El titulo de este post es el eslogan que Paulino Rivero repitió en varias ocasiones durante una visita a la isla de La Palma. Estoy de acuerdo con dicha afirmación, pero en boca de Paulino I es un chiste de inconmensurable magnitud. Analizaré por separado las dos ideas principales de este eslogan de Paulino ya que considero que ambas merecen su reflexión. En este caso nos centramos en la cuestión del talento. Para la reflexión acerca del cemento véase el Capítulo 1.
El problema no es que en Canarias no haya talento, lo que ocurre es que el que hay no se valora. En estas islas existe la concepción de que el talento está sobrevalorado, lo que importa es que lo que hagas de alguna forma sirva para publicitar las islas o bien ser de una «casposidad» tan grande que cause dolor. Estos son los requisitos para triunfar en las Canarias.
Un buen ejemplo para darse cuenta del lamentable panorama canario es dedicar unos minutos a la televisión autonómica. Por cierto, el conocimiento también está sobrevalorado en Canarias. Para qué quieres a alguien con estudios de periodismo para dirigir una televisión pública teniendo a Willy García, el hombre que se educó «en la escuela de la vida«.
Lo que valoran las instituciones canarias son programas como el de Pepe Benavente, que ahora en breve volverá a lanzar caspa en los hogares canarios con la segunda edición de su «fabuloso» programa «¡Quiero ser como Pepe!», yo diría que ni en broma, pero los que mueven los hilos quieren a gente de bien, gente que aspira a ser como Pepe Benavente. Sobre todo me gusta el talento que desprende el jurado de dicho programa, Idaira y unos gemelos cuyos graznidos son razón suficiente para querer quitarse la vida.

