades, pero los tiempos de cambio siempre son difíciles y buscar nuevos modelos de negocio, adaptarse e incluso ser visionarios en una revolución nunca es fácil. Los tiempos de cambio nunca son fáciles, para nadie. Por muy abiertos que estemos al cambio, siempre es difícil empezar a construir algo diferente, al final cuando está terminado lo miramos y no nos parece gran cosa, pero durante la construcción sudamos lo suyo.

Una de las cosas que a mi me molesta un poco del periodismo es su tendencia al sensacionalismo y al periodismo de titulares. No creo que esto haya llegado con la era de internet, porque sensacionalismo lo ha habido siempre, y que la gente lea solo los titulares también, pero tengo la sensación de que esto se ha agudizado. En cualquier caso me gustaría exponer la reflexión que me ha suscitado en este sentido el tema del periodismo 2.0.

Con internet llega la información en directo, podemos saber lo que está ocurriendo en la otra parte del mundo casi de forma inmediata. Evidentemente, informar en directo supone que no hay mucho tiempo ni para investigar ni para reflexionar, básicamente se pueden dar titulares y una información muy breve y poco detallada. Como bien se comentó en la mesa, también cabe señalar que gran parte de las noticias que aparecen en los medios son simples reproducciones de lo que exponen las agencias, pero sobre esto volveré un poco más adelante. La inmediatez es algo que valoramos en internet, y es lo que exigimos, queremos conocer los hechos en el mismo instante en el que ocurren, a la vez queremos la mayor cantidad de información posible, pero que esta sea de digestión fácil.

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Revisión de los datos de la manifestación


En una interesante reflexión sobre el número de asistentes a la manifestación en contra del Puerto de Granadilla, que se celebró ayer en Santa Cruz de Tenerife, se decantan más por unas cifras comprendidas entre los 13.800 y los 17.250 asistentes. Estos datos quedan bastante alejados de esa media que había considerado más representativa que los datos dados por polícia y organización. En cualquier caso, el número de personas no es lo único que cuenta, aunque claramente tenga una importancia considerable en eventos de este tipo.

Quisiera añadir una breve anotación relacionada con algo que comentan en el blog Al Golpito. Algo que me molesta mucho de las manifestaciones, es que hay demasiadas banderas. A lo que me refiero es a que muchas personas que pueden asistir a una manifestación, lo hacen porque no están de acuerdo con determinado hecho, en este caso por ejemplo el Puerto de Granadilla, ello no significa que sean nacionalistas, independentistas y demás, y tampoco partidarios de una facción política u otra, y al menos a mi no me gusta marchar por algo cuando un número de personas parecen desear dar a una manifestación un significado adcional el cual no solo no comparto, sino que incluso rechazo con vehemencia.

Si nos manifestamos en contra de una guerra, en contra de la construcción de un puerto o por una vivienda digna, ¿qué pintan ahí banderas nacionalistas, independentistas o de partidos políticos diversos? No pintan nada, porque puedes ser nacionalista o no, independentista o no, republicano o no, o perteneciente a cualquier partido político, entonces las banderas no representan a todos los que están allí presentes, y además no tienen sentido. Las únicas banderas, que en realidad no son tales sino pancartas, que tienen sentido son aquellas que con un mensaje remarcan la razón por lo que el grupo de personas aglomerado allí se manifiesta.

Foto | Mataparda

Ausencia, encuestas y datos estadísticos


Antes que nada disculpen estos días de ausencia, pero he estado esta última semana metido en el aeropuerto la mayor parte del día haciendo encuestas, y realmente me quedaban pocas energías para ponerme a escribir para el blog por la noche.

Hacer encuestas es un trabajo cansado, al menos a mi me lo parece. Tener que repetir constantemente lo mismo a lo largo del día, con la única diferencia que lo haces en varios idiomas diferentes, cansa. A ello hay que sumar que tratas con gente frecuentemente muy reacia a rellenar un cuestionario, a pesar de que sea anónimo, e incluso a gente realmente maleducada y desagradable.

Sin ser esto el resultado de un estudio estadístico bien fundamentado, simplemente apreciaciones fundamentadas en mi experiencia, puedo concluir que las personas más dispuestas a cooperar son los ingleses, realmente geniales, en un único vuelo puedes hacer un gran número de encuestas sin mayores complicaciones. En el lado opuesto, los alemanes, gente apretada donde la haya, la amargura se respira a metros de distancia del lugar en el que están congregados esperando embarcar. Desagradables, toscos, maleducados y carentes de unos mínimos de educación. Evidentemente esto es una generalización, en ambos grupos hay gente agradable y desagradable, pero la balanza se inclina bastante de la forma descrita con anterioridad.

Por cierto, y para los que se preguntan acerca de los españoles, pues decir que son un desastre. Al menos para quienes queremos pasarles unas encuestas ya que nunca están donde se espera que estén, en la puerta de embarque, un rato antes de que se efectúe el mismo, allí nunca hay nadie, o los que están son de cualquier parte del mundo menos de España. Allí te quedas con cara de pánfilo esperando a ver si aparece alguien por allí, pero no sucede, quizá una o dos personas, de las cuales a lo mejor una te rellena el cuestionario. Supongo que cualquiera que haya hecho encuestas en un aeropuerto se habrá desesperado con la desorganización española, ya que llegar cinco minutos antes de embarcar no te deja tiempo, a ti como encuestador, de hacer nada.

Sin duda es interesante ver que si existe un cierto comportamiento, no diría generalizado, pero si frecuente, que comparte un amplio número de las personas que vienen de un lugar geográfico similar. Y todos tienen lo suyo.

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Viejas barreras en un medio que las traspasa


Hace mucho tiempo indignado con un aspecto de nuestra realidad que para mi no tiene sentido. Vivimos en un mundo interconectado, sobre todo en el aspecto económico el neoliberalismo ha hecho todo lo posible por derrumbar las barreras geográficas y moverse por el mundo a su antojo. Así ocurre que las empresas desplazan sus fábricas a países en los que pueden explotar aún más a los trabajadores, el dinero fluye por el mundo como el aire y los problemas económicos generados en un lugar afectan al resto de países ya que son como un virus que viaja por las venas del capitalismo invadiendo todo el organismo.

En este mundo, hipócrita, mientras se genera esta interconexión, se mantienen algunas barreras que hace tiempo deberían de haber desaparecido. Si se bendice el libre mercado y se aúnan esfuerzos para llevar esta idea al extremo, por qué no se hace el mismo esfuerzo para que las personas puedan danzar por el mundo a su antojo y también lo pueda hacer la información, la cultura, el conocimiento… Es precisamente en este último aspecto en el que quiero centrarme en este caso.

Vivimos en la era de internet, hoy en día, gracias a esta herramienta, el mundo se hace más pequeño y nos es más fácil saber lo que ocurre en el lado opuesto del planeta. Aún así, por motivos que no termino de comprender, aunque intuyo que económicos, nos tropezamos con frecuencia con limitaciones geográficas en un medio que en realidad no entiende de estas.

Hace mucho tiempo que manifiesto mi descontento porque series, películas, música y demás se publican en el otro lado del charco en un momento determinado y pasan en ocasiones meses o incluso años hasta que nos llegan a nosotros, al menos por la vía que ellos quieren que usemos. Esta es una de las razones más importantes por las que recurro a los sistemas peer to peer. No quiero esperar meses o años para poder ver una película que en Estados Unidos ya está incluso en DVD. Sobre todo porque tampoco entiendo el razonamiento que podría tratar de explicar esta realidad. Y sobre todo en el caso de las películas el doblaje no puede ser una razón para ello, porque desde que se termina una película, hasta que ésta llega a los cines pasa bastante tiempo, tiempo en el que se podría doblarlas sin problemas, práctica que por otra parte no convence demasiado, pero eso es otra cuestión. Como generalmente me niego a esperar, con frecuencia descargo estas películas.

Se empiezan a desarrollar algunas ideas interesantes, y aparecen en la red proyectos que por fin parecen darse cuenta de que el mundo está cambiando, como Hulu y Spotify. Pero cuando uno empieza a ponerse contento descubre que se les ponen restricciones geográficas. Cierto que con algunos trucos se puede engañar al sistema, pero lo lamentable es que haya que recurrir a ellos.

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