Quizá no era tan viejo


Al parecer, el avión no era tan viejo como pensé en un principio, por lo que es posible que la razón del accidente sea otra que el que dicho avión estuviera viejo y en mal estado. Supongo que habrá que esperar hasta que se descubran las verdaderas razones.

El avión accidentado se fabricó en 1994 por la empresa McDonnell Douglas y llevaba 32.000 horas de vuelo. “Esto no supone que el aparato estuviera obsoleto porque la media de vida de un avión es de 30 años”, comenta un experto en aviación. Además, en las revisiones que se realizan por horas de vuelo (la última fue el 24 de enero) se sustituye gran parte de las piezas. De hecho todos los componentes tienen una fecha de caducidad. Tras esta última revisión, el avión siniestrado “no había sufrido ninguna incidencia”, asegura Sergio Allart, portavoz de Spanair. La inminente retirada de este modelo se debía al alto consumo de combustible y no a su falta de seguridad.

Aclarado esto, supongo que lo más coherente es esperar a que se sepa más para poder hablar con propiedad y con conocimiento de lo que realmente provocó el terrible accidente del avión en Barajas.

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Asco y repulsión


Ante lo acontecido ayer creo que lo más importante con lo que me quedo, es con la razón de fondo de que estas cosas ocurran. Ya lo han expresado perfectamente, y por lo tanto voy a citar ya que no se me ocurre una mejor forma de decirlo:

La expresión procede de una señora indignada por la catástrofe de ayer en Barajas, porque ese avión nunca debió despegar. Pero la presión implacable de la mejora de resultados económicos de las compañías aéreas ha hecho que otros parámetros más importantes que la rentabilidad pasen a un segundo o tercer puesto en las prioridades. Los pilotos lo llevan denunciando desde hace mucho tiempo y en los mundillos de la aviación civil es tema de conversación frecuente. La compañía propietaria del cacharro que explotó es apodada Spanoir. Los voraces accionistas quieren beneficios a toda costa, cuantos más mejor, y eso obliga a exprimir al máximo a todos: máquinas y personas funcionando al máximo rendimiento con los mínimos costes.

Los ingenieros y técnicos que dieron el OK para el despegue tendrán algo que decir y se les exigirá que lo digan. Pero el diseño de la maquinaria empresarial no es cosa de ellos.

Suena muy antiguo decir “capitalistas de mierda”. Peor aún decir “sistema de mierda”. Hoy toca llorar por las víctimas, tanto los turistas que venían a disfrutar y descansar, como a los que volvían a sus casas o a ver a sus familiares en Gran Canaria. Sentido pésame a todas esas familias destrozadas por el dolor y la rabia. Mañana y los días que siguen habrá tiempo para preguntar por qué despegó ese avión, por qué se autorizó el despegue a esa carraca de mierda.

Pero también habría que resaltar la falta de tacto y la manera morbosa de explotar un suceso tan trágico como el de este avión que ha costado la vida a más de un centenar de personas. Siento asco y repulsión ante la combinación de capitalismo y morbo que a su vez se relaciona con el primero, ya que el morbo se emplea para generar audiencia, porque más audiencia se traduce también en mayores ingresos. Al final todo gira entorno a una misma cuestión, capitalismo, un sistema que sigue cobrándose vidas sin piedad alguna, y que convierte en espectáculo y entretenimiento cualquier suceso, no importando la gravedad del mismo. Todo por el dinero, siempre el maldito dinero.

Tragedia en Barajas


Supongo que a estas horas ya todo el mundo estará enterado del terrible accidente en el aeropuerto de Barajas del vuelo JK5022 de Spanair (código compartido LH255 de Lufthansa) en la ruta Madrid-Gran Canaria, después de intentar despegar por segunda vez tras un problema técnico.

Si se confirma, tal y como comentan algunos, que el avión ya había tenido varias averías, y aún así seguía siendo usado por la compañía aérea, me parece que deberán de buscarse unos cuantos responsables y que esto sirva de ejemplo para que en el futuro algo así no vuelva a ocurrir, porque no se puede permitir que aviones viejos y en mal estado pongan en peligro la vida de cientos de personas.

No puedo más que dar mi más sentido pésame a los familiares y amigos de los fallecidos y desear a los supervivientes toda la suerte del mundo.