Agresiones


Imagino que ya todos estarán al tanto de los horribles malos tratos a los que un «hijo de puta» (no hay otra palabra para definirlo) sometió a su perro. Se trata de un sujeto llamado Juan Lado, de una localidad llamada Aguiño, en la que a la mayoría de la población le deben de haber amputado parte del cerebro. De otra manera no se entiende que haya energúmeros, capaces de defender a un salvaje cromañón, que es capaz de pegar tal paliza a un perro que yo no soy capaz de ver siquiera en video.

Es detestable que la ley permita que salvajes de esta calaña puedan tener animales, cuando a quienes se debería de atar a una cadena lo más corta posible es a ellos mismos. Y peor aún me parece que una persona que asesta semejantes golpes a un animal, la única pena que reciba sea una multa de 6.000 euros, y después hay personas que acaban en la cárcel por acciones que no consideraría ni siquiera delinquir. ¡Es una vergüenza!

Recuerdo un episodio que viví en el pueblo en el que crecí. Había un viejo tocado mentalmente después de haber tenido un derrame cerebral, que tenía un cachorro, un perrito muy gracioso y juguetón. Pero dado que el hijo de mala madre no quería que el cachorro jugase, algo totalmente ilógico, le cogía la oreja, se la ponía encima del banco, y con un bastón, golpeaba con la punta del mismo la oreja del pobre cachorrito. Los llantos del perro eran tales que se me revolvían las tripas. Más de una vez tuve ganas que matar a palos al desgraciado del dueño, pero a diferencia de él yo no trato de esa manera a ningún ser vivo.

Me dan asco los maltratadores, da igual el tipo de maltrato que sea. Diría que detesto a los maltratadores de la naturaleza, ya que ésta lo abarca todo, a la naturaleza como tal, pero también a las plantas, los humanos, así como a los animales.

[tags]Juan Lado, Aguiño, maltrato[/tags]

Buenas preguntas


Mi madre se está leyendo una novela de una autora sueca, Annika Bryn, y el libro se llama, en alemán (es que mi madre es alemana), «Die sechste Nacht«, lo que viene a traducirse como «La sexta noche«. Parece ser que la novela va de un grupo neonazi sueco, que tenían una cabaña en las montañas, y alguien pone una bomba y explota, matando a varios de estos nazis.

Otros tantos siguen con vida, así que medios desorientados andan perdidos a unos quince kilómetros de la cabaña, donde localizaron una casita pintada de blanco. No parecía que hubiera vecinos, así que desconfiados se acercaron, y uno de los supervivientes armado con una piedra afilada que era lo único que tenía, tocó el timbre de la puerta. Después de un rato abrió la puerta una anciana de aspecto débil. La explosión y los disparos la habían despertado. Y había llamado a la policía.

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Recordemos sus palabras


Tyler Durden

Fight Club‘ es bajo mi punto de vista una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo. Es la clase de películas que puedes ver una y otra vez, y nunca te cansarás de ella. Sobre todo por los diálogos, excelentes y tan cargados de ideas que nos invitan a la reflexión y a la autocrítica. Creo que todo aquel que no haya visto este film debería de verlo cuanto antes porque además de invitarte a la reflexión es una película muy entretenida e interesante, de esas que prefieres tener la vejiga a reventar que salir de la sala o pulsar la pausa del mando para ir al baño.

A continuación les dejo algunas de las grandes citas de Tyler Durden en la película:

«¿Sabes lo que es una nórdica? Sí, una manta. ¿Por qué la gente como nosotros sabemos eso? ¿Acaso resulta esencial para nuestra supervivencia en el sentido primitivo de la palabra? No. Entonces, ¿qué somos? Consumidores. Subproductos obsesionados por un estilo de vida. Asesinato, delito, pobreza… son cosas que no me incumben; lo que si me importa son las revistas de famosos, una TV con 500 canales, el nombre de alguien en mi ropa interior, crecepelos, viagra… Sucedáneos.»

«Cada día veo a mi alrededor mucho potencial. Pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. Además la publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra ni una depresión, nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la TV que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos. Y poco a poco lo entendemos. Lo que hace que estemos muy cabreados.»

«No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Prestad atención muchachos, no sois especiales, no sois un copo de nieve único y hermoso, sois de la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Todos formamos parte del mismo montón de estiércol. ¡¡¡Sois la mierda cantante y danzante del mundo!!!»

«Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar.»

Estas frases cuanto menos son geniales. Considero que hay mucha verdad en ellas, y muchas ideas sobre las que la gente en el día a día no reflexiona y no tiene en cuenta.

[tags]Tyler Durden, Fight Club, citas[/tags]

Un estado anárquico


Casi a diario podemos leer las diversas maneras que se le ocurren a gobiernos y empresas para poner diques al mar, para invadir este estado anárquico que se regula prácticamente sólo. Así es internet, un mundo en el que cada uno es libre de expresarse, de contar sus vivencias e ideas, de gritar a los cuatro vientos… Y de manera natural unos reciben más atención que otros, pero a todos se les da la oportunidad de expresar sus concepciones del mundo. Probablemente es internet, un mundo fuera de los límites de lo palpable, un mundo electrónico, virtual, cibernético, del que podríamos aprender muchas cosas acerca de la democrácia y la libertad en nuestra vida real y cotidiana.

Evidentemente internet tiene sus limitaciones, un claro ejemplo es que no todas las personas tienen acceso a la red, aún así cada vez es más fácil poder visualizar sus contenidos. El principal interés que despierta en mi la web es que a través de la misma se posibilita el libre acceso a la cultura, el conocimiento, la información en general. Es la enciclopedia más grande del mundo, en la que podemos incluso comparar varias ideas o criterios acerca de una misma idea. Gracias a esto no estamos, por tanto, limitados por la realidad que nos quieren contar los medios oficiales, pues podemos evadir en cierta medida la uniformización del pensamiento único leyendo, por ejemplo, lo que tiene que contarnos un soldado americano que estuvo en la guerra de Iraq, que vio con sus propios ojos la realidad que se nos oculta en los medios de comunicación de masas.

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El negocio de la caridad


La caridad según el diccionario de la RAE, es entre otras definiciones la limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados; así como la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno. Por ello cuando pensamos en la caridad no se nos ocurre desde un punto de vista ético mezclarlo con los negocios puesto que nos parecería inmoral. La caridad es un acto de compasión con quien sufre, generalmente se supone que no pensamos sacar dinero del mal ajeno. Pero esta idea a pesar de ser muy bonita e idealista, no se corresponde con la realidad. El sufrimiento hace ya mucho tiempo que es un negocio, vease sino la industria farmacéutica; pero cada vez más aspectos de los desastres que ocurren en la vida de las personas son convertidos en negocios muy lucrativos para algunos.

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Racismo en el ABC


Es indignante que un periódico publique un artículo tan racista y xenófobo como el escrito por Antonio Burgos para el ABC, que ha titulado: «Mami, qué avión tiene el negro«. De esta manera y simplemente teniendo en cuenta el título ya podemos intuir las connotaciones racistas que este artículo contiene.

El sujeto firmante dice barbaridades como «que al negro se le trata como si no fuera ilegal» y todo ello porque «al negro se le tapa para que no se resfríe y se le lleva justo donde quiere: a la Península, a España, el país más permisivo con la inmigración ilegal del mundo.» La verdad es que leer estas palabras me produce nauseas.

Pero el autor nos deja otras joyas como las afirmaciones siguientes: «No hay cosa que le guste más a este Gobierno que pagarle un avión a un negro. ¿Que el moreno Kofi Annan quiere darse un paseíto por la muralla real de Israel y del Líbano? Pues nada, negro, mi alma, no te preocupes: España es tan rica y sabe hacer tan bien el panoli en su política exterior, que te convida a avión.»

La verdad es que es vergonzoso que un periódico de tirada nacional publique unas ideas tan xenófobas como éstas, aunque a su vez lo que demuestran es que los sujetos que piensan como Antonio Burgos temen por sus ideales que están viendo reducidos a cenizas, y por eso intentan defenderlos con un último golpe de fuerza que no les servirá de nada, pues son unas máquinas ya obsoletas que pronto dejarán de funcionar.

El país más feliz y ecológico


Una organización británica publica una lista de naciones basadas en la relación entre buena vida de los ciudadanos y respeto a la naturaleza.

Estamos acostumbrados a comparar países en términos comerciales o de riqueza bruta. Algunas naciones se ganan una reputación por su música, logros deportivos, gastronomía o valor turístico. Este informe presenta un modo de medición basado en algo más importante: el éxito o fracaso de los países a la hora de proporcionar una buena vida a sus ciudadanos al tiempo que respeta los recursos naturales limitados de los que depende”. Ésa es la base del Índice del Planeta Feliz, desarrollado por la organización británica New Economics Foundation, y que presenta unos resultados bastante llamativos: el mejor país para vivir es una pequeña isla del Pacífico Sur, Vanuatu. España ocupa el puesto 85º.

El Índice del Planeta Feliz se basa en una sencilla fórmula no matemática: bienestar por esperanza de vida, dividido entre impacto ecológico. El resultado: Vanuatu lidera de la lista (7,4 x 68,6 /1,1 = 68,2), seguido de Colombia (7,2 x 72,4 / 1,3 = 67,2) y Costa Rica (7,5 x 78,2 / 2,1 = 66). En los puestos de cola, Zimbabwe (3,3 x 36,9 / 1,0 = 16,6), Swazilandia (4,2 x 32,5 / 1,1 = 18,4) y Burundi (3,0 x 43,6 / 0,7 = 19). Estados Unidos ocupa el lugar 150º; Portugal, el 136º y Francia el 129º.

El Índice del Planeta Feliz desnuda la economía hasta su concepto más básico: lo que usamos (recursos) y lo que obtenemos (vidas humanas más o menos largas, más o menos felices”, asegura la organización británica, que ha realizado este informe en cooperación con el grupo del mismo país Amigos de la Tierra.

El orden en el que aparecen los países puede que contradiga la intuición, pero eso se debe a que los políticos se han perdido al dejarse guiar por modelo matemáticos abstractos de una economía que tiene poco que ver con el mundo real”, ha declarado uno de los directivos de la organización, Andrew Simms, a la agencia de noticias Reuters.

Yo no se cuan fiable será este estudio, pero al menos es una idea interesante, y alternativa al poco realista PIB.

Más guerra y menos paz


Que el mundo está loco no es una novedad, pero que en un periódo de tiempo tan corto, se de pistoletazo de salida a unas guerras totalmente innecesarias, cuando aún no se ha dejado de lamentar víctimas en la guerra de Iraq, es una noticia abrumadora.

Nos espera un verano plagado de muertes, de sangre que se vierte a los rios y llega a los mares, y en el que nos sentiremos impotentes al ver que una vez más las víctimas de estos conflictos, son en su amplia mayoría personas de carne y hueso, poco preocupadas por la política pues no tienen tiempo para pensar en algo tan abstracto que no da de comer a sus familias. Pero por desgracia, aunque muchos no tienen ni idea de lo que es la política si quiera, ella es la razón de que muchas, pobres gentes, que luchan por sobrevivir, acaben bajo tierra.

Que desagradable es entender que aunque tú, como individuo, quieras vivir en paz, ocupándote de tí y los tuyos, sin inmiscuirte en conflictos, y tener una vida, con sus ya infinitos problemas, lo más tranquila posible, es posible que acabes muriendo por la explosión de una bomba que cae sobre tu techo mientras celebras el cumpleaños de tu hijo. Y todo, tan sólo, porque un (no tengo otra palabra) hijo de puta, político, decida entrar en guerra con el país en el que sobrevives como puedes, o porque quien dirige el país en el que procuras lo mejor para los tuyos, es quien satisface su ego putrefacto envidando a pobres diablos, con el cerebro carcomido a un enfrentamiento bélico asegurando la muerte de decenas, cientos, posiblemente miles de personas que no saben ni bien por qué estan muriendo.

Vivimos en un mundo de locos, en el que parece que unos pocos se empeñan en amargarnos la vida a todos.

Angola


Angola

África es una tierra llena de tragedia y sufrimiento, pero aún así de vez en cuando hay buenas noticias del continente en el que surgió la vida, y me alegra.

Tras 40 años de guerra, Angola ha vuelto a sonreír. Aunque arrastra una herencia brutal -con la tasa más alta del mundo de mortalidad infantil y una esperanza de vida de 38 años-, sus enormes riquezas, petróleo incluido, y la paz han cargado de ilusión a su gente.

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