Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional, son dos instituciones que se presentan como justas, como solución a todos los problemas, como la salvación de los más desfavorecidos. Pero la realidad es bien distinta, y por esa razón podríamos afirmar que sería conveniente enjuiciarlas por crímenes contra la humanidad.
Desde que el Banco Mundial otorga préstamos, una gran parte de ellos sirvieron para la aplicación de políticas que perjudicaron a cientos de millones de ciudadanos. ¿Qué se entiende por esto? El Banco, sistemáticamente, privilegió los préstamos destinados a grandes infraestructuras, como inmensas represas, a grandes inversiones en las industrias extractivas de materias primas (por ejemplo, minas de cielo abierto, construcción de numerosos oleoductos y gasoductos), a políticas agrícolas que favorecen el «todo para la exportación» al precio de abandonar la seguridad y la soberanía alimentaria, a la construcción de centrales térmicas que son grandes consumidoras de los bosques tropicales.
Uno de los factores más relevantes en la integración de un país al sistema económico internacional, es precisamente el de promover en los países ya de por sí desfavorecidos estas políticas agrícolas, fomentando de esta manera que estos países no puedan siquiera abastecerse en cuanto a alimentos se refiere, obligándoles a comprar estos en el mercado internacional, a importarlos en definitiva, haciendo que sus deudas no sólo no se reduzcan, sino que aumenten aún más.



