En mi rutinaria visita al weblog amigo Canarias Bruta, vi el vídeo que encabeza estas líneas y aunque no es algo que me sorprenda, en Tenerife he visto y escuchado cosas similares, si que me parece un drama. Canarias tiende a ser noticia por lo negativo: las listas de espera, de las peores de España, la educación, de la peor de España, el fracaso escolar, del más elevado de España, los salarios, de los más bajos de España, el paro, del más elevado de España… Uno junta todas estas noticias e informaciones que aparecen en los medios, y pese a quien le pese, sólo se llega a una conclusión, Canarias está hecha una mierda. Y no empleo ningún otro calificativo menos escatológico y más literario porque sería andarse con rodeos.
No significa que en Canarias no haya cosas buenas, ni gente coherente, ni muchas cosas positivas, pero en los grandes temas, muchos de los aspectos fundamentales de la sociedad son nefastos. Y ahora no vale hacer como es propio de Paulino I y compañía, llorar y culpar al Gobierno central. Tampoco vale proponer cosas tan estúpidas como hacer trueque con productos canarios a cambio de petróleo, como hace Antonio Cubillo. Diría más, si lo mejor que se le ocurre a «los intelectuales«, véase las comillas, de Canarias es el trueque, apañados vamos. Pero no nos creamos que las propuestas de nuestros politicuchos sean mucho más elocuentes que las sandeces de este señor, porque no lo son.
En el barrio de Jinamar, se concentra el mayor número de niñas adolescentes de todo el país. Parece el típico barrio, resultado de la expulsión de un colectivo concreto y su relocalización en un escenario construido específicamente para ellos, a las afueras de donde no se les quiere. El homólogo tinerfeño de Jinamar puede ser perfectamente Añaza. Edificios inmensos, en medio de la nada, al puro estilo gueto, en los que se concentran un sinfín de familias, muchas de ellas conflictivas, con problemas… No parece un clima muy propicio para nada bueno. La masificación de los problemas fuera de los núcleos urbanos más importantes no los soluciona, todo lo contrario, pero son más fáciles de ignorar, porque no molestan tanto.
Esto último que expongo puede sonar duro, y lo es, pero, aunque los políticos no lo digan públicamente, es lo que lleva a la construcción de barrios como Jinamar o Añaza, estoy seguro. Probablemente se pone sobre la balanza el coste que supondría intentar llevar a cabo una integración social de las clases más conflictivas de la sociedad y construirles un barrio para ellos, y lo último les cuesta menos, les es más fácil y les trae menos quebraderos de cabeza. Pero esta aparente solución no es más que un parche a muy a corto plazo, porque a largo plazo, estos barrios son un polvorín, no hay más que verlo.


