Lo de la central nuclear de Ascó es un cachondeo. Lo primero es que hubo una fuga de partículas radioactivas, sobre las que nadie dijo nada, ni la Asociación Nuclear Ascó-Vandllòs II (ANAV) ni tampoco el CSN, hasta que Greenpeace dio la voz de alarma. Entonces los de Ascó afirmaron que había algunas partículas rondando por las afueras de la central, pero que, como no podía ser de otra manera, su radioactividad era prácticamente inexistente y no suponían un peligro para la población. Poco después se supo que en la central ya sabían que sus primeras mediciones de la radioactividad no eran ciertas, y que ésta era 100 veces superior a la admitida por los responsables de Ascó. Posteriormente el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) reclasificó el escape radiactivo ocurrido el pasado 5 de abril en la central nuclear de Ascó (Tarragona) para elevarlo al nivel 2 (categoría de «incidente«), de acuerdo a la escala internacional de sucesos internacionales.
A pesar de todo se sigue afirmando que este incidente no tiene mayor gravedad, y que no hay por qué preocuparse. Lo que pasa es que mientras nos dicen esto, el CSN detecta radiación en un camión en Reus procedente de Ascó. No se hasta que punto las partículas radioactivas, que se están dispersando cada vez más, son realmente inofensivas. Lo que está claro es que este incidente, como lo llaman ellos, está teniendo una envergadura mucho mayor de la que en un principio se quiso admitir. De hecho, de no haber sido por Greenpeace, seguramente no habríamos sabido nada acerca de todo este tema.
Yo espero que la cosa quede así. Que realmente sea un incidente que no suponga un peligro mayor tanto para personas como para el medio ambiente. Pero visto lo visto, cómo ha ido ganando en gravedad con el paso de los días, aún dudo que éstas hayan sido las últimas noticias acerca del incidente. El CSN ha anunciado que impondrá una multa de 30 millones de euros a la central nuclear Ascó. Curiosamente ésta ya había sido multada en el año 2002. Esto nos lleva a lo de siempre, los incidentes y los problemas en las centrales nucleares son mucho más frecuentes de lo que a muchos les gustaría admitir.