Imagino que ya todos estarán al tanto de los horribles malos tratos a los que un «hijo de puta» (no hay otra palabra para definirlo) sometió a su perro. Se trata de un sujeto llamado Juan Lado, de una localidad llamada Aguiño, en la que a la mayoría de la población le deben de haber amputado parte del cerebro. De otra manera no se entiende que haya energúmeros, capaces de defender a un salvaje cromañón, que es capaz de pegar tal paliza a un perro que yo no soy capaz de ver siquiera en video.
Es detestable que la ley permita que salvajes de esta calaña puedan tener animales, cuando a quienes se debería de atar a una cadena lo más corta posible es a ellos mismos. Y peor aún me parece que una persona que asesta semejantes golpes a un animal, la única pena que reciba sea una multa de 6.000 euros, y después hay personas que acaban en la cárcel por acciones que no consideraría ni siquiera delinquir. ¡Es una vergüenza!
Recuerdo un episodio que viví en el pueblo en el que crecí. Había un viejo tocado mentalmente después de haber tenido un derrame cerebral, que tenía un cachorro, un perrito muy gracioso y juguetón. Pero dado que el hijo de mala madre no quería que el cachorro jugase, algo totalmente ilógico, le cogía la oreja, se la ponía encima del banco, y con un bastón, golpeaba con la punta del mismo la oreja del pobre cachorrito. Los llantos del perro eran tales que se me revolvían las tripas. Más de una vez tuve ganas que matar a palos al desgraciado del dueño, pero a diferencia de él yo no trato de esa manera a ningún ser vivo.
Me dan asco los maltratadores, da igual el tipo de maltrato que sea. Diría que detesto a los maltratadores de la naturaleza, ya que ésta lo abarca todo, a la naturaleza como tal, pero también a las plantas, los humanos, así como a los animales.
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