Las sectas nacionalistas


Hoy me reía con un amigo, que gratificantes son, por cierto, unas risas sinceras. Nos reíamos de las tendencias de algunos individuos, a ese resquicio del neandertal, que sigue tan empeñado en tratar a mazazos a quien entra en su cueva.

El nacionalismo me parece más un intento por humanizar un comportamiento perruno como lo es marcar terreno con meadas, que una postura racional en la actualidad. Comprendan que hablo de esa expresión férrea y exaltada de nacionalismo, la del megáfono en mano emitiendo sandeces expuestas con orgullo por un insensato.

Es graciosa la idiosincrasia del nacionalista, avispado manipulador que se adapta hábilmente al discurso del interlocutor, siempre atento, como un águila pendiente de posibles presas, devorador de adeptos a los cuales evangeliza en su credo.

Igual que las viejas religiones las actitudes nacionalistas más radicales no admiten concesiones, no tiene cabida la reflexión y menos aún el razonamiento, ya que se basan en dictámenes y justificaciones obsoletas y que en la actualidad caerían en el saco de la ridiculez y el sinsentido, si no fuera por la fidelidad de sus seguidores y la fe de los mismos en sus evangelizadores y las palabras de los mismos.

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Ignorar a los obispos


Estoy cansado de abrir periódicos, páginas web, ver las noticias o escuchar la radio y que constantemente se publique o se haga mención de las barbaridades que dicen obispos de todos los puntos geográficos del país y del mundo. España, pese a quien le pese es un Estado aconfesional en principio. Digo en principio porque hay muchos ejemplos que evidencian que esa aconfesionalidad está lejos de cumplirse.

Dicho esto pienso que va siendo hora de que de una vez por todas se ignoren las sandeces que dicen los obispos y demás líderes espirituales cuyos discursos no están guiados por la razón sino por la fe ciega, lo que les imposibilita en el ejercicio de la reflexión. Considero que no debería de tomarse en cuenta lo que dice un obispo, porque al ser un Estado aconfesional, al menos sobre el papel, la fe religiosa no debería de inmiscuirse en la vida política del país. Un obispo puede hablar a sus fieles, pero no puede pretender imponer su ideología rancia a la totalidad de la sociedad, y no sólo porque tenemos libertad de pertenecer o no a cualquier grupo sectario sino porque se trata, como ya he dicho una y otra vez en esta breve exposición, de un Estado aconfesional y en él no hay cabida o al menos no debería haberla para fanatismos religiosos de ningún tipo.

Me muestro tan indignado porque es cansino tener que ser testigo de la permisividad con que se tratan las continuas salidas de tono de miembros pertenecientes a la secta de la Iglesia Católica. El caso de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía es un ejemplo, ¿cómo puede ser que obispos y líderes espirituales similares animen a la gente a boicotear una asignatura? Eso en un Estado aconfesional no puede ser. Es como lo que ocurre en Estados Unidos, que hay colectivos religiosos que imponen que en las escuelas no se enseñe la Teoría del a Evolución. Un ente religioso con sus representantes, al menos en un Estado aconfesional, no puede pretender imponer su nefasto ideario. Imaginen que ahora los chalados católicos dijesen que van a boicotear las matemáticas por otra razón absurda como lo es todo su pensamiento… ¿Se debería permitir? No. Y lo mismo vale para Educación para la Ciudadanía, es una asignatura que servirá para dar cierto conocimiento social a los jóvenes que en un futuro serán quienes mediante sus votos decidirán quien gobierna en el país, ¿qué menos que estén informados? Pero es precisamente en este punto donde la Iglesia Católica discrepa, y es que a los ideólogos de esta secta nunca les ha gustado tener a súbditos informados por una sencilla razón, la gente con más conocimiento y capacidad para la reflexión crítica es más dificilmente controlable y manipulable.

Para ir concluyendo quisiera reiterar que considero indiscutible y fundamental que se ignore a los obispos, porque éstos en un Estado aconfesional no tienen nada que decir y que no se consienta todo lo que hacen, porque estoy seguro que si un dirigente musulmán plantease alguna cosa mucho menos preocupante que las que exponen a diario los sectarios católicos se montaría un revuelo impresionante. Y lo que no puede ser es que a unos no se les permita nada y a otros todo, y basándonos en que el Estado es aconfesional, las ideas religiosas en casa de cada uno, pero no en la política.

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