
Lo de Israel no tiene nombre, bueno quizá haya algunos que se le puedan aplicar, como por ejemplo genocidio, masacre… Es asqueroso tener que ver como alguien se cree en el derecho de matar indiscriminadamente a niños, mujeres y civiles y argumentar que algo de eso es guerra contra el terrorismo. Más bien parece lo contrario, parece como si a Israel no le bastara que una parte de la población palestina les odie, y hayan pensado que lo correcto sería hacer todo lo posible para que la totalidad de la población palestina les desee de todo menos algo bonito.
La ONU ha dado la primera estimación de civiles muertos en los bombardeos de Gaza: 51. Admiten que la cifra real puede ser mayor, pero que de momento no están en condiciones de confirmar nada más. ¿Qué es un civil en Gaza? Lo mismo que fuera de Gaza: cualquiera que no sea policía o soldado. La trampa israelí es que sus ataques están dirigidos contra la «infraestructura terrorista» de Hamás. Como todo lo que tiene que ver con Hamás es terrorista, un funcionario que trabaja en un Ministerio gestionado por Hamás se convierte en un objetivo legitimo. Ha perdido la condición de civil.
Cuando mueren niños (la frase no es correcta, debería decir cuando los niños son asesinados) la excusa no funciona. Entonces se dice que los terroristas se esconden entre los civiles y al eliminarles resulta imposible no herir o matar a los que les rodean. Por tanto, si los terroristas no abandonan sus casas y no salen a campo abierto son unos cobardes. Y esto lo dice gente que ordena que un cazabombardero, al que nadie podrá derribar, lance misiles sobre una de las zonas más densamente pobladas del planeta.
Según cifras del Ministerio de Sanidad de Gaza, los muertos son ya 345 y los heridos, 1.600.
Por lo detestable que me parecen estas acciones del Gobierno israelí y por lo nefasto que me parece que después de tantos años sigan sin haber aprendido nada, he de suscribir totalmente el Manifiesto contra la masacre de Gaza del anillo solidario de blogs, porque esto es una salvajada ante la cual no podemos quedarnos callados.
Foto | Abid Katib de Getty Images