Los predicadores son la figura más lamentable y máximo exponente de la mentira, la manipulación, la demagogia, la hipocresía y a fin de cuentas de la ignorancia que están empeñados en sembrar y en repartir deliberadamente entre el público en ciertos lugares de la geografía incluso numeroso.
Una panda de exaltados que animan a quienes les escuchan a adoptar dicha exaltación de pura ignorancia y verterla sobre la sociedad, cual vómito corrosivo de jugos gástricos altamente ácidos y que son escupidos con el fin de descomponer la paz, la tranquilidad y la libertad de elección.
Lo último que hay que oír, es a este predicador sudamericano, que clama consternado que en Europa nos hemos vendido al mismo demonio, que Europa es una gran secta satánica. Lo que más gracia me hace de su exposición es cuando argumenta que en Alemania tuve que ver durante tres horas un programa pornográfico. Me hace gracia porque parece que nadie se da cuenta que según sus ideas, el mismo es un pecador y un pervertido adulador de Satán, porque se pasó tres horas viendo porno, además no del típico, sino de gordos y travestis. ¿Es que no sabía como se apaga la tele, no existe botón de apagado, ni la posibilidad de cambiar de canal en su pueblo? El venerado predicador se pasó tres horas jugando con su joystick, y luego viene a dar lecciones de moral a cuatro engañados exaltados como él.




