Ni voz ni voto


Progresamos en la historia, el progreso en general es una creencia y una realidad para la mayoría de los ciudadanos. Tristemente podemos hablar de dicho progreso en lo que a tecnología y la ciencia se refiere, creo que no cabe duda, pero en el resto de ámbitos o seguimos igual que hace siglos, o incluso parece que vamos hacia atrás.

Nuestra vida cada vez está más regulada. Para cada paso que damos hay una ley que nos dice como hemos de hacerlo y precisamente es la manera de la que nosotros no queremos darlo. Nuestras libertades quedan restringidas por unos pocos que nos gobiernan de una manera que no es como nosotros deseamos ser gobernados, porque no queremos ser gobernados. No digo que no queramos organización, la cual es positiva, pero no deseamos estar por debajo de nadie aunque por desgracia muchos quieren estar por encima de nosotros. Pero esto no sería un problema si ignorásemos a estos que pretenden colocarse en un escalón superior al resto. Somos muchos contra unos pocos, no tendrían nada que hacer, serían unos pobres locos.

El problema es nuestra pasividad, dejamos que las cosas pasen y nos amoldamos a ellas aunque no nos gusten y dejamos que nos manipulen sin hacer nada para remediarlo. Luchamos por cada céntimo para llegar a fin de mes, procuramos no cambiar los billetes de 10 euros porque una vez cambiado desaparece de la mano en un tiempo acelerado. Comer en un restaurante o bar es un lujo que no nos podemos permitir. Cada vez se tiene que trabajar más duro para mantener un puesto de trabajo que incrementa en precariedad y luego el poco tiempo que queda para el ocio tampoco lo podemos disfrutar como es debido porque además del agotamiento las posibilidades de distracción que nos dan se han convertido en un lujo que la mayoría no se puede permitir.

Muchas personas son despedidas, sus puestos de trabajo son eliminados porque la empresa “necesita” reducir plantilla por cuestiones económicas, pero para estas personas la vida sigue siendo igual de cara mientras tiene que luchar, muchas veces de manera frustrada, por conseguir un nuevo puesto de trabajo.

El asunto es complejo porque por un lado la sociedad está sumida en un egoismo singularmente fuerte que es claramente un efecto del sistema capitalista cuya ideología se contagia a todo como si de un virus se tratase. Es por ello que las personas están tan poco interesadas en agruparse y luchar porque en el caso de emplear sus fuerzas en lograr algo, lo hacen para alcanzar algo que es tan sólo para ellos, no lo hacen pensando en otros, aunque quizá su lucha pueda beneficiar a terceras personas, pero esto no es un aspecto que ellos tengan en cuenta ni les interese, sería más bien una “ayuda colateral”. Por otro lado hay fuerzas que lucha por una mayor igualdad, como puede ser la “igualdad” entre hombres y mujeres, lo cual está muy bien. Pero en esa lucha por la igualdad se descuida de alguna manera la libertad, ya que se lucha porque a hombres y mujeres nos paguen lo mismo, algo que es justo, pero se descuida que una vez igualados nuestros sueldos y puestos de trabajo seguirán siendo igual de míseros. Seremos iguales pero en un estado de miseria, juguetes de la mala fortuna, seguirán sin hacernos caso e ignorándonos a todos por igual pero al fin y al cabo ignorándonos. Por ello es importante que luchemos por la igualdad pero sin descuidar la libertad, la libertad de vivir en un mundo en el que seamos igualmente libres y no marionetas de los intereses económicos de unos pocos.

En la actualidad los dirigentes políticos hacen todo aquello que nosotros no queremos que hagan, y sin disimular de modo alguno que lo que les mueve a hacerlo son unos claros intereses económicos de los cuales se benefician directamente unos cuantos empresarios y accionistas, y de una manera muy secundaria embolsan los políticos que no son más que meros empleaduchos de las grandes empresas. Lo triste es que los que sufrimos las nefastas consecuencias de sus decisiones erróneas, pero deliberadamente erróneas, somos nosotros los ciudadanos. Un buen ejemplo de ello es que nos opusimos a una intervención bélica en Irak, pero aún así se llevó a cabo, y los que murieron después por la gracia, a causa de una bomba colocada por terroristas de Al Qaeda fueron los ciudadanos, no el sinvergüenza que decidió participar en dicha invasión.

Y la cosa continúa, porque se nos niega la utilización de energías renovables o alternativas no contaminantes para conservar este planeta en un estado agradable para las futuras generaciones porque unos pocos se llenan los bolsillos con fuentes engergéticas tan nefastas como es el petróleo y el gas, mientras nosotros pagamos cada vez más por la gasolina y nuestra salud se ve mermada de manera drástica. Aquellos inventos que realmente podrían ser revolucionarios desde el punto de vista ecológico y económico también son boicoteados porque benefician al ciudadano pero no al empresario, y demostrarían claramente que la existencia de éste realmente no tiene sentido. Nos condenan a unos puestos de trabajo precarios para tenernos de esta manera a su merced haciendo lo que sea para que al menos nos dejen trabajar tres meses para tener algo que llevarnos a la boca; la vivienda está por las nubes y los alquileres un tanto de lo mismo, por lo que tener un techo bajo el cual sentirse protegido es cada vez más difícil, ya que los sueldos son míseros pero el valor de vivir entre cuatro paredes va en aumento. Los precios de la comida incrementa sobre todo después de la entrada del euro con el redondeo. Si queremos alimentarnos de manera sana más cara es la cesta de la compra, las verduras, la fruta,… ¡por las nubes! Si fuera que los artículos de lujo, o sea, aquellos que no necesariamente precisamos, tuvieran un coste elevado sería una cosa, pero es que productos de primera necesidad como puede ser la fruta y la verdura se están convirtiendo en un lujo para un número cada vez más elevado de personas.

Como he dicho en varias ocasiones creo que estamos en un punto muy importante en la historia de la humanidad, estamos en un punto de cambio, de convulsión, por ello hay tantas contradicciones, tanto revuelo de unos que tiran de la cuerda en una dirección y otros en otra, y otros muchos que están en medio sin saber hacía que lado tirar. Pero la cuestión es tirar para el lado que es mejor para nosotros, la mayoría, los ciudadanos, y no para el lado que nos pone en una situación aún peor, a total merced de las multinacionales y sus dirigentes.

Creo que hemos llegado a un punto en el que no podemos seguir permitiendo que nos manipulen como si fuéramos una masa inepta sin voz ni voto, porque una empresa no es nada sin los trabajadores, puede cerrar sus puertas, por lo tanto va siendo hora de que tomemos conciencia de nuestro poder y dejemos de tener miedo al “poderoso” que tan sólo lo es porque se lo hemos permitido, porque realmente el poder lo tenemos todos, y todos al fin y al cabo deseamos unas cosas muy básicas y elementales que son: algo que comer y no pasar hambre, tener un techo bajo el cual sentirnos “en casa”, salud, felicidad, paz y tranquilidad; y todo eso parece que nos lo quieren negar y quitar dándonos gato por liebre, engañándonos con una pseudofelicidad a través de cosas materiales que ni siquiera son nuestras pues requerimos préstamos e hipotecas sobre el dinero ya prestado y las hipotecas ya pedidas con anterioridad, y así a la vez que somos infelices en nuestra ciberfelicidad estamos esclavizados en un sistema económico que nos chupa la sangre mientras nos aferramos al televisor que nos muestra lo fracasados que somos y nos deja claro que la culpa es sólo nuestra porque los que han logrado triunfar en Hollywood tuvieron las mismas oportunidades que nosotros pero en nuestro caso las hemos desaprovechado porque somos unos vagos inútiles.

Que triste que cuatro simplones estén cambiando fértiles tierras, mares y ríos llenos de vida, bosques que nos proporcionan una aire puro y fresco… por algo que no se puede comer, ni beber, ni disfrutar con ninguno de nuestros sentidos, como es el dinero que a fin de cuentas está resultando ser el invento más estúpido del hombre, pues como ya decía el indio sabio: “cuando el último río esté seco, el último pez muerto y el último árbol cortado, entonces se darán cuenta de que el dinero no se puede comer”, la pena es que si no lo comprendemos antes de que ese momento llegue ya será demasiado tarde.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s