El violinista de la Plaza Mayor de Madrid


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Recientemente fui unos días con mi novia a Madrid a ver a un amigo y conocer la ciudad. He de decir que realmente nos encantó, de hecho, si alguien quiere contratar sociólogos, que no dude en contactar con nosotros, nos iremos a vivir a Madrid encantados.

El jueves quince de enero en Madrid se respiraba frío. Aunque ese día no nevó, a nosotros nos parecía que hacía más frío que en días anteriores cuando sí que vimos nevar. Allí estábamos, después de haber dormido bastante mal, cansados recorriendo las calles de la capital. Era nuestro último día y por muy cansados que estuviéramos no íbamos a desaprovecharlo.

En un momento del día llegamos a la Plaza Mayor. Ya accediendo a ella por una de sus múltiples entradas se escuchaba resonar una bella música. Aquella melodía abarcaba todo el espacio de aquella inmensa plaza, quebrantaba el frío y te hacía viajar a otras partes del mundo, concretamente a Asia. Allí estábamos en la Plaza Mayor de Madrid, siendo transportados a Asia por la música de un violín chino.

Un hombre bienhumorado, simpático, con una cara risueña y un verdadero artista con este peculiar violín de dos cuerdas era el creador de tan maravillosa música. Y allí estábamos nosotros anonadados con su arte, pensando que era genial poder disfrutar de tanta genialidad a cambio de tan solo unas monedas. En otras circunstancias la gente pagaría mucho dinero por un concierto de este tipo. Claro que no soy un especialista, y tampoco puedo juzgar cuan brillante era este hombre con su violín, pero para mi era una maravilla lo que hacía, sobre todo partiendo de mi total y más absoluta incapacidad musical.

La hora de comer ya se nos había pasado y estábamos muertos de hambre, por lo que compramos unos bocadillos y nos sentamos en la Plaza Mayor, el violinista que también se había marchado, seguramente para lo mismo que nosotros, regresó y se sentó muy cerca de nosotros, y allí estábamos comiendo y disfrutando de todo un concierto. Pero no tardó mucho en aparecer por allí un personaje extraño, desaliñado, con cerveza en mano y hablando con un amigo imaginario.

Para mi aquello fue el choque de dos mundos que tantas veces he observado. Son dos personas, ambas probablemente con una precaria situación económica, pero mientras uno se ahoga en el alcohol y termina trastornado, el otro deleita a todo el que se pare a escuchar con música.

Si están por la Plaza Mayor de Madrid y escuchan un violín chino, no tienen más que seguir a la música. Tómense un rato, escúchenlo e incluso si les gusta le pueden comprar un CD.

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Quizá no era tan viejo


Al parecer, el avión no era tan viejo como pensé en un principio, por lo que es posible que la razón del accidente sea otra que el que dicho avión estuviera viejo y en mal estado. Supongo que habrá que esperar hasta que se descubran las verdaderas razones.

El avión accidentado se fabricó en 1994 por la empresa McDonnell Douglas y llevaba 32.000 horas de vuelo. “Esto no supone que el aparato estuviera obsoleto porque la media de vida de un avión es de 30 años”, comenta un experto en aviación. Además, en las revisiones que se realizan por horas de vuelo (la última fue el 24 de enero) se sustituye gran parte de las piezas. De hecho todos los componentes tienen una fecha de caducidad. Tras esta última revisión, el avión siniestrado “no había sufrido ninguna incidencia”, asegura Sergio Allart, portavoz de Spanair. La inminente retirada de este modelo se debía al alto consumo de combustible y no a su falta de seguridad.

Aclarado esto, supongo que lo más coherente es esperar a que se sepa más para poder hablar con propiedad y con conocimiento de lo que realmente provocó el terrible accidente del avión en Barajas.

Asco y repulsión


Ante lo acontecido ayer creo que lo más importante con lo que me quedo, es con la razón de fondo de que estas cosas ocurran. Ya lo han expresado perfectamente, y por lo tanto voy a citar ya que no se me ocurre una mejor forma de decirlo:

La expresión procede de una señora indignada por la catástrofe de ayer en Barajas, porque ese avión nunca debió despegar. Pero la presión implacable de la mejora de resultados económicos de las compañías aéreas ha hecho que otros parámetros más importantes que la rentabilidad pasen a un segundo o tercer puesto en las prioridades. Los pilotos lo llevan denunciando desde hace mucho tiempo y en los mundillos de la aviación civil es tema de conversación frecuente. La compañía propietaria del cacharro que explotó es apodada Spanoir. Los voraces accionistas quieren beneficios a toda costa, cuantos más mejor, y eso obliga a exprimir al máximo a todos: máquinas y personas funcionando al máximo rendimiento con los mínimos costes.

Los ingenieros y técnicos que dieron el OK para el despegue tendrán algo que decir y se les exigirá que lo digan. Pero el diseño de la maquinaria empresarial no es cosa de ellos.

Suena muy antiguo decir “capitalistas de mierda”. Peor aún decir “sistema de mierda”. Hoy toca llorar por las víctimas, tanto los turistas que venían a disfrutar y descansar, como a los que volvían a sus casas o a ver a sus familiares en Gran Canaria. Sentido pésame a todas esas familias destrozadas por el dolor y la rabia. Mañana y los días que siguen habrá tiempo para preguntar por qué despegó ese avión, por qué se autorizó el despegue a esa carraca de mierda.

Pero también habría que resaltar la falta de tacto y la manera morbosa de explotar un suceso tan trágico como el de este avión que ha costado la vida a más de un centenar de personas. Siento asco y repulsión ante la combinación de capitalismo y morbo que a su vez se relaciona con el primero, ya que el morbo se emplea para generar audiencia, porque más audiencia se traduce también en mayores ingresos. Al final todo gira entorno a una misma cuestión, capitalismo, un sistema que sigue cobrándose vidas sin piedad alguna, y que convierte en espectáculo y entretenimiento cualquier suceso, no importando la gravedad del mismo. Todo por el dinero, siempre el maldito dinero.

Tragedia en Barajas


Supongo que a estas horas ya todo el mundo estará enterado del terrible accidente en el aeropuerto de Barajas del vuelo JK5022 de Spanair (código compartido LH255 de Lufthansa) en la ruta Madrid-Gran Canaria, después de intentar despegar por segunda vez tras un problema técnico.

Si se confirma, tal y como comentan algunos, que el avión ya había tenido varias averías, y aún así seguía siendo usado por la compañía aérea, me parece que deberán de buscarse unos cuantos responsables y que esto sirva de ejemplo para que en el futuro algo así no vuelva a ocurrir, porque no se puede permitir que aviones viejos y en mal estado pongan en peligro la vida de cientos de personas.

No puedo más que dar mi más sentido pésame a los familiares y amigos de los fallecidos y desear a los supervivientes toda la suerte del mundo.

Losantos, condenado


Supongo que esto no supondrá que Federico Jiménez Losantos modere su irreverencia verbal, ni que deje de escupir su diarrea dialéctica a diestro y siniestro, pero está bien que le recuerden que la libertad de expresión no es sinónimo de un pretendido derecho al insulto.

Las expresiones  proferidas por Losantosson tan claramente insultantes o hirientes” que “no existe duda alguna de que  pretendían vejar la imagen y dignidad del querellante en forma innecesaria y gratuita y desacreditarle  públicamente en su condición de Alcalde de la Villa de Madrid y de miembro del Partido Popular“.

Decir que los muertos y heridos del 11-M le daban igual al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, le ha costado al locutor de la COPE Federico Jiménez Losantos una condena por injurias graves con publicidad, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.

Losantos se enfrenta a una multa de 36.000 euros por verter barbaridades a través de las ondas. Yo diría que es poco, ya que el locutor es reincidente. Como bien expone Juan Varela en su blog:

La condena de Jiménez Losantos no es ningún atentado contra la libertad de expresión, como dicen sus agradecidos tertulianos, compañeros de diatribas mañaneras. Esta condena reafirma que la información debe ser veraz y que en la opinión cabe todo menos la injuria y la calumnia. Todo el mundo tiene derecho a la crítica, hasta la más desabrida y desaforada. Pero no hay un derecho para pisotear la vida y el nombre de los demás con acusaciones torticeras y falsas.

Regreso al medievo en la Comunidad de Madrid


Regreso al medievo en la Comunidad de Madrid donde Esperanza Aguirre y el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, firman un convenio que amplía las funciones de los sacerdotes en los hospitales.

Según informa El País: “Este acuerdo, traducido en una cláusula del convenio firmado entre Aguirre y Rouco, ampliará las funciones de los curas que asisten a los hospitales, hasta ahora para visitar a los enfermos y darles consejo desde el punto de vista religioso, para que emitan su voto dentro de este comité encargado de decisiones como la sedación de enfermos terminales, la práctica de un aborto o la reanimación de un bebé en determinados casos. Este comité estaba hasta ahora formado por los facultativos de cada centro.

Solo dos palabras: ¡manda huevos! Si yo como ateo que soy, viviese en Madrid y a un maldito sacerdote se le ocurriese decidir sobre mi derecho a abortar, mi derecho a la sedación como enfermo terminal o lo que sea, denuncio al hospital, a la Comunidad de Madrid y a todo el que sea necesario, porque esa gente no decide sobre mi vida. ¡Lo que faltaba ya! ¿Qué coño pinta un puto sacerdote en un hospital? Siento tan burda expresión, pero es que este tipo de noticias me hierven la sangre.

A ver si en Madrid dejan de votar al facherio del PP y mandan a esta elementa, que es Esperanza Aguirre, a su casa. Y una última cosa, prefiero mil veces a Rajoy, al que detesto, pero que al lado de Esperanza Aguirre, que además de víbora tiene una mentalidad digna de ser considerada del medievo, es hasta moderado.