En más del 40% de las familias existe poca o nula comunicación entre sus miembros, según se desprende del estudio Jóvenes y Valores de la Obra Social de La Caixa.
Esto no es nada nuevo para mi, yo me crié sin un televisor en casa, y uno de nuestros pasatiempos favoritos (de mis padres y mio) siempre ha sido la discusión, el diálogo, la conversación. Siempre discutimos un sinfín de temas, ya fuera sentados en el salón, en la mesa mientras comíamos, o estando de paseo con el coche… incluso en la cocina. Así sigue siendo, siempre que voy a casa de mis padres las horas se pasan volando mientras hablamos de todo tipo de temas.
Siempre me ha extrañado cuando iba a casa de mis amigos o conocidos, y veía el silencio que reinaba en sus hogares. La única voz que se escuchaba era la del televisor que entretenía a la familia, y cuando esta no estaba encendida, que solía ser más bien un hecho aislado, el silencio inundaba las habitaciones de sus casas. Me resultaba tan extraño aquel panorama. Y aunque me sigue resultando incomprensible, creo saber a que se debe en gran parte este fenómeno: al televisor.

Curiosamente, ya algunos pensadores de la Escuela de Frankfurt hablaban de la televisión desde un punto de vista crítico, y además daban algunas razones que podrían servirnos para entender mejor este fenómeno:



