Razones por las que demandar al Banco Mundial


Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional, son dos instituciones que se presentan como justas, como solución a todos los problemas, como la salvación de los más desfavorecidos. Pero la realidad es bien distinta, y por esa razón podríamos afirmar que sería conveniente enjuiciarlas por crímenes contra la humanidad.

Desde que el Banco Mundial otorga préstamos, una gran parte de ellos sirvieron para la aplicación de políticas que perjudicaron a cientos de millones de ciudadanos. ¿Qué se entiende por esto? El Banco, sistemáticamente, privilegió los préstamos destinados a grandes infraestructuras, como inmensas represas, a grandes inversiones en las industrias extractivas de materias primas (por ejemplo, minas de cielo abierto, construcción de numerosos oleoductos y gasoductos), a políticas agrícolas que favorecen el «todo para la exportación» al precio de abandonar la seguridad y la soberanía alimentaria, a la construcción de centrales térmicas que son grandes consumidoras de los bosques tropicales.

Uno de los factores más relevantes en la integración de un país al sistema económico internacional, es precisamente el de promover en los países ya de por sí desfavorecidos estas políticas agrícolas, fomentando de esta manera que estos países no puedan siquiera abastecerse en cuanto a alimentos se refiere, obligándoles a comprar estos en el mercado internacional, a importarlos en definitiva, haciendo que sus deudas no sólo no se reduzcan, sino que aumenten aún más.

Así mismo, el Banco Mundial apoyó, en numerosas ocasiones, a regímenes dictatoriales responsables de crímenes contra la humanidad: dictaduras del Cono Sur de Latinoamérica desde los años sesenta a los ochenta; dictaduras de África (Mobutu desde 1965 hasta su caída en 1997, el régimen de apartheid en Sudáfrica); regímenes del ex bloque soviético, como la dictadura de Ceaucescu en Rumanía; dictaduras del Sureste asiático y del Extremo Oriente, como la de Marcos en Filipinas, desde 1972 hasta 1986, de Suharto en Indonesia, desde 1965 hasta 1998, los regímenes dictatoriales de Corea del Sur (1961-1987), de Tailandia (1966-1988), hasta la actual dictadura china.

Complementariamente, el Banco contribuyó con otros actores a desestabilizar sistemáticamente a gobiernos progresistas y democráticos, suprimiendo toda ayuda, por ejemplo, al gobierno de Sukarno en Indonesia, hasta su derrocamiento en 1965; en Brasil al de Juscelino Kubitshek (1956-1960) y después al de João Goulart (1961-1964), que finalmente fue derrocado por un golpe militar; al gobierno de Salvador Allende (1970-1973) en Chile…

Ya todos sabemos, que cuando a los países poderosos y a las, por ellos creadas, instituciones no están de acuerdo con las políticas llevadas a cabo y los partidos elegidos democráticamente en determinados países, no dudan en hacer todo lo que esté en sus manos para cambiar dicha realidad. A ésta élite no le importa poner fin a una democracia e instaurar una dictadura. Con tal de que el dictador juegue tal y como ellos lo desean, es razón suficiente para imponer a unos ciudadanos libres el yugo y el horror de una dictadura como la de Pinochet, entre otras tantas.

Pero no olvidemos los préstamos que el Banco concedió a las metrópolis coloniales (Bélgica, Reino Unido, Francia…) para la explotación de los recursos naturales de los países que dominaban hasta los años sesenta y que, posteriormente, se transfirieron a la deuda externa de los nuevos Estados independientes. Por ejemplo, el Congo independiente debió asumir el reembolso de la deuda contraída por Bélgica en nombre del Congo Belga. Pasó lo mismo con Kenia, Uganda, Nigeria, Gabón, Mauritania, Argelia, Somalia y las deudas contraídas por los gobiernos de las metrópolis coloniales.

Y luego nos preguntamos por qué África está tan mal, y nos quejamos de que haya algunos africanos que deciden emigrar en busca de algo mejor que el legado que les hemos dejado en sus países de origen.

Hay que mencionar también los préstamos de ajuste estructural otorgados por el Banco Mundial desde los años ochenta. Estos préstamos no estaban destinados a proyectos económicos específicos sino a permitir la realización de políticas globales cuya finalidad es la apertura total de las economías de los países «beneficiarios» a las inversiones e importaciones provenientes de los principales accionistas del Banco. Éste sostiene así una política de desnacionalización de los países asistidos en beneficio de los intereses de una parte de sus miembros, un puñado de países industrializados cuyo modelo se impone a la mayoría de los habitantes y países del planeta. Las múltiples y sucesivas crisis que se produjeron a partir de la «crisis tequila», que golpeó a México en 1994, demostraron el carácter nocivo tanto de los «remedios» estructurales como de los «tratamientos» de choque. Las nuevas prioridades del Banco, tales como la privatización del agua, de la tierra, junto a su reciente negativa de aplicar las recomendaciones de la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas, muestran con claridad que la orientación del Banco no mejora y que nuevas catástrofes sociales se están produciendo y otras se anuncian. En síntesis, potentes tsunamis provocados por la catastrófica intervención del Banco Mundial.

Diría que estas son razones más que suficientes para justificar una demanda al Banco Mundial. Lo que ocurre es que como siempre sus acciones se disimulan, se ocultan al público que observa atónito como su situación empeora con cada día que pasa. La gente en muchos casos ni siquiera se daría cuenta del carácter sistemático y generalizado de las prácticas reprensibles del Banco. Con frecuencia, éstas no aparecen en primer plano puesto que son los gobiernos nacionales los que asumen ante sus ciudadanos las políticas que el Banco Mundial exige. Roban a los ya pobres para enriquecer aún más a los ya ricos, y encima lo hacen ocultándose detrás de otras figuras para apartar la sospecha de su persona. Demandarles sería tan sólo el primer paso, porque detrás viene una avalancha, pero si no la provocamos las cosas seguirán igual, y eso no es precisamente una afirmación positiva.

[tags]Banco Mundial, FMI, economía, capitalismo, demanda[/tags]

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