Las crisis NINJA y otros misterios de la economía actual


Soy una persona que lee mucho y que siempre se está informando de todo tipo de cosas, pero es verdad que sobre todo leo mucho por internet, en cuanto a libros, la verdad que llevaba un tiempo con el asunto aparcado. Por motivos diversos, tanto por el coste de los libros y siendo un desempleado con trabajos esporádicos no me puedo permitir salirme mucho del presupuesto; como por una cierta desgana, ya que desanima un poco cuando sales de la carrera y el conseguir un trabajo parece algo casi imposible.

Pero mi novia y yo nos proposumos volver a leer con más frecuencia (la idea inicialmente fue de ella, a mi me gustó mucho y me subí al carro) y para empezar nos compramos unos libros que al finalizar su lectura nos intercambiaremos, de esta forma hacemos un dos por uno que nos viene muy bien, porque cultivamos la mente y no nos vaciamos tanto los bolsillos, es ideal. Así además recuperamos el ritmo de la carrera, durante la cual leíamos muchísimo, no todo por placer, y eso es lo bueno ahora, que leeremos todo con placer.

Yo me compré el libro de Leopoldo Abadía, “La crisis NINJA y otros misterios de la economía actual“. Después de leer su explicación de la crisis en internet y haberle visto en el programa de Buenafuente, me parecía una buena compra, porque cuanto menos sería interesante y entendería mejor como se generó toda esta situación de la crisis financiera que tanta repercusión está teniendo tanto en la vida de las personas como en los medios.

No he terminado de leer el libro, aún no he llegado ni siquiera a la mitad, porque con el trabajo en las últimas semanas no he tenido mucho tiempo para hacer nada más aparte de hacer encuestas, contabilizarlas, volver a contar y caer rendido en la cama, pero ahí voy, y por ahora diría que Leopoldo Abadía explica de forma muy sencilla algo que generalmente se nos muestra como inaccesible. Debo decir que a diferencia del autor, yo soy bastante más mal pensado, y pienso que el mundo de la economía se guarda mucho y muy bien de ser comprensible a las masas precisamente para poder operar a nuestras espaldas, en la sombra, embaucarnos, engañarnos y jugar con nosotros o mejor dicho con nuestro dinero como le viene en gana.

Todo esto que comento, viene porque quiero exponer aquí un pequeño extracto del libro de Leopoldo que expone un aspecto fundamental, al menos bajo mi punto de vista, que evitaría muchos problemas. Cito a continuación a Leopoldo Abadía, y les recomiendo a todos que se compren “La crisis NINJA y otros misterios de la economía actual“, un libro que permite a cualquier mortal entender los complejos entramados de la economía que los economistas se empeñan en hacer ininteligibles a las personas de a pie.

Es importante hablar claro. Y creo que esta crisis es una crisis también de comunicación, además de imprudencia, avaricia, soberbia y confianza. Por eso me deja perplejo que personas con información más que suficiente como entidades financieras, instituciones y administraciones que son quienes manejan los datos, informes y estudios como para dar a conocer de una forma clara y sencilla todo lo que está ocurriendo, no lo hagan. Creo que algo está fallando gravemente.

Por eso pienso que es importantísimo hablar claro. Y para hablar claro hay que entender lo que se dice. Y para entender lo que se dice hay que tener criterio. Y para tener criterio hay que tener sentido común y evitar el bombardeo indiscriminado de información, leyendo con calma todo desde una misma fuente. Y procurar tener un modelo en la cabeza, como el de mi amigo el embajador.

Por todos estos motivos, esta crisis tan gorda debería alumbrar una nueva forma de entender el día a día. Las instituciones deberían hablar más claro, las entidades financieras deberían entender qué están vendiendo y la gente debería exigir que se le hablara de una forma inteligible. Porque hemos llegado a la situación en que ni unos ni otro saben la dimensión real de la crisis, y también desconocen por qué ha sido causada realmente. Tan solo sabemos que estamos mal y que hay que hacer algo.

Con esta misma idea creo que tendríamos que valorar lo siguiente:

  1. No se sabe cuál es la dimensión real de la crisis porque ni los que la originaron la han entendido. Crearon una serie de cosas financieras para ganar mucho dinero y las repartieron por el mundo sin tener ninguna moderación. Se han dado cifras escalofriantes que van desde los 100.000 millones de dólares a los 5,3 trillones (con «t») de dólares. Está claro que nadie sabe de qué estamos hablando.
  2. Esos productos tan complicados no se hubieran repartido por el mundo si los otros bancos que los compraron los hubiesen entendido. Por tanto, han estado vendiendo y comprando cosas que no comprendían. ¿Y quiénes son los responsables de esto? Los presidentes, consejeros, directores de oficina, empleados, etc. Evidentemente, como consecuencia, el cliente final, en el momento en el que le han comentado que va a invertir «en unos fondos estructurados garantizados por obligaciones», se ha quedado perplejo, intrigado y curioso. Además de tener la sensación de ser un ignorante por no saber de qué le hablan.

Es necesario, por tanto, que en estas cosas se hable claro. Porque si hubiese sido así, el comportamiento de todos los implicados hubiera sido más decente y habrían sido pillados in fraganti intentando embaucar a cientos de personas. Creo que, además de ser esta una crisis financiera y de confianza, es sobre todo una crisis de decencia. Porque creo que el dinero es irrecuperable. Porque nos han metido a todos (al decir todos digo todos) en ella. Y porque con el «vale todo» que desde hace unos años se promueve a todos los niveles en la sociedad, damos cancha a que realmente valga todo y sucedan estas cosas.

Aun así, de la misma forma que los gobiernos de cada país están hacienod lo que buenamente pueden para intentar atajar la debacle económica, nosotros, las personas, tenemos que actuar. Ya tenemos el diagnóstico: una crisis muy gorda. Ya sabemos qué ha fallado: la comunicación, la decencia y el vale todo. Pues ahroa pongámonos a hacer lo que realmente sabemos hacer: trabajar. Porque no podemoas quedarnos en casa acurrucados diciendo lo mal qeu está todo y esperando a que alguien nos salve. No. Tenemos que arremangarnos y bregar para salir adelante, porque en el momento en el que salgamos de este túnel -porque saldremos- seremos más fuertes.

Me parece que el tema de la comunicación y la comprensión de las ideas es algo fundamental, y es algo que con frecuencia no ocurre, de hecho lo común es que en cualquier institución, entidad financiera o lo que sea te pongan las cosas difíciles, que te hablen en un idioma que no parece ni siquiera ser castellano, y para un amplio sector de la población supone un verdadero problema.

Pero no solo es una cuestión de comunicación, es también una cuestión de que la economía ha perdido el sentido, o sea, se ha convertido en algo ilógico. Cada vez se crean más instrumentos para ganar dinero sin producir u ofrecer un servicio de utilidad, instrumentos que llevan los principios de la economía a extremos tan distorsionados que si lo pensamos con un poco de lógica mundana, se tornan ilógicos y disparatados.

Mis padres tienen un cliente que ha ganado un montón de dinero comprando y vendiendo algo muy extraño que trataré de explicar tal y como nos lo explicó a nosotros. Este señor compraba opciones de crecimiento de unas determinadas acciones, o sea, él se levantaba por la mañana y decía hoy las acciones de Coca-Cola van a subir 3 puntos, y compraba esta opción, no compraba ni siquiera la acción, sino que hacía algo que yo calificaría de apuesta. Esto luego lo volvía a vender a otros que si veían que las acciones de Coca-Cola comenzaban a subir querían apostar por el mismo caballo, y así ganó un montón de dinero. Yo no se el resto, pero a mi esto me parece absurdo.

Yo creo que deberíamos de facilitar la comprensión de la economía y hacer comprensible para todos, estoy seguro que si así fuera tampoco cabrían esta clase de disparates porque estoy seguro que más de uno pensaría igual que lo hago yo, que estas cosas son un disparate.

La bolsa es el casino de los grandes magnates, pero a diferencia del que va a Los Ángeles para apostar unas fichas, aquí terminan perjudicadas otras personas que nada tienen que ver con el juego, trabajadores que se desloman a diario por mantener su puesto de trabajo y que sin quererlo ni preveerlo se ven en la calle porque alguien jugó con las acciones de la empresa en la que trabajan.

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