Nuevos propósitos…


Dentro de tan sólo unos días la gente se llenará la boca y comentará sus propósitos para el nuevo año. Tantas promesas y son tan pocas las que al final se cumplen.

Los años se marchitan y sólo nos quedan unos vagos recuerdos de días que se repiten y parecen no variar nunca. Nuestras vidas controladas y rígidamente estructuradas y las pequeñas grietas en las estructura no perdura mucho tiempo, pues siempre hay alguien que se apresura a taparlas asiduamente.

A veces añoro mis días de niñez cuando las mentiras no me hacían tanto daño, cuando los amigos parecían cientos, cuando la vida y la muerte aún eran desconocidas para mí. Es doloroso vivir en la actualidad siendo consciente de hacerlo en un mundo en el que unos míseros billetes valen más que la vida humana; donde los amigos se cuentan con los dedos de una mano sobrándome más y más dedos con el paso de los días; y en el que se hace duro pensar en la marcha de los seres queridos, la cual experimenté y de la cual aprendí hace mucho tiempo lo dolorosa que es la muerte para quienes sobreviven a ella.

No es fácil hablar de estos temas en una sociedad en la que dos frases seguidas son respondidas con desprecio y la petición de tu silencio, ya que muchos son los que te oyen pero son tan pocos los que escuchan. ¿Quién no tiene un listín telefónico repleto de números? ¿Pero realmente a cuantos puedes llamar? Tristemente a ninguno. Así una y otra vez el silencio me grita y me remite a la soledad de la palabra auntoinfundada que es la única que escucho en un amplio perímetro, ya que ni me hablan, ni me escuchan. Gentes enamoradas de su propia habla que no conversan sino alardean ante si mismos sin decir nada e incapaces de bajarse del podio y exigir inexorablemente los aplausos de aquellos a los que no toman ni siquiera en consideración.

En el mundo cotidiano las personas ni se escuchan, ni se hablan y por lo tanto tampoco se entienden. La palabra amistad ya no es un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato, sino una simple consecuencia dialéctica que ha perdido su significado por completo pues los amigos te venden y se venden como todo el resto de emociones en los escaparates de la vida. Y aunque nada tiene sentido aparentemente todo lo posee. Y no es por casualidad que las ideas revolucionarias de verdad como pueden ser el perdón, la paz o tantas otras no son adjudicadas sino a aquellos a quienes socialmente son considerados unos chiflados.

Aún así yo me levanto cada día diciendo que no es el fin sino un comienzo, todas las mañanas se que las personas no nacen superficiales, sino que se hacen, además, lo que observo parece un estado anómico, en el que las personas no saben hacia donde dirigirse lo que suele suceder en épocas de transición. Por eso sueño con un mundo mejor, por que sé que es posible.

Sueño con un mundo con un espíritu creativo y no como el actual que es destructivo en todos los aspectos. Un mundo sin países, ni posesiones, ni religiones que dividen, subyugan y destruyen la armonía que facilmente podría ser establecida.

Por todo ello no tengo propósitos para el nuevo año más que seguir soñando con algo positivo, algo que me hace saber por que vale la pena vivir, algo que me hace entender que hay mucho más allá de nuestra egoísta existencia, y que dejando al ego un poco de lado darme cuenta de que la felicidad no se logra individualmente, sino que tiene que ser compartida.

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