El mundo de la ciencia me parece apasionante, hay algunos descubrimientos que simplemente son increíbles.
Los neurocientíficos han constatado que estamos biológicamente equipados para la empatía, para romper las barreras que nos separan de los otros y sentir como ellos. Y aún más, el cerebro humano tiene herramientas para leer las mentes ajenas y, en cierto modo, para predecir el futuro.
Tan delicadas tareas corren a cargo de las denominadas neuronas espejo, rebautizas por Vilayanur Ramachandran, director del Centro de Cerebro y Cognición de la Universidad de California, como “las neuronas Dalai Lama” por su empatía y compasión. El mismo investigador ha llegado a afirmar que “el descubrimiento de las neuronas espejo hará por la psicología lo que el ADN por la biología”.
El equipo de Rizzolatti, padre del hallazgo, las encontró por casualidad a principios de los años noventa, aunque, como ha explicado en alguna ocasión el investigador italiano, les costó varios años creerse lo que estaban viendo. Y no es para menos, porque lo que en su momento parecía ser simplemente un sistema de imitación de movimientos se está convirtiendo con los años y con los resultados de múltiples trabajos en una potencial revolución dentro de las neurociencias. En el sistema de espejo podría encontrarse la clave de nuestra condición como seres sociales, de los procesos de aprendizaje, de trastornos tan complejos como el autismo e incluso de la evolución del lenguaje.
Pero eso no es todo, las neuronas espejo se perfilan como un auténtico pozo de sabiduría, hay quienes sugieren que en ellas se encuentran las bases de algo tan alejado hasta ahora de la biología como los sistemas éticos, algunas tradiciones místicas o la cultura.
Aunque hay muchas preguntas por contestar en cuanto a la ubicación y distribución de las neuronas espejo en el cerebro sapiens, lo que parece claro es que la base del funcionamiento es la misma que en los simios. Cuando un individuo ve a alguien coger una pelota, su cerebro la coge también y vive todo el proceso de lanzarla como si realmente lo estuviera haciendo.
Pero el sistema de espejo no se detiene en los movimientos, sino que también refleja aspectos más sutiles del comportamiento, como son las emociones. “El mensaje más importante de las neuronas espejo es que demuestran que verdaderamente somos seres sociales. Nos ponen en el lugar del otro, pero no de forma abstracta o intelectual, sino sintiendo como él”, asegura Rizzolatti.
Los múltiples estudios que experimentan con todo tipo de emociones no dejan de confirmar que lo que ocurre en el exterior se vive de igual manera en el interior. En un estudio publicado el año pasado, Christian Keysers, de la Universidad de Groningen (Holanda), pudo constatar que existe lo que se podría denominar empatía por vía tópica, o si se quiere, empatía táctil. La corteza cerebral de un grupo de voluntarios que se prestaron para el experimento reaccionó igual cuando les tocaban suavemente la pierna que cuando veían que la caricia se hacía a otra persona. De hecho, los científicos afirman que el sistema de espejo puede explicar el gusto de algunos por la pornografía porque contemplar una escena tórrida altera las neuronas del mismo modo que protagonizarla.
Keysers también ha observado que emociones sociales como la culpa, la vergüenza, el orgullo e incluso la humillación se reflejan en las neuronas espejo. Este investigador ha registrado la reacción de empatía de un observador ante el rechazo social. Todas esas emociones asociadas al contacto entre humanos tienen un lugar muy específico en el cerebro. Y lo que realmente convierte el sistema de espejo en el Dalai Lama que mencionaba Ramachandran es que una representación mental de lo que acontece en el mundo es suficiente para que se manifieste su empatía, o sea, que lo de “ojos que no ven, corazón que no siente” parece no ser cierto científicamente.
Hace poco me enteré de este descubrimiento asombroso, y me fascinó. Soy psicóloga, así que tengo un interés especial por esto. El artículo es muy claro. Gracias.
Me alegro que te interese, y gracias a ti por tu comentario y por leer este humilde blog.
Realmente es una cuestión interesante, yo estoy estudiando sociología, y considero que es un descubrimiento cuanto menos muy curioso e importante a tener en cuenta para ambas disciplinas.
Un saludo.