El negocio de la caridad


La caridad según el diccionario de la RAE, es entre otras definiciones la limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados; así como la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno. Por ello cuando pensamos en la caridad no se nos ocurre desde un punto de vista ético mezclarlo con los negocios puesto que nos parecería inmoral. La caridad es un acto de compasión con quien sufre, generalmente se supone que no pensamos sacar dinero del mal ajeno. Pero esta idea a pesar de ser muy bonita e idealista, no se corresponde con la realidad. El sufrimiento hace ya mucho tiempo que es un negocio, vease sino la industria farmacéutica; pero cada vez más aspectos de los desastres que ocurren en la vida de las personas son convertidos en negocios muy lucrativos para algunos.

La Cruz Roja acaba de anunciar que tiene una nueva asociación con Wal-Mart para responder en caso de desastre. Cuando llegue el próximo huracán, será una coproducción de la megacaridad y el megasupermercado. Esto, aparentemente, es la lección aprendida de la terrible respuesta gubernamental al huracán Katrina: los comercios van mejor con los desastres.

Pero esto no es el principio, la privatización a un nivel superior es un proceso que comenzó a partir de la era Reagan-Thatcher, y ha avanzado por su senda, sin mayores complicaciones. En la actualidad ya vemos los efectos de esta privatización, la vida es para quien pueda pagar por ella, quien no puede, más le vale no enfermar de gravedad o verse envuelto en algún tipo de situación en la que necesite algún tipo de ayuda, porque no la tendrá por no poder costearla. Vease el caso extremo del sistema de salud estadounidense, en el cual los ricos pueden tener acceso al mejor de los tratamientos en ambientes tipo spa, mientras que 46 millones de compatriotas carecen de seguro médico, cuyos costes son tan elevedos se precisan muy buenos trabajos para costearse dicho seguro.

Uno de los ejemplos más trágicos es lo acontecido durante y después de que el huracán Katrina arrasara las costas de los Estados Unidos. Todos nos preguntamos que ha sido de todo ese dinero de donaciones así como el que supuestamente invertiría el Estado en reconstruir las zonas afectadas. La respuesta es que ese dinero se ha filtrado a manos privadas para gastos diversos.

“¿A dónde se fue todo el dinero?”, pregunta la gente desesperada, desde el Golfo Pérsico hasta la costa del Golfo de México. Una gran parte se ha ido a gastos mayores de las corporaciones privadas. Fuera del radar público, se han gastado miles de millones de dólares del erario en infraestructura privatizada de respuesta a desastres: las nuevas oficinas centrales ultramodernas del Grupo Shaw; los batallones de equipo para mover la tierra de Bechtel; un campus en Carolina del Norte de 2 mil 400 hectáreas, de Blackwater USA (con todo y campo de entrenamiento paramilitar y una pista de dos kilómetros).

El origen de esta privatización del desastre ha de buscarse en la abdicación gubernamental de su responsabilidad central de proteger de los desastres a la población. Bajo la administración de Bush, sectores completos del gobierno, y particularmente del Departamento de Seguridad Interna, se han ido transformando en santificadas agencias de empleo temporal, y las funciones esenciales son contratadas de compañías privadas. La idea es que la inversión privada, movida por la obtención de ganancia, siempre es más eficiente que el gobierno.

Estos contratistas pueden conseguir lo que sea, cualquier cosa, pero esto evidentemente tiene un precio. Esta es nuevamente la cara desagradable y detestable del capitalismo asomando descaradamente ante nuestras miradas incrédulas, y seguimos sin creernos que algo así realmente pueda ser verdad. Nos negamos a pensar que en situaciones extremas las personas no se ayudan mutuamente, sin pedir nada a cambio, pero esto es una idea que no cabe en el capitalismo, en el que cualquier cosa se convierte en mercancía, incluso la muerte, la cual muchos no se pueden permitir por ser demasiado pobres.

Estas empresas privadas subcontratadas por el Estado, han sido construidas casi exclusivamente con dinero de contratos públicos, pero sin embargo están en manos privadas. Los contribuyentes por tanto regalan su dinero, desconociendo esta realidad evidentemente, a unas empresas privadas que en caso de alguna catástrofe podrían negarse a prestar servicios a esos mismos contribuyentes, que con sus impuestos han ayudado a la obtención de la infrastructura de la empresa, por el simple hecho de que no tienen el dinero para poder pagar dichos servicios. Creo que esto podría igualmente calificarse de estafa del más alto grado.

Aún en la actualidad el gobierno estadounidense subvenciona y contrata estos servicios para los ciudadanos. Pero el problema es que los Estados Unidos van directos a la quiebra, en parte a estos gastos desmesurados en empresas privadas, así como gastos militares que sobrepasan cualquier grado de imaginación humana. La deuda nacional es de 8 billones de dólares; el déficit del presupuesto federal es de al menos 260 mil millones de dólares. Eso significa que tarde o temprano se van a acabar los contratos. Y nadie sabe eso mejor que las mismas compañías. Ralph Sheridan, director ejecutivo de Good Harbor Partners, una de los cientos de nuevas compañías contraterroristas, explica que “los gastos gubernamentales son esporádicos y llegan como burbujas“.

Cuando las burbujas exploten, firmas como Bechtel, Fluor y Blackwater perderán su fuente de ingresos primaria. Todavía tendrán la habilidad para responder a desastres -mientras que el gobierno habrá dejado que esa valiosa destreza se mengüe-, pero ahora venderán de regreso la infraestructura construida con el erario, al precio que el mercado aguante.

Si continúan las tendencias actuales, he aquí una imagen de lo que podría ocurrir en el no tan distante futuro: viajes en helicóptero desde los techos de ciudades inundadas (5 mil dólares por cabeza sería una tarifa típica para tal servicio; 7 mil dólares por familia, mascotas incluidas), agua embotellada y “alimentos preparados” (50 dólares por persona; caro, pero así está la oferta y demanda) y un catre de refugio con una regadera portátil (muéstrenos su identificación biométrica, creada gracias a un lucrativo contrato con Seguridad Interna, y luego lo rastreamos con la cuenta).

Parece evidente y es de esperar que en un futuro no muy lejano, las catástrofes serán contadas por quienes tengan el dinero para pagar su rescate, quienes no posean el dinero suficiente serán simples bajas, números estadísticos por los que una élite arrogante no se preocupará, como no se ha preocupado por la gente de los barrios más humildes de Nueva Orleans.

[tags]Katrina, economía, negocios[/tags]

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3 pensamientos en “El negocio de la caridad

  1. Los Sacerdotes Jesuitas tienen como sistema, aprovechar que tienen en sus colegios , estudiantes de clase media, y clase alta,para sacarles todo el dinero que puedan,.. lo peor es que los fines no son la caridad, sino la CAPITALIZACION de sus negocios, como lo es el de la educacion..Sus empleados-los profesores- son minuciosamente entrenados para emplear tacticas psicologicas para presionar a los niños..aun a los casi bebes de preescolar..para que donen dinero constantemente,
    Otro pecado de los Jesuitas, es que constantemente condicionan la mente de los estudiantes, a experimentar sentimientos de culpa por la pobreza de otras personas, ,generalmnte Muchachos de clase media,..algunos de clase media baja..que no tienen ninguna culpa del “status quo”,…a ellos se les exige que hagan donativos como si fueran gente rica, ..la mayoria de donativos son para el colegio, utilizado subterfugios como “El dia de la Familia”, una kermesse, donde el colegio de propone obtener aproximadamanet 10,000 dolares de los bolsillos de los padres de familia,libre de impuestos y sin invertir un solo centavo¡¡¡, por otro lado, los jesuitas son amigos intimos de la clase en el poder, de quienes obtienen favores, y trato privilegiado, y donde departen en las mansiones de esta clase poderosa…
    Ellos son dueños de Universidades Privadas, ..encima obtienen millonarias subvenciones del estado de Nicaragua, ..son dueños de Fincas , Haciendas, Colegios, etc.. Fortunas amasadas con el sudor de los Padres de Familia..¡

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