Productos con fecha de caducidad


Usar y tirar

Desde hace años escuchamos una y otra vez la afirmación: “Las cosas antes duraban más tiempo”. Coches, televisores, electrodomésticos de todo tipo. Aparentemente todo era más resistente en el pasado. Ante esta sensación es lógico que nos invada otra pregunta de inmediato: “¿Cómo es posible?” Vivimos en un mundo que avanza, en términos tecnológicos, a pasos agigantados. Sin embargo, y aquí está la aparente contradicción, cuanto más avanzamos menos durabilidad tienen las cosas.

Llevo mucho tiempo argumentando que en un sistema económico como el capitalista, no hay ningún interés por crear productos que tengan una duración prolongada. Un sistema que se fundamenta en el crecimiento constante. Y este sólo se concibe a través del consumo desmesurado. En este panorama, crear productos que tengan una larga vida útil es claramente contraproducente. De hecho, entre la mala calidad de los productos y el deseo creado en los consumidores por el modelo más actual, la distancia entre las acciones de usar y tirar se acorta cada vez más. Esto sumado al escaso reciclaje hace que nuestro estilo de vida sea devastador para nuestro planeta y también para nuestra salud mental.

Es evidente que a los economistas no les gusta el medio ambiente. Lo curioso es que no parezcan interesarse por la finitud de los recursos cuando es algo que utilizan con tanta frecuencia para justificar los precios y la regulación de los mismos mediante la oferta y la demanda. Pero esta es la situación en la que nos encontramos. Tantos avances científicos para terminar construyendo productos cada vez peores, es irónico.

Por esto es recomendable ver el documental ‘Comprar, tirar, comprar’ emitido por TVE 2.

http://www.rtve.es/swf/v2/embed/983391_es_videos/RTVEPlayer.swf

Vía | TVE

Escépticos, televisión de calidad


Escépticos

Televisión de calidad en la actualidad parece un oxímoron, sobre todo cuando uno sintoniza Telecinco y al resto de hijos bastardos de Paolo Vasile. La televisión, ese medio rebosante de colorido y malas formas en que se ha convertido (quizá siempre lo fue, menos por el color) es también la niñera de muchos seres que desde una tierna edad ya saben más sobre Belén Esteban que sobre cualquier descubrimiento o hallazgo científico.

Por eso sorprende, cuando no debería ser una sorpresa, cuando alguna cadena se “atreve” a emitir un programa que se salga de la dinámica de mostrar a personas mal habladas, incultas y manifiestamente idiotas gritarse e insultarse en lo que converge en un crescendo de lo absurdo.

Por eso, más que nunca, es una alegría poder ver un programa que además de entretener, cosa que hace muy bien, nos ofrece información interesante y la transmite de una manera divertida. Además, da a conocer a esas personas que en la actualidad parecen haber quedado relegados a un puesto de parias sociales, de “comeorejas“, esas personas que intentan explicar el mundo a una masa que parece no tener ningún interés por conocerlo. Quizá, pueda ser un paso (junto a otras escasas propuestas) para que en un futuro tengamos un panorama televisivo diferente.

http://blip.tv/play/AYKY8kAC

Vía | Mi mesa cojea

Divulgación científica y homeopatía


Homeopatía

El otro día me envían por email información acerca de la XIX Edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Por simple curiosidad miro los cursos ofertados. Uno en concreto me llamó la atención, “Cómo divulgar la ciencia“, suena interesante. Sigo mirando los cursos y me encuentro con el lado opuesto, “Curso práctico de Homeopatía“.

Que en una universidad de verano se combinen cursos tan dispares, por un lado la divulgación científica y por el otro la divulgación de unos “remedios” cuya efectividad no se demuestran científicamente me resulta cuanto menos extraño.

Esto podría quedar en una simple anécdota. El problema radica en que ofreciendo un curso de homeopatía en una universidad de verano se lanza un mensaje incorrecto. Unas prácticas que recurren a lemas como: “¡A mí me funciona!“, parecen más apropiadas para un centro esotérico que para una universidad de verano. Además, esto podría suponer que algunas personas, otorguen una credibilidad a la homeopatía que no tiene.

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El abandono de la investigación y su privatización


Investigación

Desde hace años quienes se dedican a la investigación se ven obligados a convertirse en auténticos mendigos con bata, tratando de rascar unos céntimos de cualquiera que esté dispuesto a tener un pequeño gesto altruista. Y mientras el Gobierno recorta presupuestos y hunde aún más en la indigencia a quienes tratan de aportar nuevos descubrimientos a la ciencia y a la tecnología, el sector privado se frota las manos porque encuentra la fabulosa oportunidad de comercializar los nuevos hallazgos.

Me preocupa mucho esta segunda parte de la problemática. Es evidente que la investigación puede llegar a suponer una inversión considerable, y por lo tanto las empresas que invierten en la misma querrán sacar provecho de sus resultados, y creo que tal y como está concebido nuestro sistema económico es algo legítimo. El problema radica en que los resultados obtenidos de las investigaciones se han convertido en un producto más, sujeto al juego sucio de los intereses de grandes empresas que carecen de escrúpulos por haberse convertido en un ente totalmente impersonal, donde la moral y la ética quedan relegadas a un segundo puesto y la obtención de beneficios gana la carrera.

Tenemos ejemplos en la industria farmacéutica, descubrimientos tan importantes como los que se pueden llegar a hacer en medicina, y que por extensión deberían estar, en primera instancia, al servicio de los ciudadanos, quedan expuestos ante todo a la maximización de beneficios por parte de una empresa, y en un lejano segundo lugar aparece la idea de que puedan servir como cura a las personas. Es por ello que podemos asistir a escenas tan deplorables e injustas como la que se vive en África donde las personas mueren de gran cantidad de enfermedades para las que existe cura, solamente por el hecho de que no disponen de los medios necesario para acceder a los medicamentos que requieren.

Yo abogo porque la investigación esté al servicio del interés público, y se supone, y debería subrayar lo de suponer porque en muchas ocasiones esta suposición queda totalmente invalidada, que el Gobierno vela por el interés de los ciudadanos. Por ello, en vez de recortar las inversiones públicas en materias de investigación, debería incrementarse, para evitar precisamente esta desigual accesibilidad a la ciencia y tecnología. Llegados a este punto podríamos incluso reclamar la urgencia de que la investigación y sus resultados deberían ser, en gran medida, un derecho de interés público.

Creo que las razones para defender la necesidad de que la investigación y los resultados de la misma sean de dominio público son evidentes. La privatización de la investigación genera una acentuación aún mayor de las desigualdades sociales, y también da lugar a que ciertos descubrimientos nunca vean la luz porque a pesar de que serían extremadamente positivos para la sociedad, perjudicarían al mercado de ciertas empresas, las cuales disponen de medios suficientes para hacerlos desaparecer.

Reflexionando sobre la energía nuclear


La lucha anti nuclear y el apoyo incondicional de otros a este tipo de energía se prolonga ya en el tiempo durante décadas. Unos siguen ahogándose en elogios en favor de la energía nuclear y otros seguimos pensando que más bien debe ser criticada por su elevada peligrosidad.

Son muchos los que afirman que las centrales nucleares son muy seguras y que no suponen ningún tipo de peligro. Yo esto no me lo creo, tenemos ejemplos bastante recientes en Ascó y Vandellós II, que nos muestran los problemas que se generan en las centrales nucleares y de lo peligroso que son los accidentes en instalaciones de este tipo. Pero supongamos por un momento que quienes alaban la seguridad de estas infraestructuras estén en lo cierto, aún queda el problema de la basura radioactiva y esta me preocupa aún más que las propias centrales.

Pero no vamos a exponer aquí otra vez un montón de cuestiones que ya he comentado en otros posts referentes a este tema. Lo que quiero es exponer una reflexión y dejarla ahí, para que el que considere oportuno me comente su opinión al respecto.

Una de las grandes diferencias entre la energía nuclear y las energías renovables es que las segundas, si dispones del dinero suficiente, puedes generarlas en tu propia casa, puedes instalar paneles solares, molinos de viento, etc., en el tejado de tu casa o en tu jardín y producir buena parte o incluso la totalidad de la energía que consumes. Por el contrario, aún teniendo el dinero para montarte una mini central nuclear en el salón de tu casa, no podrías, es demasiado peligroso y seguramente te meterían entre rejas porque sospecharían de que eres alguna clase de terrorista que trama algo que poco tiene que ver con la generación de energía eléctrica.

En el sistema capitalista todo lo que suponga independencia por parte del consumidor, y más aún liberación de algunas de las ataduras del mercado no gusta nada. Por ejemplo, a los grandes magnates del sistema capitalista no les haría ninguna gracia que de repente los ciudadanos se organizasen y se prestasen el dinero entre ellos para así liberarse de las hipotecas y de los bancos. De la misma forma en el sistema capitalista no se recibe bien el hecho de que la gente tenga acceso a la cultura de forma gratuita o por un precio muy reducido, basta pasearse por las avenidas de internet para ver cómo las sociedades de gestión, discográficas, distribuidoras y todo el entramado lucha por todos los medios contra esta realidad.

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Por un uso responsable de los antibióticos


No he estudiado medicina, no soy médico, sin embargo tengo constancia de que un consumo frecuente de antibióticos reduce su efectividad. Desgraciadamente, por lo que he podido leer en el post del Tito Rinze, el problema de los médicos que recetan antibióticos como si fueran caramelos para la tos es bastante común.

Como bien dice en el post referenciado: “los antibióticos sirven para bacterias, no para virus“. De ahí que sea un craso error recetarlos para la gripe común, algo sin embargo muy frecuente.

A mi me genera mucho desconcierto cuando veo a la gente corriendo al médico cuando tienen gripe para que les receten antibióticos. Incluso hay personas que se enfadan si no se los recetan, y tratan de pedir cita con otro doctor que si lo haga. Yo soy de las personas que cuando tiene gripe la curo con zumos de naranja, té con miel y limón y sudando, como se ha hecho toda la vida. No quiero decir con esto que no se tomen medicinas, sino que debemos ser un poco más conscientes de lo que nos tomamos y cuándo lo hacemos, y sobre todo no automedicarnos a diestro y siniestro.

Está claro que en mi caso influye el hecho de que no me guste demasiado ir al médico, lo paso un tanto mal siempre que voy, pero de igual forma la gripe es lo que tiene, se pueden aliviar los síntomas, pero curarse en definitiva se cura “por si sola”.

De esta forma me aseguro también de que cuando me tome unos antibióticos estos tendrán el efecto esperado, y no me vea con el problema poco agradable de enfrentarme a algo más grave que una gripe y que lo que debería curarme no lo hace por haber realizado un consumo excesivo.

Si algún médico discrepa y quiere aportar algo de conocimiento más detallado y quizá corregir posibles errores míos, agradeceré cualquier aportación. Oswaldo, esto va para ti :D