Escépticos, televisión de calidad


Escépticos

Televisión de calidad en la actualidad parece un oxímoron, sobre todo cuando uno sintoniza Telecinco y al resto de hijos bastardos de Paolo Vasile. La televisión, ese medio rebosante de colorido y malas formas en que se ha convertido (quizá siempre lo fue, menos por el color) es también la niñera de muchos seres que desde una tierna edad ya saben más sobre Belén Esteban que sobre cualquier descubrimiento o hallazgo científico.

Por eso sorprende, cuando no debería ser una sorpresa, cuando alguna cadena se «atreve» a emitir un programa que se salga de la dinámica de mostrar a personas mal habladas, incultas y manifiestamente idiotas gritarse e insultarse en lo que converge en un crescendo de lo absurdo.

Por eso, más que nunca, es una alegría poder ver un programa que además de entretener, cosa que hace muy bien, nos ofrece información interesante y la transmite de una manera divertida. Además, da a conocer a esas personas que en la actualidad parecen haber quedado relegados a un puesto de parias sociales, de «comeorejas«, esas personas que intentan explicar el mundo a una masa que parece no tener ningún interés por conocerlo. Quizá, pueda ser un paso (junto a otras escasas propuestas) para que en un futuro tengamos un panorama televisivo diferente.

http://blip.tv/play/AYKY8kAC

Vía | Mi mesa cojea

Hello world!


Hello world!

Llevo tanto tiempo sin escribir en este blog que casi parece que volviese a empezar. Ahora escribo desde Madrid, una reubicación debida a la búsqueda de trabajo. Nada que no haya hecho mucha gente antes que yo, y que seguirán haciendo miles de personas después. El trabajo en la actualidad ya no se consigue, se persigue y se atrapa, si tienes suerte. Cuatro millones de personas lo intentan, con una soga al cuello. Recorren aceras frías, que ahora parece que fueron puestas ahí para arrebatarles la autoestima.

Aún así, y encontrándonos en una situación difícil y con la obligación de luchar por sobrevivir de manera medianamente digna, les deseo a todos un feliz año, de manera quizá un poco tardía, eso si. Que este sea un año de mucho trabajo y que la miseria del paro, que salpica a todos, se reduzca considerablemente.

Sobre el porqué de las guerras


Me gustaría recomendarles un artículo que me ha parecido excelente, que también hace referencia a los nefastas acciones del ejército israelí contra la flotilla humanitaria:

Hoy, mientras todos nos indignábamos por los nuevos asesinatos del ejército israelí, el presidente alemán se veía obligado a dimitir por ser sincero. Horst Köhler declaró la semana pasada que la participación bélica de su país en Afganistán está motivada por intereses comerciales. […]

Sigue leyendo en Mi Mesa Cojea.

Piratería israelí frente a la flotilla humanitaria


Mavi Marmara

Una flotilla humanitaria tiene un fin, como su propio nombre indica, humanitario. ¿Qué pintan soldados armados hasta los dientes asaltando un navío de estas características? Peor aún, en aguas internacionales. Piratas financiados por su estado, Israel.

Pero estas maniobras piratescas de por si no le parecieron suficientemente descabelladas al ejército israelí, así que abrieron fuego. Ahora los portavoces israelís no dudan en comparar a un «batallón» de activistas con uno de soldados, entrenados y armados, y en cuyas filas no se cuenta ninguna baja.

En el caso de que los activistas lo hubiesen usado realmente, un tirachinas no es un arma de fuego. Los boliches no son balas, duelen pero no matan. Los palos de sombrilla son un chiste sin gracia frente a los rifles de los militares. No hay manera posible de justificar la barbaridad cometida con el beneplácito de un estado que se cree en el derecho de actuar a su total antojo.

El pan para el hambriento manchado de sangre por la arrogancia de un estado que oculta la miseria tras un muro de hormigón para no mirarla a los ojos. Así se solucionan los problemas en nuestros tiempos, tapándolos con mentiras cuando es preciso, pero si nadie pregunta se mira para otro lado y todo olvidado.

Foto | El País

Más información | Periodismohumano, El País, JRMora

Divulgación científica y homeopatía


Homeopatía

El otro día me envían por email información acerca de la XIX Edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Por simple curiosidad miro los cursos ofertados. Uno en concreto me llamó la atención, «Cómo divulgar la ciencia«, suena interesante. Sigo mirando los cursos y me encuentro con el lado opuesto, «Curso práctico de Homeopatía«.

Que en una universidad de verano se combinen cursos tan dispares, por un lado la divulgación científica y por el otro la divulgación de unos «remedios» cuya efectividad no se demuestran científicamente me resulta cuanto menos extraño.

Esto podría quedar en una simple anécdota. El problema radica en que ofreciendo un curso de homeopatía en una universidad de verano se lanza un mensaje incorrecto. Unas prácticas que recurren a lemas como: «¡A mí me funciona!«, parecen más apropiadas para un centro esotérico que para una universidad de verano. Además, esto podría suponer que algunas personas, otorguen una credibilidad a la homeopatía que no tiene.

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Los números nos hacen sentir pequeños


Hoy cumplo otro año de vida. Ya van veintisiete, 27. Como pasa el tiempo, con que velocidad, si uno echa la mirada atrás. Parece ayer cuando aún estaba en la caravana con mis padres. Despertándome en un lugar diferente cada día.

Han cambiado muchas cosas desde entonces. Ahora debo batallar en el mundo laboral, debo preocuparme por la política, el medio ambiente, la estupidez humana… En realidad esto último me ha preocupado desde pequeño. Pero a pesar de toda esa preocupación que parece marcar la vida adulta, me sigo sintiendo pequeño ante la cifra que sostiene mi organismo.

Qué lejos parecía estar ese veintisiete, en realidad ni siquiera lo había imaginado nunca. Ahora está aquí, es presente. Sin embargo me sigue pareciendo estar a años luz.

Soy como esa niña, que se apoya en la pared, dando la espalda a algo que no le preocupa demasiado, con los ojos bien abiertos para captar cada detalle de este mundo sorprendente y soñando con los momentos divertidos. En realidad, cuando lo pienso, no he perdido la habilidad de desenvainar una espada de palo, de avistar piratas con mis manos catalejos, de detener a los ladrones con mis dedos pistola… No he perdido la mirada de un niño, que puede encontrar todo un mundo allí donde el adulto preocupado no es capaz de ver nada.

Me gusta mirar a la vida con ilusión, porque aún cuando hay momentos que preferimos olvidar, factores de la suma que narra nuestra vida, el resultado es positivo.

Foto | Shotam

Punset y la Ley Sinde


No hace falta que digamos nada de la «Ley Sinde«. Se ha hablado de ella hasta la saciedad, no por criticar en exceso sino por lo lamentable que se hace tener siquiera que hablar de esta propuesta tan descabellada.

Desgraciadamente a quienes detentan el poder, incluso en países que se enorgullecen de considerarse democráticos, la libertad no les hace demasiada gracia. La libertad conlleva una pérdida de control y esto no gusta a los primeros, pues sienten que pierden una parte del mismo.

Internet es ese bastión que todos ansían controlar desesperadamente. Y mientras Ángeles González-Sinde hace malabarismos retóricos para dar a luz a un aborto, Eduard Punset pone las cartas sobre la mesa y expone una petición coherente y sensata entre tanta incoherencia.

«Estas ansias de impulsarla [la publicidad y otros servicios en la red] creará en algunos de nosotros la tentación de controlarla. Y hemos intentado controlar primero a las mujeres, luego a los hijos, […], y nos pasa lo mismo con los animales. Yo espero que no nos pase lo mismo con internet.»
– Eduard Punset, enseñando a Sinde a pensar en el bien general en menos de 3 minutos.

«Estas ansias de impulsarla [la publicidad y otros servicios en la red] creará en algunos de nosotros la tentación de controlarla. Y hemos intentado controlar primero a las mujeres, luego a los hijos, […], y nos pasa lo mismo con los animales. Yo espero que no nos pase lo mismo con internet.»

Eduard Punset, enseñando a Sinde a pensar en el bien general en menos de 3 minutos.

Nostalgia


Es curioso el tipo que cosas que disparan en nosotros un sentimiento de nostalgia. Hoy mientras zapeaba me topé con Space Jam, la película en la que se funden Michael Jordan y los Looney Tunes y con ella me han invadido los recuerdos.

Con solo veintiséis años y ya hablo de personas irrelevantes para muchos que son más jóvenes que yo. Hay gente que nunca ha visto volar a Jordan o que no se interesan por el extraterrestre moonwalker de Michael Jackson, por poner unos pocos ejemplos. Y es normal, el tiempo corre a toda prisa y las cosas cambian.

Sin embargo me doy cuenta de que se hace raro darse cuenta de que mientras yo trasnochaba para ver jugar a uno de los jugadores más grandes de la historia, hoy ya hay personas que no les interesa lo más mínimo. Me doy cuenta de lo efímera que es la historia y a su vez de la importancia que tiene.

Hay quienes al pensar en Michael Jackson solo recuerdan excentricidades, no conocieron su grandeza musical, no reconocen el papel de su genio y excelencia para toda la música y lo que la rodea tal y como la conocemos hoy en día.

Somos como las anillas de un árbol, como el hielo de los polos, todos y cada uno de nosotros contamos tanto de la historia, todos hemos sido testigos desde ángulos tan diversos y en momentos diferentes. Por ello me apena que se pierdan tantas historias cuando la gente muere. Se pierden tantos matices, tantas realidades diferentes. Aunque se conserva mucho, hoy en día podemos conocer mucho del pasado, y en el futuro habrá muchas pruebas de nuestros tiempos, siempre  faltará tanto por conocer.

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Las sectas nacionalistas


Hoy me reía con un amigo, que gratificantes son, por cierto, unas risas sinceras. Nos reíamos de las tendencias de algunos individuos, a ese resquicio del neandertal, que sigue tan empeñado en tratar a mazazos a quien entra en su cueva.

El nacionalismo me parece más un intento por humanizar un comportamiento perruno como lo es marcar terreno con meadas, que una postura racional en la actualidad. Comprendan que hablo de esa expresión férrea y exaltada de nacionalismo, la del megáfono en mano emitiendo sandeces expuestas con orgullo por un insensato.

Es graciosa la idiosincrasia del nacionalista, avispado manipulador que se adapta hábilmente al discurso del interlocutor, siempre atento, como un águila pendiente de posibles presas, devorador de adeptos a los cuales evangeliza en su credo.

Igual que las viejas religiones las actitudes nacionalistas más radicales no admiten concesiones, no tiene cabida la reflexión y menos aún el razonamiento, ya que se basan en dictámenes y justificaciones obsoletas y que en la actualidad caerían en el saco de la ridiculez y el sinsentido, si no fuera por la fidelidad de sus seguidores y la fe de los mismos en sus evangelizadores y las palabras de los mismos.

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El trabajo


De niño sueñas con lo que quieres ser de mayor, de mayor te despojan de los sueños, te arrancan toda ilusión y te convierten en mera herramienta y como tal cumple lo que se te ordena y calla.

Terminé de estudiar Sociología en diciembre de 2007, todo un regalo de navidad pensé, menudo gilipollas. Entrar al mercado laboral en la actualidad es verse sometido a una tortura que aniquila tu autoestima.

Para los puestos que te interesan no estás suficientemente cualificado, y nunca lo estarás porque nadie parece querer darte una oportunidad, no importan la ilusión, las ganas o las capacidades que tengas. Además, tendrías que atravesar las filas de los enchufados, que son un batallón dolorosamente numeroso.

La desesperación te lleva a buscar trabajo de lo que sea, pero tampoco pareces interesar a nadie. Ahí te ves en casa cuestionándote lo que haces mal. Desmoralizado, indignado y apurado porque las facturas se acumulan, la cartera está vacía y así pasan los meses.

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