
Una película que habrá que ir a ver, Fast Food Nation. Lo que me da cierta pena es que en ella se ha creado una empresa de comida rápida ficticia, probablemente para evitar posibles denuncias por parte de estos gigantes del colesterol. Aún así, lo que se expone en ella son sucesos reales contados en el libro que tiene el mismo título.
Al parecer la película no sólo trata la cuestión alimenticia de este tipo de comidas, que todos ya sabemos bien que son un atentado contra nuestro cuerpo, sino también se adentra a cuestiones más delicadas, como la explotación laboral y en general los negocios turbios de estas empresas, que crean el sabor a barbacoa en un laboratorio.
Si es que al final, eso que muchos sospechamos, que los de McDonald’s, Burger King, etc., le echan productos a su comida que las hacen adictivas va a ser verdad. Esto de crear sabores en el laboratorio debe ser un chollo, así nos pueden dar esa porquería de comida, y nosotros decir que a pesar de todo sabe bien. Que rabia me da. Así pueden hacer que los nuggets de pollo, que se hacen prácticamente a partir de piel y grasa de pollo (como demostró Jamie Oliver) tenga un sabor muy rico y que a todos nos habrá gustado comer.




