¿Que pasa con los chicles?


El otro día me puse a pensar que pasa si escupes un chicle al suelo. ¿Cuanto tarda en descomponerse, si es que se llega a descomponer, y si lo hace quedará algo de él pasado el tiempo?

Todos estamos ocustumbrados a ver esas manchones negros de chicles requetepisados en nuestras calles y aceras. En Londres por ejemplo, en la Oxford Street, la principal calle comercial de la capital, existen unas 300.000 de esas manchas redondas tan decorativas. Lo que yo me pregunto es quién habrá sido el pobre diablo que ha contado los chicles pegados, pero bueno eso no es el tema ahora. A mi lo que me interesaba era saber si esos chicles ennegrecidos acaban descomponiéndose o si quedarían ahí para la eternidad, a no ser que alguien se dedique a rasparlos, lo cual es una tarea bastante desagradable.

Busqué en Google, que ahí están todas las respuestas, y encontré algunos datos muy interesantes, no sólo acerca del chicle sino también de otros de nuestros muchos residuos.

Somos casi 6.500 millones de habitantes en este planeta, y el número sigue creciendo, ya que hay un aumento poblacional de 210.000 personas por día. Lo difícil es que producimos 1 kg de basura diaria, por lo que en un día se generan alrededor del mundo 6.500 toneladas de desechos en tan sólo un día. De éstos un amplio número de residuos no son biodegradables y el tiempo que transcurre hasta que podemos hablar de una descomposición al menos parcial puede ser muy prolongado, además de que muchas veces los residuos son altamente contaminantes.


5 años.
Un trozo de chicle masticado se convierte en ese tiempo, por acción del oxígeno, en un material super duro que luego empieza a resquebrajarse hasta desaparecer. El chicle es una mezcla de gomas de resinas naturales, sintéticas, azúcar, aromatizantes y colorantes. Degradado, casi no deja rastro. Bueno pues si que desaparecen, pero 5 años son muchos años. La de chicles que se pueden escupir al suelo en 5 años, y de cuantos libros de familia nos podemos acordar en ese tiempo cuando pisamos de pleno uno de esos pegajosos residuos que nos pueden amargar la mañana.


10 años
Ese es el tiempo que tarda la naturaleza en transformar una lata de refresco o de cerveza al estado de óxido de hierro. Por lo general, las latas tienen 210 micrones (Micrón, medida de longitud que equivale a la millonésima (10-6) parte del metro) de espesor de acero recubierto de barniz y de estaño. A la interperie, hacen falta mucha lluvia y humedad para que el óxido la cubra totalmente.


100 a 1.000 años
Las botellas de plástico son las más rebeldes a la hora de transformarse. Al aire libre pierden su tonicidad, se fragmentan y se dispersan. Enterradas, duran más. La mayoría está hecha de tereftalato de polietileno (PETE), un material duro de roer: los microorganismos no tienen mecanismos para atacarlos.


1.000 años
Los vasos descartables de polipropileno contaminan menos que los de poliestireno -material de las cajitas de huevos-. Pero también tardan en transformarse. El plástico queda reducido a moléculas sintéticas; invisibles pero siempre presentes.


300 años
La mayoría de las muñecas articuladas son de plástico, de los que más tardan en desintegrarse. Los rayos ultravioletas del Sol sólo logran dividirlo en moléculas pequeñas. Ese proceso puede durar cientos de años, pero desaparecen de la faz de la Tierra.


200 años
Las zapatillas están compuestas por cuero, tela, goma y, en algunos casos, espumas sintéticas. Por eso tienen varias etapas de degradación. Lo primero que desaparece son las partes de tela o cuero. Su interior no puede ser degradado: sólo se reduce.


1 a 2 años
Bajo los rayos del Sol, una colilla con filtro puede demorar hasta dos años en desaparecer. El filtro es de acetato de celulosa y las bacterias del suelo, acostumbradas a combatir materia orgánica, no pueden atacarla de entrada. Si cae en el agua, la desintegración es más rápida, pero más contaminante.


3 a 4 meses
Los tickets de guagua (autobús) u otros medios de transporte deben ser los objetos que más se arrojan al piso. En ese destino final encuentran rápidamente el camino para desaparecer. La lluvia, el Sol y el viento los afectan antes de ser presas de bacterias o de hongos del suelo. Si lo pilla una lluvia fuerte se disuelve en celulosa y anilinas.


4.000 años
La botella de vidrio, en cualquiera de sus formatos, es un objeto muy resistente. Aunque es frágil porque con una simple caída puede quebrarse, para los componentes naturales del suelo es una tarea titánica transformarla. Formada por arena y carbonatos de sodio y de calcio, es reciclable en un 100%.


30 años
Los envases tetra-brik no son tan tóxicos como uno imagina. En realidad, el 75 % de su estructura es de a (celulosa), el 20 de polietileno puro de baja densidad y el 5 por ciento de aluminio. Lo que tarda más en degradarse es el aluminio. La celulosa, si está al aire libre, desaparece en poco más de 1 año.


Más de 1.000 años
Sus componentes son altamente contaminantes y no se degradan. La mayoría tienen mercurio, pero otras también pueden tener cinc, cromo, arsénico, plomo o cadmio. Pueden empezar a descomponerse después de 50 años al aire libre. Pero permanecen como agentes nocivos.


150 años
Las bolsas de plástico, por causa de su mínimo espesor, pueden transformarse más rápido que una botella de ese material. Las bolsitas, en realidad, están hechas de polietileno de baja densidad. La naturaleza suele entablar una «batalla» dura contra ese elemento. Y por lo general, pierde.


30 años
Es uno de los elementos más polémicos de los desechos domiciliarios. Primero porque al ser un aerosol, salvo especificación contraria, ya es un agente contaminante por sus CFC (clorofluorocarbonos). Por lo demás, su estructura metálica lo hace resistente a la degradación natural. El primer paso es la oxidación.


100 años
Junto con el plástico y el vidrio, el telgopor no es un material biodegradable. Está presente en gran parte del embalaje de artículos electrónicos. Y así como se recibe, en la mayoría de los casos, se tira a la basura. Lo máximo que puede hacer la naturaleza con su estructura es dividirla en moléculas mínimas.


1 año
El papel, compuesto básicamente por celulosa, no le da mayores problemas a la naturaleza para integrar sus componentes al suelo. Si queda tirado sobre tierra y le toca un invierno lluvioso, no tarda en degradarse. Lo ideal, de todos modos, es reciclarlo para evitar que se sigan talando árboles para su fabricación.


Más de 100 años
Los corchos de plástico están hechos de polipropileno, el mismo material de las pajitas y envases de yogur. Se puede reciclar más fácil que las botellas de agua mineral (que son de PVC, cloruro de polivinilo) y las que son de PETE (tereftalato de polietileno).


30 años
La aleación metálica que forma las tapitas de botellas puede parecer candidata a una degradación rápida porque tiene poco espesor. Pero no es así. Primero se oxidan y poco a poco su parte de acero va perdiendo resistencia hasta dispersarse.


100 años
De acero y plástico, los mecheros se toman su tiempo para convertirse en otra cosa. El acero, expuesto al aire libre, comienza a dañarse y enmohecerse levemente después de 10 años. El plástico, en ese tiempo, ni pierde el color.

Fuente: barrameda.com.ar

Todos contra el pueblo


Una de las cosas que más rabia me da es que se habla mucho de la democracia existente en el mundo occidental, pero a la hora de la verdad aquí también se hace lo que quieren unos pocos sin tener en cuenta al pueblo, a los ciudadanos o como nos quieran llamar.

A los políticos sólo les interesamos para que les votemos, una vez han salido elegidos gobiernan al pueblo pero sin el pueblo. Muestra de ello son los ya famosos casos del puerto de Granadilla en Tenerife y la macro autopista de Ibiza. Pero se podrían sumar también todos los atentados contra la libertad ciudadana llevados a cabo por organismos como la SGAE y aprobadas por un gobierno que claramente atenta contra los intereses de los ciudadanos. Y así tenemos un sinfín de ejemplos.

No queremos estúpidas construcciones que rompen más aún si cabe nuestro medio ambiente, que son totalmente innecesarias, y que además solo sirven para que unos pocos, que ya están podridos en dinero, se pudran más aún si cabe, mientras a nosotros nos cuesta cada vez más llegar a fin de mes. Actualmente cada vez que nace una fruta cae ya sobre podrido.

El mundo está mal repartido, y el poder en manos de unos pocos que además no están de parte de las personas sino de la economía que es la que realmente gobierna el mundo, y mientras esto siga siendo así seguiremos siendo esclavos en una pseudodemocracia que deja mucho que desear, ya que el dinero es un ente sin vida, una simple ilusión mientras que las vidas humanas son una realidad que sufre las consecuencias de ese eterno amor al dinero.

En el fondo lo único que hacen es soltarnos un poco más la correa para darnos la impresión de libertad, pero la cuerda que nos ata está ahí, y si intentamos caminar libremente en algún momento se tensa y nos devuelve a la cruda realidad que es vivir sin libertad.

Lo que se vio


Yo la verdad es que no vi nada del eclipse ya que no tenía gafas de esas y no tenía ganas de quedarme ciego por mirar al Sol, pero me han gustado las fotos que he podido ver a través de internet de este fenómeno:

Así se podía ver en la mayor parte de Europa, con cierta variación, pero en principio algo similar a esto.


Esta imagen en cambio sólo fue visible en un estrecha franja que cruza diversos países de África, entrando al continente por Costa de Marfil y saliendo por Egipto, pasando después por Turquía y países de la región del Cáucaso y Siberia.

La caza de focas


El Gobierno canadiense permitirá cazar este año en sus aguas 325.000 focas. Esta práctica me parece de lo más aberrante, me produce tal indignación que no puedo remediar sentir ganas de llevar a cabo la misma práctica con los cazadores de estas pobres criaturas, pero por suerte para ellos yo se que ese no es el camino.

Me parece muy triste que los humanos seamos tan bestias y desgraciados para realizar actos tan salvajes como estos. Una cosa es que una persona vaya a cazar porque tiene que comer, que es algo natural y también sucede en la naturaleza, los animales se cazan y son cazados, pero en una medida razonable, es el ciclo de la vida, pero que se mantiene dentro de una franja de coherencia. Pero es que los humanos somos una plaga que convierte toda esta actividad en una salvajada. No solo es detestable esta matanza de focas y la manera en que se asesinan, también lo son los «cultivos» de gallinas, cerdos y vacas y otro tipo de animales que se meten en jaulas diminutas con luces de neón y se alimentan con hormonas.

El hombre no tiene ningún respeto por su entorno, por la coherencia, por la convivencia con el medio ambiente, y algún día le pasará factura. No me parece normal lo que hacemos, no necesitamos comer carne todos los días y a todas horas, no necesitamos meter a las gallinas en jaulas en las que no se pueden ni mover, darles hormonas y no apagarle nunca las luces para que dejen de ser animales y se conviertan a máquinas de poner huevos y de engordar para que nosotros las podamos empalar y poner a girar en restaurantes y pollerías. Y esto vale para todo el resto de animales, que parece que son más civilizados que nosotros que nos atrevemos a utilizar la palabra animal como insulto, cuando lo insultante es ser de la misma especie que estos humanos que llevan a cabo prácticas salvajes como éstas.

Volviendo al tema de las focas, si tú también crees que es una barbaridad, puedes enviarle un e-mail al Primer Ministro canadiense, quizá algún día nos hagan caso.

Apátrida y ateo


Yo soy apátrida y ateo y además no creo que el capitalismo sea la manera de hacer las cosas. Menudo cocktail, ¿no les parece? Pero bueno ya hablaré de esto con un poco más de detalle en otro momento. Ahora y debido a mi falta de tiempo ya que tengo que estudiar, solo quería dejarles aquí uno de los textos de la columna de Frank T en 20minutos, que demuestran que no soy el único apátrida, y además refleja bastante bien lo que yo pienso de todo esto, que es que todo esto de la patria y el nacionalismo es una chorrada.

Soy apátrida y no siento aquello tan grande que sentís,
no me explicaron cómo hay que sentirse por ser de un país,
parece que ahora no saben ni definirlo los patriotas.
Quizás el patriotismo sea un concepto para idiotas.
¿Un país es lo mismo que un Estado o una región?
¿Una región sólo pertenece a un país o a una nación?
¿España es un país o es un Estado de naciones?
Llamar Estado a una región podría originar discusiones,
y que otras regiones no consideradas por el país como naciones,
pidieran que se las denomine estados con las mismas condiciones.
Si a Cataluña le dan seis, ¿Por qué Extremadura ha de tener cuatro?
¿Por qué tal vez a una región no se la pueda dar el mismo trato?
Si uno es región, otro es nación y sois del mismo país
podríais llamaros compatriotas, aunque de algún modo mentís.
Y es que Zapatero sólo desea un nuevo modelo de Estado,
¿que pueden estar juntos pero como países separados?
¿o tal vez naciones, o yo qué sé? si es que es normal que me líe, si un apátrida como yo ante estas cosas sólo sonríe.

Unos con tanto y otros con tan poco


Vivimos en un mundo en el que todo está muy descompensado. Nosotros sobrealimentados occidentales nos permitimos el lujo de tirar comida a la basura y de quejarnos de no poder comer más de lo llenos que estamos. La gula es un pasatiempo que no nos causa remordimiento alguno. Tenemos que hacer dieta para no engordar, morimos de tanta comida grasienta que nos obstruye las venas, mientras, en otras partes de este mundo, hay gente que vive una situación totalmente contraria a la nuestra, ellos no tienen ni fuerza para quejarse del hambre que probablemente les cause la muerte.

Yo me pregunto muchas veces: ¿cómo es posible con toda la comida que hay, que haya personas pasando hambre? Y es que si hacemos un cálculo lógico veremos que hay suficiente para todos, el problema está en que no se comparte.

En occidente millones de personas pueden comer 5 y 6 veces al día y en cada comida pueden elegir entre un montón de platos diferentes, y encima se pueden permitir el lujo de dejar gran parte del menú en el plato, restos que acabarán en la basura junto a todo aquello que los restaurantes y bares no consiguen vender. Siendo coherentes veremos que nosotros no necesitamos tanta comida, y repartiéndola de manera equitativa aún podríamos elegir y optar entre distintos platos, pero en vez de ser sólo una parte del mundo la que disfruta de los placeres de la comida mientras la otra mira desconsolada y muere por no recibir ni las migas, ser todos los que podamos celebrar este acto social que es comer junto a nuestros seres queridos. Además repartiendo el alimento posiblemente nosotros, occidentales, nos pongamos un poco más fibrosos y perdamos esos michelines y lonchas de carne que nos sobran por todos sitios, y aquellos que por su extrema delgadez debido al hambre, cuya piel denota su esqueleto dejen de estar al filo de la muerte y puedan volver a tener el cuerpo y peso que una persona requiere para tener una salud estable. De esta manera todos estaríamos en nuestro peso ideal y el hambre no sería un problema en el mundo.

Llámenme idealista, utópico, soñador, pero creo firmemente en que es posible, querer es poder, y si lo pensamos seriamente hay suficiente para todos y aún así sigue sobrando un montón.

Comemierda


¿Quieres dirigir un McDonald’s? ¿Plantar soja transgénica, darle hormonas a las vacas, contratar políticos corruptos, mentir en informes nutricionales…? Ahora puedes ser tú quien gane una fortuna vendiendo mierda a precio de oro en este juego que nos permite controlar toda la cadena de producción de un McDonald’s. Sobra decir que este juego no ha sido creado por la empresa, y los creadores dicen que es una caricatura, pero a mi no se por qué me da que es para que no les monten un pollo.

Ni voz ni voto


Progresamos en la historia, el progreso en general es una creencia y una realidad para la mayoría de los ciudadanos. Tristemente podemos hablar de dicho progreso en lo que a tecnología y la ciencia se refiere, creo que no cabe duda, pero en el resto de ámbitos o seguimos igual que hace siglos, o incluso parece que vamos hacia atrás.

Nuestra vida cada vez está más regulada. Para cada paso que damos hay una ley que nos dice como hemos de hacerlo y precisamente es la manera de la que nosotros no queremos darlo. Nuestras libertades quedan restringidas por unos pocos que nos gobiernan de una manera que no es como nosotros deseamos ser gobernados, porque no queremos ser gobernados. No digo que no queramos organización, la cual es positiva, pero no deseamos estar por debajo de nadie aunque por desgracia muchos quieren estar por encima de nosotros. Pero esto no sería un problema si ignorásemos a estos que pretenden colocarse en un escalón superior al resto. Somos muchos contra unos pocos, no tendrían nada que hacer, serían unos pobres locos.

El problema es nuestra pasividad, dejamos que las cosas pasen y nos amoldamos a ellas aunque no nos gusten y dejamos que nos manipulen sin hacer nada para remediarlo. Luchamos por cada céntimo para llegar a fin de mes, procuramos no cambiar los billetes de 10 euros porque una vez cambiado desaparece de la mano en un tiempo acelerado. Comer en un restaurante o bar es un lujo que no nos podemos permitir. Cada vez se tiene que trabajar más duro para mantener un puesto de trabajo que incrementa en precariedad y luego el poco tiempo que queda para el ocio tampoco lo podemos disfrutar como es debido porque además del agotamiento las posibilidades de distracción que nos dan se han convertido en un lujo que la mayoría no se puede permitir.

Muchas personas son despedidas, sus puestos de trabajo son eliminados porque la empresa «necesita» reducir plantilla por cuestiones económicas, pero para estas personas la vida sigue siendo igual de cara mientras tiene que luchar, muchas veces de manera frustrada, por conseguir un nuevo puesto de trabajo.

El asunto es complejo porque por un lado la sociedad está sumida en un egoismo singularmente fuerte que es claramente un efecto del sistema capitalista cuya ideología se contagia a todo como si de un virus se tratase. Es por ello que las personas están tan poco interesadas en agruparse y luchar porque en el caso de emplear sus fuerzas en lograr algo, lo hacen para alcanzar algo que es tan sólo para ellos, no lo hacen pensando en otros, aunque quizá su lucha pueda beneficiar a terceras personas, pero esto no es un aspecto que ellos tengan en cuenta ni les interese, sería más bien una «ayuda colateral». Por otro lado hay fuerzas que lucha por una mayor igualdad, como puede ser la «igualdad» entre hombres y mujeres, lo cual está muy bien. Pero en esa lucha por la igualdad se descuida de alguna manera la libertad, ya que se lucha porque a hombres y mujeres nos paguen lo mismo, algo que es justo, pero se descuida que una vez igualados nuestros sueldos y puestos de trabajo seguirán siendo igual de míseros. Seremos iguales pero en un estado de miseria, juguetes de la mala fortuna, seguirán sin hacernos caso e ignorándonos a todos por igual pero al fin y al cabo ignorándonos. Por ello es importante que luchemos por la igualdad pero sin descuidar la libertad, la libertad de vivir en un mundo en el que seamos igualmente libres y no marionetas de los intereses económicos de unos pocos.

En la actualidad los dirigentes políticos hacen todo aquello que nosotros no queremos que hagan, y sin disimular de modo alguno que lo que les mueve a hacerlo son unos claros intereses económicos de los cuales se benefician directamente unos cuantos empresarios y accionistas, y de una manera muy secundaria embolsan los políticos que no son más que meros empleaduchos de las grandes empresas. Lo triste es que los que sufrimos las nefastas consecuencias de sus decisiones erróneas, pero deliberadamente erróneas, somos nosotros los ciudadanos. Un buen ejemplo de ello es que nos opusimos a una intervención bélica en Irak, pero aún así se llevó a cabo, y los que murieron después por la gracia, a causa de una bomba colocada por terroristas de Al Qaeda fueron los ciudadanos, no el sinvergüenza que decidió participar en dicha invasión.

Y la cosa continúa, porque se nos niega la utilización de energías renovables o alternativas no contaminantes para conservar este planeta en un estado agradable para las futuras generaciones porque unos pocos se llenan los bolsillos con fuentes engergéticas tan nefastas como es el petróleo y el gas, mientras nosotros pagamos cada vez más por la gasolina y nuestra salud se ve mermada de manera drástica. Aquellos inventos que realmente podrían ser revolucionarios desde el punto de vista ecológico y económico también son boicoteados porque benefician al ciudadano pero no al empresario, y demostrarían claramente que la existencia de éste realmente no tiene sentido. Nos condenan a unos puestos de trabajo precarios para tenernos de esta manera a su merced haciendo lo que sea para que al menos nos dejen trabajar tres meses para tener algo que llevarnos a la boca; la vivienda está por las nubes y los alquileres un tanto de lo mismo, por lo que tener un techo bajo el cual sentirse protegido es cada vez más difícil, ya que los sueldos son míseros pero el valor de vivir entre cuatro paredes va en aumento. Los precios de la comida incrementa sobre todo después de la entrada del euro con el redondeo. Si queremos alimentarnos de manera sana más cara es la cesta de la compra, las verduras, la fruta,… ¡por las nubes! Si fuera que los artículos de lujo, o sea, aquellos que no necesariamente precisamos, tuvieran un coste elevado sería una cosa, pero es que productos de primera necesidad como puede ser la fruta y la verdura se están convirtiendo en un lujo para un número cada vez más elevado de personas.

Como he dicho en varias ocasiones creo que estamos en un punto muy importante en la historia de la humanidad, estamos en un punto de cambio, de convulsión, por ello hay tantas contradicciones, tanto revuelo de unos que tiran de la cuerda en una dirección y otros en otra, y otros muchos que están en medio sin saber hacía que lado tirar. Pero la cuestión es tirar para el lado que es mejor para nosotros, la mayoría, los ciudadanos, y no para el lado que nos pone en una situación aún peor, a total merced de las multinacionales y sus dirigentes.

Creo que hemos llegado a un punto en el que no podemos seguir permitiendo que nos manipulen como si fuéramos una masa inepta sin voz ni voto, porque una empresa no es nada sin los trabajadores, puede cerrar sus puertas, por lo tanto va siendo hora de que tomemos conciencia de nuestro poder y dejemos de tener miedo al «poderoso» que tan sólo lo es porque se lo hemos permitido, porque realmente el poder lo tenemos todos, y todos al fin y al cabo deseamos unas cosas muy básicas y elementales que son: algo que comer y no pasar hambre, tener un techo bajo el cual sentirnos «en casa», salud, felicidad, paz y tranquilidad; y todo eso parece que nos lo quieren negar y quitar dándonos gato por liebre, engañándonos con una pseudofelicidad a través de cosas materiales que ni siquiera son nuestras pues requerimos préstamos e hipotecas sobre el dinero ya prestado y las hipotecas ya pedidas con anterioridad, y así a la vez que somos infelices en nuestra ciberfelicidad estamos esclavizados en un sistema económico que nos chupa la sangre mientras nos aferramos al televisor que nos muestra lo fracasados que somos y nos deja claro que la culpa es sólo nuestra porque los que han logrado triunfar en Hollywood tuvieron las mismas oportunidades que nosotros pero en nuestro caso las hemos desaprovechado porque somos unos vagos inútiles.

Que triste que cuatro simplones estén cambiando fértiles tierras, mares y ríos llenos de vida, bosques que nos proporcionan una aire puro y fresco… por algo que no se puede comer, ni beber, ni disfrutar con ninguno de nuestros sentidos, como es el dinero que a fin de cuentas está resultando ser el invento más estúpido del hombre, pues como ya decía el indio sabio: «cuando el último río esté seco, el último pez muerto y el último árbol cortado, entonces se darán cuenta de que el dinero no se puede comer», la pena es que si no lo comprendemos antes de que ese momento llegue ya será demasiado tarde.

Tres dimensiones


A muchos, al igual que a mi, les habrán enviado un mail con algunos de los dibujos en tres dimensiones que hace el ya famoso Julian Beever. El Picasso de las aceras, lleva dedicándose más de diez años a esto de hacer las calles más divertidas y artísticas utilizando la técnica de la anamorfosis mediante la cual crea esa ilusión de tridimensionalidad.

Además de hacer estas increíbles obras de arte que confunde a los transeuntes, también pinta murales, y réplicas, incluso le han contratado para trabajar en la rama de la publicidad y el marketing. Ha trabajado en el Reino Unido, él es británico, al igual que lo ha hecho en Bélgica, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos y Australia.

Siempre he pensado que este tipo de actividades se deberían de potenciar, las calles, sobre todo de las ciudades, tienen más encanto cuando hay mimos, caricaturistas, actores, músicos, pintores como Beever, etc. Estas personas hacen que el cemento inerte se torne vivo, que las personas prefieran pasear que quedarse pegados al televisor, que la ciudad muestre su lado más humano. Son la expresión de que sigue habiendo vida detrás del estrés, del prozac, de la alienación y de todas estas enfermedades del capitalismo que a veces desvanecen a los humanos tornados en máquinas.