Los mercados bursátiles de todo el mundo llevan unas cuantas semanas experimentando repetidas jornadas de desplomes bursátiles. Los inversores tienen miedo, primero permanecían asustados por el aumento constante aumento de los precios de las materias primas, pero más recientemente temen por el crecimiento de la economía mundial. Y esto es muy interesante, porque como todos sabemos el capitalismo siempre tiene que crecer, si no lo hace algo anda mal, pero la pregunta que yo siempre me hago es por qué demonios se empeñan en que tiene que ser así, no tiene ninguna lógica real para el ser humano, más bien es contraproducente.
Los inversores ahora permanecen atentos a las próximas cifras que den argumentos para anticipar si los mercados se encuentran en una fase de mera corrección o bien si es preciso prepararse para algo «peor»: un periodo de ralentización de la economía con inflación al alza, la temida estanflación. Uno de los efectos de este constante crecimiento, el cual tanto ansían los inversores para tener cada vez más dinero en sus cuentas bancarias, es el creciente coste de la vivienda, de los artículos de necesidad básica, ropa… resumiendo, la vida en general.
Pero a pesar de los grises augurios que se lanzan desde los mercados, desde otros frentes se siguen sucediendo los mensajes de optimismo. El director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, aseguró que la economía mundial mantiene su vigoroso crecimiento, que está «fuerte» y que 2006 será el «cuarto año consecutivo con un crecimiento mayor del 4%». Lo que siempre me ha llamado la atención es la relación que se suele hacer entre crecimiento económico y bienestar social, o desarrollo, cuando nada tienen que ver.
El crecimiento económico se produce por ejemplo con el encarecimiento de la vivienda, fluye más dinero, pero, ¿acaso supone un mayor bienestar social? Más bien es inversamente proporcional, por lo que el crecimiento económico genera en gran cantidad de casos un decrecimiento de la calidad de vida del ciudadano. Para el ser humano en general sería favorable que se frenase la producción que volvieramos a un estado en el que las cosas se arreglan, y se fabrican productos de buena calidad y duraderos, no objetos de usar y tirar que son un derroche de material que no solo contamina sino también agota nuestras fuentes.
Sería favorable dejar de lado el consumo por el consumo que es lo que se fomenta en esta era del consumismo extremo, y pasar a un estado más normalizado, en el que cada uno «consume» según sus necesidades reales, y que no se genere un constante deseo de poseer cosas que realmente no nos hacen falta.
El crecimiento económico, sueño de todo buen capitalista, es una de las razones de que la ecología sea un lastre y de que el mundo se vaya a pique, y por eso es importante que tengamos claro que el crecimiento económico no es bueno para las personas, por más que intenten hacernos creer que si lo es. Se benefician muy pocos a costa de complicar nuestras vidas, y de destrozar un planeta que se resquebraja. En nuestras manos está la decisión de apoyar a unos o a otros, los que pretenden destrozarlo por completo, o los que quieren que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de la belleza que nos puede regalar este planeta azul. Yo lo tengo claro, el resto del mundo no lo se.