No dejes que te muerdan


Un día cualquiera. Madrid. Exposición de caras de estreñimiento en el metro. Vagones convertidos en contenedores de malhumor. A punto de estallar. Les miro. Me cuesta imaginar tanta carencia de ilusión. Ni una chispa de alegría. Lamentable.

Entiendo a Goya. Esta es la ‘Romería de San Isidro’. Rostros desencajados, carentes de luz. Y no es una cuestión de clase. Lleven mono o traje, las caras son intercambiables. Entre metros no pasan más de cinco minutos. El tiempo de espera es despreciable. Aún así, en cuanto se abren las puertas los túneles del metro acogen carreras de cien metros lisos. Codazos, pisotones, pelotones que se encuentran tratando de correr en direcciones opuestas. Más caras largas. Gritos, insultos. El campo de batalla de nuestros tiempos.

El malhumor se propaga. Es el equivalente a una amenaza zombie en el mundo real. No estarás a salvo en ninguna parte. A la vuelta de la esquina espera una horda de malhumorados dispuestos a joderte el día. Personas desprovistas de ilusiones. Incapaces de sonreír. Lo único que les proporciona una fugaz satisfacción es amargar a otros. Les fastidia ver su antítesis. No soportan que exista una sola persona mínimamente contenta. Huelen la alegría, como un perro el miedo, y atacan con voracidad.

¿Aún tienes ilusión? ¿Aún no te has rendido? ¿Aún crees que puedes ser feliz? Somos pocos y no estamos a salvo del malhumor. Estamos expuestos constantemente. Necesitaremos andarnos con cuidado y la calle no es un lugar seguro. Trata de mantenerte a salvo y recuerda: NO DEJES QUE TE MUERDAN.

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