Las sectas nacionalistas


Hoy me reía con un amigo, que gratificantes son, por cierto, unas risas sinceras. Nos reíamos de las tendencias de algunos individuos, a ese resquicio del neandertal, que sigue tan empeñado en tratar a mazazos a quien entra en su cueva.

El nacionalismo me parece más un intento por humanizar un comportamiento perruno como lo es marcar terreno con meadas, que una postura racional en la actualidad. Comprendan que hablo de esa expresión férrea y exaltada de nacionalismo, la del megáfono en mano emitiendo sandeces expuestas con orgullo por un insensato.

Es graciosa la idiosincrasia del nacionalista, avispado manipulador que se adapta hábilmente al discurso del interlocutor, siempre atento, como un águila pendiente de posibles presas, devorador de adeptos a los cuales evangeliza en su credo.

Igual que las viejas religiones las actitudes nacionalistas más radicales no admiten concesiones, no tiene cabida la reflexión y menos aún el razonamiento, ya que se basan en dictámenes y justificaciones obsoletas y que en la actualidad caerían en el saco de la ridiculez y el sinsentido, si no fuera por la fidelidad de sus seguidores y la fe de los mismos en sus evangelizadores y las palabras de los mismos.

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Marketing, mentiras y el rumbo equivocado


Me estoy leyendo “13,99 euros” de Frédéric Beigbeder. La verdad es que por ahora me está gustando bastante porque tiene ese toque ácido y corrosivo que le viene tan bien a una crítica feroz al medio publicitario.

Como se expone en la contraportada del libro, se trata de una “novela cruel, panfleto insolente y alegato contra la minipulación consumista”.

De este libro voy a poner a continuación un extracto que me pareció muy bueno:

“Lunes por la mañana, te diriges hacia la Rosse con plomo en las piernas. Reflexionas sobre la despiadada selección del Rey Marketing. Antes existían sesenta variedades de manzana: hoy sólo sobreviven tres (la golden, la verde y la roja). Antes los pollos tardaban tres meses en convertirse en adultos; actualmente, entre el huevo y el pollo que se vende en el hipermercado sólo transcurren 42 días vividos en unas condiciones atroces (25 animales por metro cuadrado, alimentados con antibióticos y ansiolíticos). Hasta la década de los setenta, podían distinguirse diez sabores distintos de camembert normando; hoy quedan, como máximo, tres (por culpa de la normativa sobre la leche «termopasteurizada»). Nada de esto es obra tuya pero ése es el mundo al que perteneces. En una Coca-Cola (10.000 millones de francos de presupuesto en publicidad en 1997) ya no se añade cocaína, pero sí ácido fosfórico y ácido cítrico para producir una ilusión refrescante y crear una dependencia artificial. Las vacas lecheras se alimentan de piensos ensilados que fermentan y les producen cirrosis; también las alimentan con antibióticos que crean unas cepas de bacterias resistentes, que, más tarde, continúan desarrollándose en la carne que se comercializa (por no hablar de las harinas cárnicas que provocan la encefalitis esponjiforme bovina, no vale la pena abundar en este tema, sale en los periódicos). La leche de estas mismas vacas contiene un nivel de dioxinas cada vez más alto, debido a la contaminación de los pastos. Los peces de piscifactoría se alimentan, a su vez, con harinas de pescado (tan nocivas para las especies como las harinas cárnicas para el vacuno) y de antibióticos… En invierno, las fresas transgénicas ya no se congelan gracias a un gen extraído de un pez de los mares fríos. Las manipulaciones genéticas introducen pollo en la patata, escorpión en el algodón, hámster en el tabaco, trabaco en la lechuga, hombre en el tomate.

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Telemadrid: un panfleto propagandístico


Creo que una televisión que se paga con dinero público no debería ser utilizado como panfleto propagandístico, y precisamente eso es lo que hace Esperanza Aguirre con Telemadrid, dar un claro ejemplo de lo que una televisión pública no debería ser.

Aquí tienes un testimonio más de las falacias y sandeces que se emiten por la televisión pública madrileña, pagada con el dinero de sus ciudadanos.

Vía | Escolar

Revisión de los datos de la manifestación


En una interesante reflexión sobre el número de asistentes a la manifestación en contra del Puerto de Granadilla, que se celebró ayer en Santa Cruz de Tenerife, se decantan más por unas cifras comprendidas entre los 13.800 y los 17.250 asistentes. Estos datos quedan bastante alejados de esa media que había considerado más representativa que los datos dados por polícia y organización. En cualquier caso, el número de personas no es lo único que cuenta, aunque claramente tenga una importancia considerable en eventos de este tipo.

Quisiera añadir una breve anotación relacionada con algo que comentan en el blog Al Golpito. Algo que me molesta mucho de las manifestaciones, es que hay demasiadas banderas. A lo que me refiero es a que muchas personas que pueden asistir a una manifestación, lo hacen porque no están de acuerdo con determinado hecho, en este caso por ejemplo el Puerto de Granadilla, ello no significa que sean nacionalistas, independentistas y demás, y tampoco partidarios de una facción política u otra, y al menos a mi no me gusta marchar por algo cuando un número de personas parecen desear dar a una manifestación un significado adcional el cual no solo no comparto, sino que incluso rechazo con vehemencia.

Si nos manifestamos en contra de una guerra, en contra de la construcción de un puerto o por una vivienda digna, ¿qué pintan ahí banderas nacionalistas, independentistas o de partidos políticos diversos? No pintan nada, porque puedes ser nacionalista o no, independentista o no, republicano o no, o perteneciente a cualquier partido político, entonces las banderas no representan a todos los que están allí presentes, y además no tienen sentido. Las únicas banderas, que en realidad no son tales sino pancartas, que tienen sentido son aquellas que con un mensaje remarcan la razón por lo que el grupo de personas aglomerado allí se manifiesta.

Foto | Mataparda

Explo control: un gran invento ignorado mundialmente


El Explo control es una aleación que que se comercializa en todo el mundo. Se introduce en cualquier depósito de combustible, y en caso de que el fuego penetre en él, la aleación absorbe la energía de la onda calorífera, evitando el aumento de presión y la consiguiente explosión. Su inventor es español y se llama Eduardo Díaz del Río. Desgraciadamente ciertos intereses luchan porque este invento siga sin conocerse.

El voto saltarín


Hace unas semanas la mayoría pudimos ver el ya famoso vídeo de Homer intentando votar por Obama, y cómo su acción, a pesar de que marcaba claramente el nombre de Obama, no hacía más que dar su voto a McCain. Si tenemos en cuenta que las máquinas del voto electrónico tienen un error de programación constatado, esto no parece tan lejos de la realidad, aunque imaginaba que tal error u otros que pudiera tener este mecanismo no serían tan evidentes como en el capítulo de Los Simpsons.

Una vez más, y como verificación de que la realidad siempre supera la ficción, o al menos está muy cerca de hacerlo, se puede leer en la prensa la siguiente noticia:

Three Putnam County voters say electronic voting machines changed their votes from Democrats to Republicans when they cast early ballots last week.

This is the second West Virginia county where voters have reported this problem. Last week, three voters in Jackson County told The Charleston Gazette their electronic vote for “Barack Obama” kept flipping to “John McCain”.

Esto supone que ya seis votantes, de los que tengamos constancia, que han votado por Obama han visto como les “roban” su voto y se lo entregan precisamente al candidato que no han querido votar. ¿En qué quedará todo esto? ¿Al final a pesar de que todo apunta que Obama ganará las elecciones, las máquinas dominarán el mundo y darán una vez más la victoria al candidato menos votado? ¿Estarán realmente McCain y Palin al frente de Estados Unidos por un “error” informático? ¡Joder que miedo!

Al final las descargas no hacen tanto daño


Casi a diario nos bombardean con lo inconscientes y malvados que somos por descargarnos música y películas de internet. Nos llaman sin razón, porque las descargas son legales, piratas, delincuentes y nos criminalizan constantemente. Lo curioso es que discográficas y productoras cinematográficas, después de tanto lloriquear por las esquinas y llamarnos del todo, al final, las descargas, no solo no les perjudican tanto, sino que además en muchos casos les benefician. Si es que son unos cabrones, está claro.