Ascetismo liberador, una filosofía para la vida


Estampida de caballos

En nuestro tiempo, hemos convertido la satisfacción de los placeres en el fin íntegro de la vida y por tanto de nuestra existencia. Está bien, no creo que sea criticable que alguien quiera satisfacer sus placeres, entiendo que todos, o al menos la gran mayoría, ansiamos hacerlo con mayor o menor intensidad. Pero cuando se torna enfermizo es cuando comienzan los problemas. Y considero que es ahí donde nos encontramos ahora mismo, en ese punto que calificaría de trastorno, que nos perjudica profundamente.

A medida que avanza la historia en los países desarrollados, la capacidad de sufrimiento de las personas ha caído por debajo del umbral mínimo aceptable. Claro que en tiempos de bonanza el problema que ello acarrea podía pasar desapercibido, pero ahora que las personas ven nuevamente que la vida implica un alto componente de sufrimiento son muchos los que no lo soportan.

Todos conocemos, o incluso nosotros mismos somos, personas que ante cualquier adversidad reaccionan como si de una tragedia se tratase, en cualquier detalle que no salga según lo planeado encuentran un drama. Bajo mi punto de visto eso implica tener un problema, y serio además. Si en la vida no te acostumbras a las caídas, la vida será un largo camino agónico que terminará en una muerte triste como culminación al dramatismo de la misma. Por ese miedo a la muerte y al final de la vida y al sufrimiento que la misma acarrea, toda una masa de personas han abrazado el hedonismo más absoluto, creyendo hallar en él la solución a todo.

El ascetismo liberador no es, ni implica un dogma férreo de la negación de los placeres materiales o abstinencia. De hecho entender cualquier ideología de manera dogmática ya de por si es un error, porque ello implica la imposibilidad del derecho a réplica, y sin réplica el mundo se para. El ascetismo liberador por tanto tampoco es el conjunto de procedimientos y conductas de doctrina moral que se basa en la oposición sistemática al cumplimiento de necesidades, o no debe ser entendida de esta manera. El ascetismo liberador es la toma de consciencia de que la vida tiene un fuerte componente de sufrimiento, de dolor, en ocasiones físico, a veces psicológico y en el peor de los casos de los dos tipos. El ascetismo liberador por tanto incita a lidiar con ese dolor a diferencia del hedonismo, que en el fondo no es más que un símil del intento frustrado de mitigar el dolor con la bebida, y una vez pasado el efecto reaparece. Punto en el que queda patente la gravedad de la problemática.

Si huimos del dolor a través de la búsqueda del placer, no superamos el dolor, solo lo ocultamos detrás de una experiencia placentera, esto implica que para mantener dicho dolor oculto y que no vuelva a la superficie debemos enlazar una experiencia placentera con otra. Esto puede provocar resistencia, como el abuso de fármacos, y llega un punto que las experiencias van en un crescendo hacia un absurdo desmesurado por la necesidad de intensificar un placer que se desvanece por su reiteración constante. Es una cuestión dialéctica: apreciará una carcajada aquel que es capaz de llorar ríos de lágrimas. La carcajada constante que algunos tratan de practicar en su vida tiene como resultado el ser desposeída de la virtud de la misma, haciendo que sea un mero gesto sin la sensación reconfortante que, en circunstancias normales, la acompañan. Por ello el ascetismo liberador implica que el individuo abrace el dolor, no en el sentido de incentivarlo y retroalimentarlo, sino de lidiar con él.

En la vida hay momentos tristes, momentos felices y hay muchos momentos que no tienen ninguna carga emocional. Hay muchas cosas que tenemos que hacer por el simple hecho de existir y la necesidad de cubrir ciertas necesidades básicas, es algo que debemos asumir por nuestra condición de humanos. Un animal no se plantea el motivo por el cual debe ir a cazar, lo hace porque tiene un instinto de supervivencia que le hace desear satisfacer el hambre que siente. No tiene sentido plantearse el motivo de hechos inalterables. Lo que ha ocurrido, con el paso del tiempo y del creciente hedonismo masivo, es que los momentos tristes se han edulcorado a base de diluirlos, de ocultarlos o incluso de ignorarlos; los momentos felices por su parte se han visto afectados por estas prácticas y han perdido su fuerza, ahora, igual que los momentos tristes, son una vaguedad, un placebo que no produce más que una tímida sonrisa. Y los momentos sin carga emocional se han dotado de la misma, de manera que para muchos algo que antes ni se cuestionaba ahora se ha convertido en un drama. Seguramente este letargo sentimental que ha generado la dilución de las sensaciones ha provocado por otra parte el ansia de sentir en las personas, que en vez de romper con este ciclo han optado por dotar al sinsentido de emociones y así disfrutar o sufrir con aquellas cosas que a priori no tenían carga emocional alguna.

El ascetismo liberador por lo tanto no implica, como ya decíamos antes, la negación de los placeres, todo lo contrario, cuando se den las circunstancias para sentir placer, para reír, para disfrutar, hay que vivir esos momentos plenamente. Ahí radica la importancia del dolor y el sufrimiento, porque solo el que es capaz de soportar el dolor al que te expone la vida, podrá vivir con plenitud esos momentos felices. Conocer el dolor de verdad, haberlo sentido sin mediación, sin filtro, te otorga la consciencia de conocer los extremos a los que nos vemos sometidos, y solo así los momentos de felicidad pueden ser disfrutados plenamente y de manera consciente.

Dentro de la filosofía contemporánea destaca Michel Onfray como abierto proponente del hedonismo, quien manifiesta en una entrevista que «se cree que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Eso es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Yo propongo un hedonismo filosófico que es en gran medida lo contrario, del ser en vez del tener, que no pasa por el dinero, pero sí por una modificación del comportamiento. Lograr una presencia real en el mundo, y disfrutar jubilosamente de la existencia: oler mejor, gustar, escuchar mejor, no estar enojado con el cuerpo y considerar las pasiones y pulsiones como amigos y no como adversarios». Precisamente, el aspecto de disfrutar de la existencia, es algo que se alcanza gracias a esa balanza en los aspectos negativos y positivos que alberga la vida.

Con el ascetismo liberador se incentiva por tanto no convertir en drama algo que no tiene sentido que lo sea, no huir de aquello que realmente nos cause dolor sino lidiar con ello, hacer deporte, cuidar la alimentación, alejarte de las sustancias que nublan tu juicio y que precisamente están para aturdir la percepción y no vivir los momentos como son en realidad, sin mediación. Puede parecer sacrificado, y no nos engañemos, lo es, pero los frutos bien valen el trabajo duro de labrar la tierra, aquello que podría considerarse sacrificio, que es precisamente lo que hace que se convierta en una bendición.

Imagen | Imagenes y gráficos

La ceguera de la soberbia

Cita


Eugene Delacroix - Liberte guidant le peuple

Tu arrogancia es tan necia
como vacía es tu mirada.
Mides en posesiones,
resoplando con desprecio
ante la falta de tenencia.
El desposeído es indigno,
las expresiones de asco
revelan tus sentimientos.
La ceguera de la soberbia
nubla la vista del pudiente,
extasiado en su opulencia
olvida lo más importante,
aquello de lo que carece,
una sonrisa en su rostro
y un amor sin interés.

Imagen | Ralentir travaux

Revolución de las flores


Banksy flowers

Vivimos en un mundo de mierda. Tomando algo de distancia y tratando de ser objetivo llego a la misma conclusión. Hay cosas que son una mierda, como la muerte, sobre las que muchas veces no tenemos ningún tipo de control; pero hay otras tantas que hacen de este mundo un lugar de mierda y es por mérito propio. También tú, querido lector, haces que este mundo sea una mierda.

¿Pero saben qué? ¡Me da igual! Procedo de una estirpe de personas alegres, mis abuelos y mis padres: personas alegres, divertidas, optimistas… Además tuve la suerte de conocer a una de las personas más optimistas que pudiera haber en este mundo, mi padre. Este mundo de mierda nos lo arrebató demasiado pronto. Pero su ausencia alienta el deseo de recoger su testigo. De ahí mi esperanza, de ahí mi fuerza. Esta a veces se oculta tras un velo de lágrimas, pero que eso no les engañe, yo creo en el ser humano, creo en su potencial, y en su capacidad de limpiar este inodoro en el que algunos se empeñan en vivir.

En este mundo yo también elijo ser un salmón. Ustedes me ofrecen caras largas, yo responderé con una sonrisa. Ustedes corren por las calles cegados por el estrés, yo caminaré entre ustedes con absoluta calma. Ustedes disfrutan con la crítica, yo lo haré con el halago. Yo seguiré estrechando mi mano al que me ofrece sus puños. Ante la traición, el perdón y para el odio tengo mucho amor. Para la desesperación la paciencia, para la estupidez la reflexión, para la arrogancia la humildad, para la indiferencia la preocupación, para las mentiras las promesas y para los gritos el silencio. El apoyo ante la humillación, la valoración ante la subestimación y la colaboración ante la opresión. Las lágrimas se secan con risas y siempre estaré dispuesto a compartirlas.

En un mundo en el que un apretón de manos no significa nada, el compromiso se olvida al doblar la esquina, la amistad se mueve por intereses y las personas se sustituyen sin pestañear, lo verdaderamente revolucionario es recuperar el significado perdido. Lo valiente es plantarse en el mismo centro de toda la mierda y suprimir el deseo de saltar sobre ella salpicando a todo el mundo. Lo valiente es coger un cubo y cargarlo con mierda, llevártela poco a poco, hasta que la montaña de heces deje paso a la pradera y en esta vuelvan a crecer las flores.

Esa REVOLUCIÓN en realidad es algo muy sencillo y extremadamente complejo a la vez. Es sencillo porque simplemente se trata de desempolvar esas antiguallas que se ocultan bajo pilas, que exceden al alcance de la vista, de incitaciones al consumo. Incitaciones que han llevado a convertirlo todo en un producto de consumo, a dotarlo todo de una vida útil menguante. Consiste en recupera el valor de la amistad, de la lealtad, del respeto, de la honestidad… Recuperar aquello que se ha perdido o que en realidad siempre fue una utopía, y tratar de aplicarlo en tu vida diaria, en tu relación con las personas. Y es extremadamente complejo porque lo fácil es seguir la dinámica imperante, hacer lo cómodo que es responder a los estímulos con el mismo estímulo. La dificultad radica en aguantar los pisotones. Las personas pisan las flores. Cegados por su egocentrismo no son capaces de apreciar la belleza que el mundo coloca a sus pies, y pisan sin mirar. Llega a ser exasperante. Pero aún cuando hay momentos en los que se pierde la esperanza y se pierde la paciencia, lo revolucionario es recuperar las fuerzas necesarias y seguir sonriendo. Sonreír incluso a aquel que por su conducta podríamos pensar que no merecería estar en presencia de una cara amigable.

¿Y tú? ¿Te sumas a la revolución?

Copiando copias


Las risas se apagan con las luces. Solo queda un suelo pegajoso, un montón de botellas vacías y copas con hielo derretido. Un local vacío. Visto ahora parece impensable que un rato antes aquellas paredes contuviesen tanto barullo.

Los actores ya no son aquellas personas que se sitúan en el escenario, es el público el que actúa. Intérpretes de una falacia llamada vida. El actor se torna espontáneo y sincero, mientras el espectador estudia delante del espejo hasta su forma de sonreír.

Demasiados posados, poses, posturas, postureo. Vida… de photocall, convertida en show y, gracias a Facebook, en reality. Es el hedonismo llevado al extremo, pero interpretado a través de una acepción vacía del mismo. Se ha pasado de la búsqueda de la satisfacción de los deseos naturales y necesarios y los naturales e innecesarios a una sociedad obstinada únicamente con los deseos innaturales e innecesarios, aquellos sobre los que incluso Epicuro manifestó considerables inconvenientes.

El deseo incesante y descerebrado de alcanzar la popularidad es una nueva forma de esclavitud. Buenos ejemplos de ello son la moda y la cirugía estética. Con un paseo basta para descubrir que en las aceras confluyen copias de copias photoshopeadas, carentes de expresión en el rostro y con un aspecto caricaturesco, muy alejado de la belleza.

Las redes sociales se han convertido en un diario que cuenta una vida que el protagonista hace mucho que ha dejado de vivir. Cada paso debe ser documentado. Es inaceptable que no exista una prueba gráfica de haber estado en cualquier lugar y situación, por banal que sea. Se pierde así la vivencia por la preocupación de tener la foto, de poner la pose estudiada, la que convierte los álbumes en una colección que podría sustituirse por una figura de cera postrada sobre escenarios cambiantes que pueden generarse perfectamente con un croma. La vivencia sería exactamente la misma, ninguna.

Cada día parece más revolucionario tener ideas propias, decir lo que piensas sin miedo a lo que puedan pensar, a la manera en la que puedas ser juzgado por ello. Lamento que algo tan básico se haya convertido en un acto de rebeldía, cuando es precisamente lo que nos ha hecho avanzar. Por fortuna aún quedan bastantes personas dispuestas a la espontaneidad, a arriesgarse a quedar mal en una foto y a decir algo impopular si es lo que realmente piensan.

No dejes que te muerdan


Un día cualquiera. Madrid. Exposición de caras de estreñimiento en el metro. Vagones convertidos en contenedores de malhumor. A punto de estallar. Les miro. Me cuesta imaginar tanta carencia de ilusión. Ni una chispa de alegría. Lamentable.

Entiendo a Goya. Esta es la ‘Romería de San Isidro’. Rostros desencajados, carentes de luz. Y no es una cuestión de clase. Lleven mono o traje, las caras son intercambiables. Entre metros no pasan más de cinco minutos. El tiempo de espera es despreciable. Aún así, en cuanto se abren las puertas los túneles del metro acogen carreras de cien metros lisos. Codazos, pisotones, pelotones que se encuentran tratando de correr en direcciones opuestas. Más caras largas. Gritos, insultos. El campo de batalla de nuestros tiempos.

El malhumor se propaga. Es el equivalente a una amenaza zombie en el mundo real. No estarás a salvo en ninguna parte. A la vuelta de la esquina espera una horda de malhumorados dispuestos a joderte el día. Personas desprovistas de ilusiones. Incapaces de sonreír. Lo único que les proporciona una fugaz satisfacción es amargar a otros. Les fastidia ver su antítesis. No soportan que exista una sola persona mínimamente contenta. Huelen la alegría, como un perro el miedo, y atacan con voracidad.

¿Aún tienes ilusión? ¿Aún no te has rendido? ¿Aún crees que puedes ser feliz? Somos pocos y no estamos a salvo del malhumor. Estamos expuestos constantemente. Necesitaremos andarnos con cuidado y la calle no es un lugar seguro. Trata de mantenerte a salvo y recuerda: NO DEJES QUE TE MUERDAN.

Visitas divinas, un infierno en la Tierra


La visita divina

Madrid estos días es insufrible. Más que una visita divina esto parece el mismísimo infierno y no solamente por el calor. Las hordas de jóvenes que asisten a la mal llamada Jornada Mundial de la Juventud han tomado la ciudad.

El JMJ es lo más parecido al turismo barato de todo incluido que he visto en mi vida. Jóvenes y no tan jóvenes, con prácticamente todo lo relacionado a su estancia a un coste muy bajo. Muchas cosas ni siquiera las tienen que pagar. Ellos recorren Madrid armando follón, dejando la ciudad llena de mierda y costando un pastón al contribuyente.

Desde por la mañana hasta por la noche por cualquier esquina se escuchan gritos de peregrinos exaltados. Gritan, aplauden, cantan y zarandean banderas de sus respectivos países. Es agotador. Se agradecería que al menos visitaran la ciudad como cualquier otro turista, sin armar tanto escándalo, porque no todos somos peregrinos, ni todos estamos interesados en serlo y sobre todo, algunos tenemos otras cosas que hacer.

Pero las órdenes están claras, estos días los peregrinos son los reyes de esta ciudad, y todos los demás pasamos a un segundo plano. El respeto mutuo, uno de los dictámenes cristianos, es ignorado por sus más devotos. Pero para ellos no debe suponer un problema, con confesarse en el Retiro antes de irse: asunto resuelto.

Si otros colectivos se atreviesen a comportarse de manera similar, aquí habría hostias como panes. La historia más reciente de este país se puede resumir con la imagen de una porra. Los visitantes divinos sin embargo pueden permitírselo, son tan beatos que todo lo hacen con buena intención y con el fin de compartir el mensaje de Cristo.

Este es un estado laico. Es coña claro. La Familia Real se reúnen con el Papa, Esperanza Aguirre tampoco se lo pierde, incluso el presidente de este país… Pues eso, que lo de laico es de coña, por si alguno aún no se había dado cuenta. Una vez lo dijo alguien y unos cuantos se lo creyeron. Aún se está partiendo el culo.

Foto | @CHUECASEMUEVE

Tiempo de mentiras y lucha #15m #acampadasol #spanishrevolution


Ha llegado una vez más el momento en el que los políticos bajan de su torre de marfil para fingir cercanía. Es el momento de estrechar nuestras manos, las de los idiotas con derecho a voto. Entre bambalinas se lavan las manos con asco, ¡qué sucia es la plebe! Para ellos somos esa gente que huele a trabajo y desesperación, menuda falta de elegancia. Normalmente no somos un interlocutor válido, por desgracia ahora tienen que contar con nosotros, por eso de cara a la galería todo son sonrisas que no se dibujan en sus ojos.

Políticos que ahora tratan de camelarse a la gente que huele a croqueta, que bajeza para ellos que están acostumbrados a la alta cocina. Pero solo son unas semanas, después pueden volver al Olimpo, y observarnos desde las alturas, aliviados con la arrogancia que les caracteriza.

Ahora alardean, se pavonean como adolescentes, elogiando sus actuaciones lamentables, aliviando su esfínter oral, dejando caer palabras vacías, arrojadas contra un público que aplaude hipnotizado al líder. Hay que hacer un ejercicio tremendo de análisis para extraer algún contenido real de tanta basura argumental. Y lo poco que podemos encontrar después de escarvar como mineros, son descalificaciones a los partidos contrarios. Donde nosotros esperamos un comportamiento ejemplar, coherente, y digno, ellos nos ofrecen la actitud de unos niñatos malcriados.

Pero esta vez nuestros políticos se han topado con esos a los que ignoran con tanta soltura, el pueblo, que se les han plantado en la mitad del país y muchos rincones del mismo y han dicho basta. Son las personas que se levantan cada mañana y mientras recorren la ciudad en metro se preguntan cómo llegarán a fin de mes; aquellas que se gastan lo poco que les queda en fotocopias de su currículum y el transporte público, mientras aumenta la desesperación y merma la autoestima. Son los ignorados, esos que por otra parte alzan al poder a los políticos que luego les dan la espalda; además de ser quienes mantienen el mundo en marcha.

Esos ignorados ya cansados de ahogarse en hipotecas, en la precariedad, en el desempleo, en la situación de becario estirada como un chicle al Sol, se han congregado para plantarle cara a los políticos que hasta ahora pensaban que con unos apretones de manos y unas sonrisas era suficiente.

Al principio lo tomaron como un conjunto de exaltados más, algo que no merecía mayor atención. Después trataron de ignorarlo, y aparentar que esas miles de personas no estaban ahí. Ahora ya son demasiados para ocultarlo, y no solo la sociedad española observa, ahora nos mira el mundo entero. La clase política empieza a preocuparse, temen la influencia en las elecciones que tan bien habían planeado. Ahora las estrategias varían según el bando, unos tratan de desprestigiar al movimiento, diciendo todo tipo de idioteces para tratar de desprestigiarlo; otros por el contrario usan la técnica del padre que quiere ser guay y acercarse a los manifestantes.

Pero esta vez no hay tregua, los ciudadanos estamos cansados de que nos tomen el pelo, de que hayan hecho lo que les ha dado la gana sin tenernos en cuenta y a nuestra costa, porque los que estamos pagando los platos rotos somos los de siempre, nosotros. Y por eso es hora de que empiecen a escuchar al pueblo porque a fin de cuentas ellos trabajan para nosotros, esperemos que les empiece a quedar claro.

Sí no puedes seguirlo en la calle, síguelo en directo: #15m #acampadasol #nolesvotes #notenemosmiedo #nonosvamos #spanishrevolution #democraciarealya

Cazando inmigrantes


Racial profiling

Hace unas semanas iba en el metro de camino a una entrevista de trabajo. Al bajarme en Cuatro Caminos, mientras recorría los pasillos de la estación de metro para salir a la superficie, me encontré con al menos cuatro policías custodiando las dos entradas que convergían en el pasillo por el que andaba. Me extrañó su presencia allí y pensé que había ocurrido algo.

Pero a medida que me acercaba a ellos, observé que pedían documentación a algunas personas que entraban o salían por una de las dos entradas. Dado que tenía prisa esperaba que no me parasen. No quería llegar tarde a la entrevista. Mi sorpresa fue que cuanto más me acercaba más evidente era que a los únicos a los que pedían la documentación era a aquellos sujetos que por su aspecto físico parecían sudamericanos, africanos y árabes.

Por si no fuera suficientemente vergonzosa esta acción, la forma en la que los policías se dirigían a las personas a las que paraban era bastante arrogante, incluso irrespetuosa. En inglés hay una forma de referirse a este tipo de acciones que alude perfectamente a lo que comprenden: racial profiling.

Lo más llamativo es que se lleve a cabo esta práctica claramente ilegal de forma tan descarada y a la vista de cualquiera. ¿Acaso es el color de piel indicativo de estancia ilegal o actividad ilícita?

Sigue leyendo

Ikea, una sustitución absurda


Beddinge Lövås

En el sistema capitalista, las cosas ya no se arreglan. Se sustituyen. Esto es una obviedad. No les estoy descubriendo nada nuevo. Lo que les quiero exponer con un ejemplo es cuando esta sustitución se torna tan absurda que se me antoja incomprensible.

La semana pasada mi novia y yo compramos un sofá cama Beddinge Lövås. Una vez armado, descubro que una de las tablas del somier que conforma la estructura del sofá está mal. El problema era que las diferentes capas de madera que componen la tabla estaban algo despegadas y al sentarte hacía un ruido un poco molesto. Además me hacía sospechar que dicha tabla no aguantaría mucho tiempo. Y al cabo de pocas semanas sucumbiría acompañada de un buen crack.

Llamo al servicio de atención al cliente de Ikea y les comento el problema. Sin ponerme trabas o inconvenientes me dicen que en un par de días me cambiarán las piezas. Pero como soy consciente de que vivimos en un mundo surrealista, les pregunto si lo que me van a traer es solo la tabla, o si por el contrario me van a traer toda la estructura de un sofá. La teleoperadora duda y luego me dice que tiene que preguntarlo. Esto ya era mala señal. Lo suyo habría sido que cuestionase mi pregunta «absurda» y me respondiese que, lógicamente, solo me traerían la tabla, que era lo que estaba mal. Pero obviamente eso no fue lo que pasó.

Después de un rato de espera me comentan que no lo saben. Ya el día que me lo vayan a traer, sea lo que sea eso que me vayan a traer finalmente, los del servicio de transporte me dirán si he de desmontar el sofá o si por el contrario solo me facilitarán la pieza que necesito.

Llegado el día, me llaman por teléfono. Era el del servicio de transporte para decirme que en unos cuarenta minutos estarían en mi casa. Como no me dice nada más, le pregunto directamente si lo que me traen finalmente es solo la tabla o el sofá completo. La respuesta es: solamente la tabla. Cuelgo el teléfono gratamente sorprendido y les espero. Sigue leyendo

Nuevos conservadores


Conservadores

Tras largos periodos de lucha social llegó el bienestar. Fue como ganar la guerra. Paz al fin. La gente tenía trabajo, tenían derechos y sobre todo dinero. Y con él llegaron los coches, las casas junto a todo lo que contienen: televisores, sofás, lámparas, alfombras… y también las vacaciones junto al mar.

Nosotros crecimos en el Estado del bienestar. Aquellos maravillosos años. Las luchas quedaron en las historias contadas por nuestros padres y para nosotros todo nos venía dado sin mayores dificultades. Había trabajo a la vuelta de la esquina, y estudiar era un seguro de éxito laboral, económico y personal.

Las ‘pequeñas‘ luchas aún por resolver eran cosa de los sindicatos. No había de que preocuparse. El trabajo nos daría todo, sobre todo poder adquisitivo. Aquello te hacía sentir muy libre y con esa libertad vino la despreocupación.

Los tiempos han cambiado. Pero a diferencia de aquellos jóvenes, que ahora son nuestros padres y abuelos, a nosotros se nos ha mimado demasiado. Nos hemos convertido en el mal ejemplo de la opulencia. Ante nosotros se desmorona la tranquilidad que da la certidumbre y no nos gusta. Queremos que todo sea como antes. Y así hemos arribado en el mundo al revés. Los mayores, nuestros padres y abuelos, son de izquierdas mientras nosotros nos hemos entregado al conservadurismo.

Sigue leyendo