Moda vs. Ortografía


Desde hace ya un tiempo se ha vuelto a poner de moda de manera concentrada lo de las camisetas con frases, oraciones o simples palabras, pero que en principio pretenden decirnos algo. Evidentemente el inglés es el idioma más usado porque así las camisetas pueden venderse en todo el mundo y posiblemente porque las tonterías que escriben en muchas camisetas no se venderían tanto si la gente entendiese lo que pone.

En las tiendas me he reído con algunas de las frases que adornan camisetas y que la gente se compra sin pensar mucho en la afirmación que relatan a quienes se cruzan con ellos cuando las llevan. Claro que el inglés no siempre lo dominan aquellos que diseñan las camisetas y se llegan a ver algunas cosas que no tienen ningún sentido. Pero una cosa es que no tengan sentido, porque en realidad la gente tampoco le hace mucho caso al significado, el problema está en cuando haces una camiseta con una frase dedicada a los neorevolucionarios y en la misma cometes un error garrafal y no solo la vendes en las tiendas sin ningún problema, sino que además la pones en internet para que todo el mundo lo vea.

A continuación les dejo la foto de la camiseta en cuestión, es de la tienda Blanco, y pueden verla en la página web de la misma, en la sección de ropa para hombre. Fíjense a ver si encuentran el error del que les hablo, aunque supongo que les será muy fácil hacerlo, salta a la vista.

Blanco camisetaEstá claro que me refiero “felling”.  A esta frase, que si no recuerdo mal es de Che Guevara, se le ha amputado todo su significado por un error en la palabra que le habla precisamente a ese sentimiento que describe la segunda parte de la frase. He descubierto que felling hace referencia a la tala de árboles, lo que es un simil divertido con lo que ocurre con esta camiseta, la cual se cae porque al poder de su frase le han talado su significado.

Voy a enviar un email a la gente de Blanco, y les voy a comentar el asunto a ver si me responden siquiera y en caso de hacerlo ver lo que me dicen. Ya les contaré si ocurre algo.

Islamofobia: otra estupidez


La kufiya de la disputa

Los pañuelos inspirados en la kufiya palestina están de moda. Se llevan en todo el mundo y lo hacen toda clase de personas. Escandalizarse por un accesorio que se ha puesto de moda parece algo un tanto desmesurado e incluso absurdo. Pero, qué otra cosa se podría esperar de los sectores más ultras de EEUU, cuando éstos parecen empeñados en sorprendernos cada día con alguna tontería nueva.

Así, un anuncio de Dunkin’ Donuts en el que aparece Rachael Ray, causó el terror y pánico entre los blogueros ultras, y todo porque la presentadora lucía un pañuelo inspirado en la ya citada kufiya palestina. Lo más ridículo del asunto es que la empresa, asustada, decidió retirar el anuncio. Parece como si en Dunkin’ Donuts realmente creyesen que alguien puede confundir a Rachael Ray con una simpatizante de terroristas.

Ante esta sinrazón, el periodista israelí Gershom Gorenberg da la mejor respuesta posible a los adictos a la islamofobia que no ven más que terroristas en todo lo que les suene a árabe:

So Pipes, Michelle Malkin, Geller et al should pay attention: The words alcohol, algebra and algorism are all really Arabic. They are proof of a nefarious Islamic plot to destroy Western society. If the words “43% alcohol” appears on your whiskey bottle, it’s proof that Al-Qaeda has taken over Scotland. If your children are told to study algebra, the school has become a madrassa. All computer programs are part of the cyberwar, because they use algorisms. Don’t just be afraid, if you are a true patriot. Be terrified.

Paseando por las tiendas estrenando ropa


Lo he denunciado en diversas ocasiones, vivimos en un mundo tan sumido en el consumismo que ya no paseamos por calles y paseos sino por centros comerciales y tiendas, ir de tiendas es un pasatiempo, queremos novedades constantes, novedades que dejan de serlo en el mismo momento que están en la bolsa y abandonamos el establecimiento donde las hemos adquirido.

Estrenamos la ropa mientras vamos de compras buscando prendas nuevas que llevar mañana. Si lo llevan los famosos lo queremos tener. Aunque creemos ser más libres que nunca es todo lo contrario, estamos esclavizados hasta cotas insospechadas. Esclavos del consumo, de la moda, de la aceptación, de la imagen, creemos que en ello está la felicidad, y al ver que la supuesta felicidad que nos proporcionaría lo que está en la bolsa no dura más que unos escasos segundos, prácticamente imperceptibles, la prevemos en nuestra siguiente compra, pero en ella tampoco estará.

En una ósmosis casi perfecta las empresas dedicadas a la moda nos han impuesto un modelo, nosotros lo hemos aceptado e incluso lo hemos magnificado generando ahora una presión mayor sobre las empresas, y estas encantadas con ello, fomentan este nuevo modelo, enviando ropa nueva semanalmente o incluso dos veces en semana a sus tiendas para saciar nuestra desmesurada ansia por estrenar y consumir. El capitalismo fomenta este tipo de comportamiento, este tipo de adicción, la falta de control que siempre beneficia a un colectivo concreto, el de los empresarios, que hacen un buen negocio con nuestra esclavitud y nos esclavizan aún más. Somos esclavos del deseo de lo inmediato, y por tanto también de lo caduco, porque lo inmediato tiene una fecha de caducidad inminente, prácticamente instantánea.

Por este deseo descontrolado, del que caemos presos, nos endeudamos para adquirir “cosas” que no nos dan la felicidad, y así somos aún más esclavos, esclavos en busca de la felicidad en el lugar equivocado, abocando nuestra vida a la miseria y al fracaso emocional más obsceno, todo ello patrocinado por nuestras grandes marcas preferidas.

Yo no creo que este mundo de usar y tirar sea un mundo deseable, yo no creo que este consumo desmesurado sea coherente, y tampoco creo que nuestra obsesión por lo nuevo nos lleve a nada bueno, vivimos en un mundo remarcadamente superficial, en el que la ignorancia campa a sus anchas y en el que mientras cada vez somos un poco más esclavos nosotros nos preocupamos tan sólo por consumir y por sumirnos en un estado de ausencia mental, en el que nuestras preocupaciones se reducen a suplir tres o cuatro necesidades muy básicas y poco más, en definitiva una existencia “estupidizada” y lamentable.

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