Reconocimiento del graffiti


Graffiti

Por fin parece que se empieza a aceptar el graffiti como arte y no como vandalismo. A mi personalmente me alegran este tipo de noticias, porque siempre he pensado que muchos graffitis son cuadros que puede disfrutar todo transeute que se pasee al lado del mismo, es arte para el pueblo, una expresión artística que su creador desea compartir con la gente y por lo tanto queda expuesta para todos los que deseen admirarlo al pasar. De esta manera es una pintura mucho más democrática ya que no queda restringida a las soberbias miradas de una élite «esnobista«.

El graffiti es un vehículo de expresión artística y de denuncia social muy extendido entre los jóvenes. El Departamento de Educación del Museo Reina Sofía, de Madrid, consciente de ello, organizó con el Ayuntamiento de Leganés un concurso para festejar los 25 años del Guernica en España. Se presentaron 26 bocetos y los cuatro ganadores se pintaron ayer en ocho horas en el patio de la pinacoteca. Sobre una tabla de 3,51 por 7,82 metros -las dimensiones del lienzo de Picasso-, cada uno realizó su propio homenaje.

El colectivo Boa Mistura reprobó la guerra recordando Hiroshima, Gernika, Madrid y Bagdad con un dibujo realista en el que se entremezclan helicópteros, alambradas, un niño llorando o una mujer tapada; Max501, heredero directo de Muelle, fusionó una copia del cuadro con sus característicos monstruitos (Antoñitos); Brake1, en La guerra lo destruye todo, recreó una noche iluminada por las bombas en un cementerio, y Suso33, impulsor del icono conocido como la plasta o mancha de pintura, ofreció, en TV war entre sangre y petróleo, una imagen desgarradora de una lluvia de sangre sobre una población aterrada.

Tras exponerse unos días en el patio del Museo Nacional Reina Sofía, las obras pasarán a formar parte de la colección del Museo del Graffiti de Leganés.

Un postre guineano


Siempre he pensado que la cocina es una manera excelente de poder viajar a lugares remotos, a través del gusto y disfrutar de sabores hasta ahora desconocidos. En este caso me ha puesto los dientes largos un postre que debe de estar delicioso, y haré en cuanto termine los exámenes.

Se trata de un dulce típico de Guinea, donde habitualmente parece formar parte del desayuno. Son los ‘Buñuelos de plátano‘:

Ingredientes para 4-6 personas:

  • 6 plátanos
  • Harina
  • Levadura en polvo
  • 2 cucharadas de azúcar
  • Una pizca de sal y de pimienta
  • Aceite abundante para freírlos
  • Azúcar glacé para espolvorear

Preparación:

Pelar los plátanos y triturarlos con un tenedor o con las varillas eléctricas en un bol; añadir el azúcar, la sal y la pimienta. Mezclar la harina con la levadura y unir a la crema de plátano poco a poco, porque debe quedar un puré espeso, pero blando, como el puré de patata, y no todas las harinas espesan igual. Tapar el bol con un paño limpio, introducirlo en una bolsa de plástico y colocarlo en un sitio templado de media a una hora para que aumente de tamaño. Calentar el aceite en una sartén profunda. Formar una bola como una nuez con dos cucharas y dejar caer una en el aceite para comprobar el punto: se debe ir al fondo, inflarse de un lado, subir a la superficie, darse la vuelta solo, inflarse del otro lado y dorarse. Deben quedar huecos dentro. Escurrirlos y servirlos espolvoreados de azúcar glas.

Se me está haciendo la boca agua.

Leer


Acabo de leer un excelente artículo de opinión de Rosa Montero en El Pais, que me gustaría poner aquí y compartir con los que quieran leerlo.

Menos mal que, además de guerras y de hambrunas, además de criminales y fanáticos, existen también libros en el mundo. Decía Camus que la literatura era la mejor arma que tenemos los humanos para comunicarnos y para luchar contra el horror y el caos. Pienso en sus palabras estos días, mientras me paseo por la estupenda Feria del Libro de Madrid, atestada de casetas, de viandantes y del maldito polen primaveral. Y recuerdo a John Clyn, aquel humilde monje irlandés que en 1348, durante la Gran Peste que aniquiló en menos de un año a la mitad de la población europea, vio morir uno tras otro a todos sus hermanos de congregación. Antes de caer él también víctima de la enfermedad bubónica, Clyn escribió con todo cuidado el relato de lo sucedido y dejó al final espacio en blanco en su pergamino para que otras manos pudieran continuar su trabajo, «si alguien de la estirpe de Adán sobrevive a la pestilencia». Cuánta esperanza se necesita para hacer algo así en un momento en que parece que el mundo se acaba. Con similar empuje, la pequeña Anna Frank escribía su diario frente a ese otro Apocalipsis provocado por Hitler. Y lo cierto es que, de algún modo, Clyn y Anna vencieron a la peste y a los nazis. Cada vez que leemos sus textos o les recordamos, encendemos una vela contra la oscuridad.

Lectores y escritores (que a su vez también son lectores) formamos una larga cadena a través del tiempo y del espacio, y nos vamos pasando de mano en mano esas pequeñas llamas temblorosas que al final terminan iluminando el mundo. Leer y escribir son actos de reafirmación de la vida. Se trata de un logro colectivo, porque individualmente somos muy poca cosa. Clara Obligado, en su interesante obra La sonrisa de la Gioconda (Temas de Hoy), dice que, si leemos un libro a la semana desde los 10 años hasta los 80, al final sólo habremos leído unos 3.600. ¡Qué pocos! Redoblo el ritmo de mis lecturas, cumpliendo con pasión la cuota que me corresponde como eslabón de esta cadena de palabras. Y por otro lado, y a la luz de estas cifras tan exiguas, ¡qué suerte increíble y qué privilegio que haya personas que leen lo que escribo! A todas y cada una de ellas, muchas gracias.

Sumándome a lo que se expone aquí, también quisiera dar las gracias a quienes leen lo que escribo.

En contra del canon


Llevo mucho tiempo pensando que los sociólogos tienen mala prensa, o incluso directamente no tienen ninguna. Pero al fin veo una noticia donde queda destacada la labor de un sociólogo y es para algo positivo e interesante, y me alegra mucho.

Una comisión de expertos que asesora a Montilla exige el fin del canon. La preside Manuel Castells, que habla claro: «Es injusto e indiscriminado, no frena la piratería y nos hace responsables a todos de ella«. «El canon puede afectar seriamente al desarrollo de la sociedad de la información«.

Esta comisión está integrada además por Jesús Banegas, presidente de la patronal tecnológica Aetic, Amparo Moraleda, presidenta de IBM, y Emilio Ontiveros catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Lo que no me gusta tanto es que en el artículo también se habla de que los expertos dejan claro que no discuten los derechos de propiedad intelectual, pero argumentan que el canon es «injusto». Pero bueno no todos los días es fiesta, y al menos están en contra del canon, algo es algo. Además que íbamos a esperar, que esta gente fuera tan revolucionaria que incluso criticasen los derechos de autor, lo dudo. En tal caso el gobierno no los habría contratado. Pero oye, por algo se empieza.